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Actualizado el 19/06/2017
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Pizzi brinca como nunca

Autor: Álvaro Poblete I. Enviado especial a Moscú

El entrenador de la Roja vivió el partido ante Camerún con intensidad. El Deportivo estuvo a metros del DT y vivió junto a él todas las versiones de Macanudo al costado de la cancha. Desde el sufrimiento hasta su salto desaforado a los brazos de su asistente.

Pizzi brinca como nunca
Foto: Agencia Uno.

A la media hora de partido ya hay un surco que une las líneas segmentadas que definen la zona de movimiento de los entrenadores. Está en la banca de Chile y se formó por el ir y venir de Juan Antonio Pizzi, muchas veces mirándose los pies. Seguro que la marca de sus zapatos quedó estampada en ese pequeño espacio del imponente Arena Spartak de Moscú.

Pizzi vivió el partido de manera especial. Con más nervio del acostumbrado. Al menos eso hacía notar con sus gestos, con sus balbuceos y constante caminar. Manos al bolsillo, manos a la boca, manos a la cintura… una serie de movimientos mecánicos, parecen hasta ensayados.

A veces, Macanudo integra a sus ayudantes, Manuel Suárez y Rolando Carlén, en la procesión. La primera vez que lo hizo durante el partido fue al minuto y medio. Mucho análisis no podía hacer a esa altura, pero claro, siempre es bueno soltar nervios con un diálogo técnico.

La segunda mini reunión es culpa de Mauricio Isla. El lateral derecho de la Roja envía un pase exigido a Chapa Fuenzalida, quien le pedía la pelota con fervor. “¡Se demora en el pase!”, le manifiesta Pizzi a sus colaboradores, tras darse una mediavuelta fulminante para quedar de frente a la banca. Es momento de analizar la falla del Huaso… y corregir.

Los goles que se come la Selección tienen todavía más tenso al DT. El estadio completo, en realidad, se sorprende con la farra nacional. Fuenzalida, Vargas, Puch, Isla… los goles se ahogan en la falta de finiquito del cuadro criollo. En la conferencia post partido, Pizzi diría después que el uso (o mal uso) del VAR puede generar daño emocional. Quizás no se refería a los jugadores, sino a su persona, porque el tanto anulado a Eduardo Vargas lo celebró con extremado vigor y un “¡Vamos, vamos!” que se escuchó en la décima fila de la tribuna, pese al ruido de los más de 10 mil chilenos que arribaron al compromiso.

Después llegaron los minutos de espera. La conversación del seleccionador nacional con el cuarto árbitro, el serbio Milorad Mazic, las preguntas incrédulas a sus asesores y la resignación de un festejo que fue en vano. Claramente la tecnología en el fútbol le jugó una muy mala pasada al hispano-argentino. De hecho, tras el pitazo del juez Skomina (esloveno), volvió a debatir con los suyos por la decisión, mientras que uno de los periodistas acreditados le aseguraba a la banca que la determinación era injusta con la Roja.

El segundo tiempo… sufrimiento total para el adiestrador de Chile. Quiere encontrar una solución rápidamente y acude a su jugador más desequilibrante: el contuso Alexis Sánchez. “Tráelo”, le indica a un asistente. Los aplausos se multiplican en las tribunas, porque la gran estrella de la Premier League salta a la cancha.

El mediocampo empieza a fallar. Macanudo exige más ataque y se juega con otra carta: Leonardo Valencia por Chapa Fuenzalida. Conforma el trío Valencia-Vargas-Sánchez, una idea que siempre manejó el DT en la previa y que sólo perdió fuerza cuando Alexis empezó a mostrar sus problemas en el tobillo izquierdo. “¡Gato, Gato…!”, el grito desesperado es para Francisco Silva. Charles Aránguiz acaba de pedir el cambio y, obviamente, el DT del combinado nacional se preocupa. Antes de mandar el cambio, le pregunta dos o tres veces al volante del Leverkusen: “¡Cómo estás!”. Aránguiz le ratifica que debe salir.

Nada es fácil para los bicampeones de América. Y Camerún amenaza, gracias a los enormes espacios que deja el cuadro chileno en la zona defensiva. Al minuto 80’, Macanudo les pide a Valencia y a Vidal que vayan a presionar más arriba, que entorpezcan la salida africana. El técnico puede adjudicarse el primer gol de la Roja, que llegó un minuto después, gracias a la pelota que logra reconquistar rápidamente con el pressing ordenado por su DT.

No hay video referencia que evite esta celebración. El grito de gol ahogado en las gargantas de los fanáticos aflora con todo. Hasta Pizzi pierde cualquier compostura. Corre hacia los brazos de Manuel Suárez y se encarama sobre el ex arquero, que lo sostuvo en brazos por algunos segundos. Como en su época de artillero, Pizzi celebra como un futbolista más. Y con un garabato bien chileno: “¡Vamos, gooool, gol conchatumadre!”.

Ya hay más relajo. Y las descarga es completa con el 0-2 de Vargas. Demorado por la tecnología, pero celebrado igual. Pizzi deja de caminar. Ya nada le quita la sonrisa del rostro.

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