Una mirada hacia la ciudad histórica

La historia de las zapatillas Bata es también la historia del siglo XX: por allí pasó el nazismo y el comunismo, Zápotek y Le Corbussier.

por Cristián Undurraga - 09/02/2012 - 04:00

 

NO HAY en el Santiago histórico una intervención más radical que la propuesta, en los años 30 del siglo anterior, realizada  por  Karl Brunner para el Barrio Cívico. En ese entonces La Moneda  estaba rodeada por manzanas compactas y allí Brunner propuso dos vacíos públicos, al norte y al sur del Palacio, los que hoy conocemos como  "Caja Cívica". Además, como extensión hacia el sur, se propuso el Paseo Bulnes que  consideraba el Congreso Nacional como remate  del eje,  reforzando el carácter republicano  del nuevo barrio.

La polémica no se hizo esperar. Destacados arquitectos chilenos veían en los ideales del Movimiento Moderno la respuesta física a las demandas de modernización  del país. Pero la defensa de la tradición  urbana neoclásica, heredada del siglo diecinueve  con su modelo  de ciudad  compacta,  pudo más que el ideario modernista  que rompía con la ciudad tradicional para hacer del edificio un objeto autónomo en medio del espacio abierto.

En esta disputa, las ideas  de Brunner se impusieron y el arquitecto Carlos Vera, en 1937,  diseñó el conjunto de  edificios racionalistas que hoy conocemos, los que asumen una  responsabilidad pública, más allá de sí mismos,  al dar  forma al espacio  urbano diseñado por el urbanista vienés.

Si bien las ideas del Movimiento Moderno no fueron acogidas en el  centro  histórico, éstas lograron imponerse décadas más tarde en la periferia.  Allí, el modelo de "ciudad jardín" se extendió con  fuerza   hasta  nuestros días,  hegemonizando la forma de construir ciudad, y de paso, incidiendo negativamente en la sustentabilidad del  territorio. 

Una de las diferencias de fondo entre la "ciudad histórica" y  la  "ciudad jardín"  es que esta  última no reconoce  la plaza como el corazón de la ciudad, la  ignora,  y con ello se pierde inexorablemente el fundamento de la ciudad  como lugar de encuentro  y de vida compartida. Dentro de este territorio periférico, la pugna  entre las arquitecturas por la notoriedad individual, al margen  del espíritu coral que se advierte en la arquitectura de la ciudad histórica, refleja fielmente el tránsito de una sociedad orientada por un conjunto de valores compartidos,  hacia una  sociedad moralmente pluralista, donde cada  individuo, en el ejercicio  de su libertad, asume  su propio  esquema de valores.

No obstante lo anterior, los hombres pertenecemos a un linaje de seres colectivos, y como tales, necesitamos de un espacio que nos reúna para desplegar nuestra  condición de ser social. Para muchos, la red ha emergido hoy como el lugar  de encuentro perfecto. Allí se han potenciado las identidades sociales y los intereses colectivos de los ciudadanos, convirtiéndose en una fuerza poderosa. Pero la experiencia del encuentro virtual  no satisface la inalienable experiencia del  encuentro  real, tal como se da en el espacio público. Al final, la red es sólo "el foyer"  de plaza pública.  

Volver la mirada a la ciudad histórica parece un imperativo.  La renovación del espacio público tradicional y una ciudad más humana nos ayudarán a ser mejores ciudadanos, y de seguro, mejores ciudadanos haremos una mejor ciudad. 

 

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