EN EL marco del Foro Santiago 2041, presenté la polémica idea de cobrar por congestión en el sector conocido como “Sanhattan”. Específicamente el cuadrante definido por las calles Américo Vespucio, Presidente Riesco, Costanera Andrés Bello, Los Leones, Providencia, Tobalaba, Callao y Renato Sánchez.
¿Por qué cobrar a los automovilistas que circulan libremente en un sector de la ciudad que antes era gratuito? La respuesta es simple, pero entender el fondo del problema es más difícil.
Hay sectores de nuestra ciudad donde en horas específicas del día se producen niveles críticos de congestión. Uno de ellos es el Golf/Pérez Zujovic, donde los proyectos inmobiliarios en curso agregarán más de 24 mil estacionamientos a la ya congestionada zona. El Costanera Center aporta cerca de 5.700 de estos estacionamientos. Los del mall no son problema, ya que abre fuera de hora punta en la mañana y en la tarde ayuda a diferir la salida; distintos son los tres mil que se inaugurarán junto al gigante de oficinas.
El MOP anunció más de US$ 500 millones entre nuevas vialidades, obras de enlace y mitigaciones viales para absorber esta demanda, que no estarán listas hasta finales del 2017, por lo que no habrá calles que aguanten el tsunami vial que vivirá el sector en los próximos cinco años. Hoy la Región Metropolitana cuenta con más de 1,5 millón de vehículos, de los cuales 1,4 millón son catalíticos, y la restricción no sirve para descongestionar a no ser que se incluya a todos. Lo dramático es que la tasa de crecimiento del parque el 2011 fue del 8% y se espera que aumente este año por sobre el 9%. Esta demanda será mayor en comunas como Vitacura, donde ya tenemos más de un auto por habitante y el Transantiago no es visto como alternativa.
La idea detrás de la propuesta es que todos aquellos automovilistas que no tienen la urgencia de circular en hora punta por el sector cambien el horario de sus viajes a horas valle, donde el cobro sea menor. O mejor aún, que ingresen al barrio en transporte público. Si pese a lo anterior algún automovilista insiste en ingresar en dos toneladas de fierros humeantes a un sector saturado por congestión en plena hora punta, lo mínimo es que pague o internalice los costos sociales que genera al resto de la ciudadanía. Costos sociales como la contaminación, construcción y mantención de la vialidad, horas productivas perdidas en el tráfico, accidentes, ruido y hasta el estrés del taco suman más de lo que cubren impuestos y permisos de circulación.
Hoy existen tres proyectos de transporte público alternativo de calidad equivalente al automóvil que requieren subsidios para ser realizados: Tren del Río, Estacionamiento y pasarela Bicentenario y Teleférico Bicentenario. Estos podrían subsidiarse con los montos recaudados por el sistema de tarificación vial. Así, los automovilistas no lo percibirán como un gravamen, ya que estarían financiando obras de transporte público alternativo que favorecerán la accesibilidad al sector.
La tecnología de tag y micropórticos permiten implementar en forma rápida y eficiente este plan, que incluso liberaría de pago a los vecinos que viven dentro del sector, así como aquellos que atraviesan el sector sin tenerlo como destino. Es hora de ponerle el cascabel al gato de los congestionadores.