CHILE ES un país de memoria frágil. Solemos hacer grandes escándalos con motivo de hallazgos que violentan las más básicas normas de convivencia y, sin embargo, nuestra indignación pocas veces alcanza para prolongar nuestro malestar, dando seguimiento y prestando permanente atención a los temas que tanto decimos nos preocupan. Esta semana conocimos el fallo del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC), que finalmente condenó a dos grandes cadenas de farmacias (Cruz Verde y Salcobrand) al pago de una abultada multa como consecuencia de haberse concertado para subir el precio de varios remedios de primera necesidad. Habida cuenta de las ganancias de la industria farmacéutica, quizás a muchos la sanción de 19 millones de dólares les pueda parecer poco. Es cierto, adicionalmente por el momento han zafado los laboratorios, los que también fueron una pieza fundamental para poder diseñar y realizar la ignominiosa colusión descubierta. Pero pese a todo, lo relevante es celebrar cómo un complejo proceso terminó por ratificar jurídicamente una sentencia que ya hace tiempo había pronunciado la opinión pública. Es justo, en esta hora, reconocer la convicción y coraje de quien fuera el fiscal nacional económico que inició esta investigación, el abogado Enrique Vergara, cuyo talento y perseverancia permitieron desnudar las malas prácticas de una industria cuyos productos y servicios son tan indispensables para la población. Atrás han quedado las presiones y sinsabores que debió soportar por atreverse a denunciar a estas importantes empresas. Otro tanto acontece con esa larga lista de abogados, analistas de mercado, asesores comunicacionales y seudocomentaristas, los que en una mezcla de obcecación ideológica y amor por la chequera, desfilaron por los medios de comunicación intentando desacreditar este esfuerzo que se hacía para proteger a los ciudadanos, en especial a la gente más modesta. Fue justamente con motivo de este bullado caso que se modificó la legislación en esta materia, otorgando más atribuciones a la Fiscalía Nacional Económica, pese a la original idea que se plasmaba en el programa de gobierno de Sebastián Piñera, cuyo propósito era desmantelar esta institución, transformándola en un organismo asesor del TDLC, despojándola así de su capacidad investigativa y persecutoria. Con todo, lo que demostró este episodio es que tan importante como una regulación adecuada, es contar con funcionarios estatales de calidad, comprometidos con su tarea y sin otra lealtad o interés que el de servir a la función que les ha sido encomendada. Parece fácil, pero no siempre lo es. El servicio público está plagado de tentaciones que pueden desviar el rumbo. La más común de ellas, y vaya que lo hemos visto en este tiempo, es olvidar para quién realmente se trabaja, mezclando intereses y relaciones, cuidándose de incordiar a los poderosos y siendo presa de los promedios. Vaya entonces este modesto homenaje a un hombre tan valiente como sobrio, el que hoy debe sentir una gran satisfacción, la que estoy seguro no es por él, sino por Chile, lo que, sin duda, lo debe llenar de orgullo, al igual que a todos quienes hemos tenido el privilegio de conocerlo.