Perdiendo el norte

La Concertación discute sobre la forma de recuperar el poder (moviéndose más o menos hacia la izquierda) antes que sobre el proyecto que desea promover.

por Claudio Fuentes - 16/07/2012 - 04:00

LA DEMOCRACIA Cristiana se siente amenazada. Y no podría ser de otro modo. Si en 1989 obtuvo 1,7 millón de votos en las elecciones de diputados, en las últimas elecciones recibió poco más de 940 mil. De contar con un caudal de 38 diputados al inicio de la transición, hoy se redujo a la mitad. 

 

A nivel local las cifras tampoco favorecen a la DC. De obtener el 23,9% de los votos en 1992 (1,8 millón de votos), en el año 2008 obtuvo el 13,9% (850 mil votos).  Como en los últimos 20 años el padrón electoral no se modificó sustantivamente, la conclusión evidente es que otros partidos se han apoderado del caudal electoral democratacristiano. Este radical cambio en las preferencias electorales impacta las relaciones de poder dentro de la Concertación.

 

Sin embargo, el crecimiento del PPD y el PS ha sido más bien moderado. A nivel local, el PS incrementó su caudal electoral en tres puntos, mientras que en el PPD se advierte una leve baja como resultado del pacto electoral que hizo con los radicales en 2008.  En diputados, la situación del PS-PPD también es estable en los votos obtenidos y número de diputados electos. Sumados, el PS-PPD obtuvieron 30 diputados en 1993 y 29 en las últimas elecciones, con leve ventaja para el PPD.

 

El asunto, entonces, es  que  la DC ha perdido votos -y por lo tanto poder-, pero aquel proceso no ha significado un incremento sustantivo del caudal electoral de sus dos socios principales. De hecho, el problema mayor para la Concertación es que su votación se redujo de cuatro millones de votos (Frei 1993) a 3,3 millones (Frei 2009).

 

Si la amenaza principal para la Concertación no está dentro sino fuera de ella (en los que dejan de votar y en la Alianza), ¿por qué este empecinamiento en dispararse a los pies? ¿Por qué se produce una tendencia hacia la fragmentación y no hacia la cooperación? 

 

Enfrentar a un gobierno con baja popularidad y fuertes divisiones internas debiese ser un gran incentivo para proponer al país una hoja de ruta clara y renovada a favor de la justicia social, la igualdad y la profundización democrática. Es muy probable que exista un consenso programático en esos temas. Sin embargo, nada de ello ocurre. Se filtran cartas, e-mails, se interpelan por los medios de comunicación y se profundiza la desconfianza entre los máximos dirigentes de la coalición. 

 

La solución pasa por definir un norte, y aquel norte no debiese basarse en el cálculo electoral cortoplacista, que es lo que parece predominar. El debate sobre la candidatura presidencial, el eventual acercamiento al PRO y otros actores de la izquierda, y el potencial rebautizo de la coalición son discusiones más tácticas que estratégicas. Hoy el mundo de centroizquierda debiese estar ofreciendo soluciones para resolver los problemas de inequidad y de falta de legitimidad de las instituciones democráticas.  Los concertacionistas, en este sentido, han perdido el norte. Discuten sobre la forma de recuperar el poder (moviéndose más o menos hacia la izquierda) antes que debatir sobre el proyecto que desean promover. Y de no mediar un cambio radical en sus prácticas internas, aquello lo pagarán en las urnas.

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