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Actualizado el 25/07/2014
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Para una educación de calidad

Autor: Gerardo Jofré

FERNANDO ATRIA afirmó en una columna publicada el domingo pasado en este mismo espacio que yo quiero que la educación pública sea deficiente. Le tengo dos buenas noticias: una, que yo quiero que la educación sea lo mejor posible para todos, especialmente para los más desposeídos, y la otra, que no conozco a nadie que desee lo que él me supone.

Afirma erradamente que el sistema vigente trata la educación como el mercado de los autos. Pero en realidad el sistema no es de mercado puro. Es un sistema fuertemente intervenido por el Estado -y enhorabuena- a través de las subvenciones, para que familias modestas puedan acceder a una mejor educación que la que financiarían con su propio ingreso.

Atria pide argumentos contra la reforma. Veamos algunos. Tener más recursos ayuda a lograr una mejor educación. Su financiamiento en Chile proviene tanto de recursos fiscales como privados, vía pagos de las familias. La reforma estaría prescindiendo de recursos privados importantes. Los mayores recursos privados eliminados serían los que pagan en las universidades y también se eliminan los del financiamiento compartido.

El gasto total en universidades es quizá mayor que el gasto en la educación general. Gran parte de ese gasto hoy es financiado por los privados. Si el Estado va a dar universidad gratis, los recursos que dejarían de aportar los privados los pondrá el Estado. Con esto, gran parte de los mayores impuestos irán sólo a reemplazar los aportes de las familias. Lo mismo ocurre con el financiamiento compartido.

El objetivo es ideológico: que todos reciban la misma calidad de educación y gratis. Pero si uno mira la conveniencia de los alumnos, sería mejor mantener el sistema que permite recaudar recursos del sector privado y poder así destinar todos los nuevos recursos de impuestos a financiar mayores subsidios para los alumnos de menores recursos. Con esto, habría más recursos con qué mejorar la educación de los menos pudientes y, si se hacen cosas útiles con esos fondos, se lograría una mejor calidad de educación para ellos.

En consecuencia, por ideología, el gobierno prioriza que todos reciban lo mismo, aunque sea una educación peor que la que se podría lograr, en lugar de que todos obtengan la mejor educación posible. 

Otro aspecto contraproducente contra la calidad es eliminar el lucro. Según Ariztía y Elton (“Matando la Gallina de los Huevos de Oro”), los colegios particulares aumentaron de 18% de los alumnos en 1980 a 53% en 2012. Este éxodo es señal de que las familias han valorado estos establecimientos por sobre los estatales que bajaron de 79% a 38% en el mismo lapso. Según estos autores, 78% de los establecimientos particulares subvencionados tienen fines de lucro. 

Los establecimientos con fines de lucro, entonces, han obtenido amplia preferencia de las familias. No serán tan malos, ¿no? Esta enorme cantidad de establecimientos que han sido preferidos, ahora serán prohibidos.

En suma, la reforma, por razones ideológicas, desecha muchos recursos privados que hoy ayudan a la educación, concentra el esfuerzo estatal en las universidades en vez de mejorar más la educación básica y preescolar, y elimina a los establecimientos con fines de lucro, que son preferidos por las familias. Estas acciones son ineficientes para lograr la mejor calidad educacional.

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