PESE A que el Presidente ha sostenido que "los analistas políticos y columnistas tienen que inventar teorías, porque si no, ¿qué harían?". Esta semana ha iniciado una acción comunicacional con el objeto de precisar la agenda y ordenar el debate, sobre todo al interior de su Coalición.
Para ello, estableció las prioridades de su gobierno para el año que se inicia. Además, en un valorable gesto, reconoció la existencia de un déficit comunicacional del gobierno, informando de paso que se encuentran trabajando para corregirlo.
Pero a continuación, curiosamente, afirmó que prefería "un gobierno que haga bien las cosas, aunque no las comunique bien", La experiencia histórica demuestra que en realidad ambas condiciones están relacionadas. Tan esencial e importante como hacer las cosas bien, es saber comunicarlas. Incluso hay casos en que el éxito depende de una buena y oportuna comunicación. Esta realidad ha penetrado con mayor lentitud en nuestro país y especialmente en sectores más conservadores, pero la tendencia es fuerte y evidente.
Desgraciadamente, el Presidente, tal vez siguiendo las ideas de alguno de sus asesores, y a mi juicio, fundado en una premisa errada, decidió aprovechar la oportunidad para enviar un mensaje a los periodistas alegando que "los medios de comunicación colaboran muy poco en la difusión de las obras y los logros del gobierno".
Hace unos meses, en un seminario sobre comunicación política organizado por la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), quien fuera presentada como "coordinadora de comunicaciones y asesora personal del Presidente Piñera" planteó como foco argumental esto mismo: molestia con los medios de comunicación que no divulgan lo que deben.
Esta creencia rechaza que el desafío es siempre de quien desea comunicar, tanto en lo personal como en lo institucional, corporativo o político. Una disculpa clásica de quienes desconocen cómo se forma la opinión pública y se diseñan estrategias de comunicación, y por el contrario, piensan que se trata de una disciplina que cualquiera domina, es responsabilizar al empedrado, acusando incomprensión, mala fe o incluso imaginativas conspiraciones de parte de los medios.
Llevado al extremo, este argumento se va agudizando y termina afectando la relación con los medios de comunicación, como ha sucedido en la Venezuela de Chávez, Ecuador de Correa o en el estilo kirchnerista. Es así como la Presidenta Cristina Fernández afirmaba hace unos años: "parece ser… que informar que pasan cosas buenas en la República Argentina es algo molesto".
Difícil corregir el reconocido déficit comunicacional, partiendo de una premisa errónea y más aún cuando se piensa que la responsabilidad es de otros. Para el éxito de las prioridades planteadas por el Presidente, será imprescindible comunicarlas adecuadamente, pero será necesario partir de un diagnóstico de las razones que han impedido comunicar eficazmente todo lo que el gobierno ha realizado en estos dos años. Así lo exige una razón de justicia con el empeño y esfuerzo que se ha puesto, pero también para reconquistar a sus partidarios, esta vez, orgullosos de su gobierno.