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Actualizado el 06/01/2017
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El polémico movimiento de derechos de los hombres

Autor: Cristóbal Fredes

De forma individual u organizada (y con varias mujeres en sus filas) cada vez hay más personas en el mundo que protestan por temas como la discriminación hacia los varones en tribunales, las falsas acusaciones y el avance del feminismo más extremo, responsable —sostienen— de excluir los problemas de ellos en su lucha por la igualdad.

El polémico movimiento de derechos de los hombres

Con el título The Red Pill, en alusión a la píldora roja que en Matrix da acceso a la dura realidad, se ha estado estrenando en varias ciudades del mundo un documental sobre el movimiento de los derechos de los hombres en Estados Unidos. Se trata de una producción modesta, independiente, pero hay al menos dos cuestiones que han amplificado su alcance.

Una es la curiosidad que despierta el tema en sí, que en general no tiene cobertura en los medios a menos que sea negativa (como en un sketch de Saturday Night Live donde la actriz Lena Dunham se burla del movimiento). La otra es que ha sido censurado en algunas salas, cines que cedieron a grupos que protestaron contra la cinta por su visión presuntamente empática con un movimiento catalogado por varios de antifeminista. Así ocurrió en la premiere Australiana, en Melbourne, en octubre, y hace unas semanas en Ottawa, Canadá. El asunto, desde luego, le ha dado más prensa.

Además, se sabe que el documental (del que en internet sólo es posible ver su tráiler) no sólo retrata la causa del Men’s Rights Movement, sino que registra también el cambio de opinión de su directora en el proceso, Cassie Jaye, de historial feminista.

Jaye cuenta a Tendencias que, por cómo era representado este grupo en los medios de su país, esperaba encontrarse una sarta de misóginos, pero que se dio cuenta de que ese era un retrato tergiversado y que este grupo tenía demandas atendibles. “Creen que mientras hay apoyo cultural y financiero para abordar problemas de las mujeres, los problemas de hombres, como derecho de los padres, violencia doméstica y sexual contra ellos, muertes laborales y tasas de suicidios, entre muchos otros, son pasados por altos por la sociedad”, explica. “En el rodaje me di cuenta de que había tenido siempre compasión instantánea hacia los problemas de las mujeres, pero para los de los hombres tenía barreras que me hacían reacia a sentir el mismo tipo de compasión y simpatía”, añade. Jaye reparó que eso mismo le ocurría a los demás, que arriscaban la nariz cuando les contaba sobre el movimiento. “Esas reacciones me abrieron los ojos frente a este doble estándar”, agrega.

Su documental ha gatillado variadas reacciones. La escritora británica Linda Kelsey elogió a The Red Pill en el Daily Mail por iluminar problemas rara vez tocados. La periodista Cathy Young, conocida por sus escritos de género desde un prisma libertario, lo aplaudió, en parte por incluir a figuras “fascinantes”, como la activista Erin Pizzey (pionera en la defensa de las mujeres maltratadas que hoy denuncia que la violencia no tiene género), pero le criticó que no desafiara a los más fanáticos del movimiento. El semanario The Village Voice, por otro lado, lo llamó “propagandista” y se negó a publicar un aviso de la película. Pero independientemente de qué tan ecuánime sea su mirada, lo cierto es que ha representado una oportunidad para hablar de una corriente que viene desde hace años articulándose. Y de forma global.

En India, por ejemplo, el movimiento de derechos de los hombres es muy grande y está bastante legitimado. Sorprende la cantidad de charlas TEDx que hay exclusivamente del tema. En una, “Necesidad por derechos del hombre”, el presidente de una fundación denuncia cuestiones como que el 95 por ciento de las veces la custodia de los hijos va para la madre tras una separación. En otra, llamada “El género olvidado”, la documentalista Deepika Bhardwaj habla de “hombres sistemáticamente abusados” por leyes que se hicieron para proteger a las mujeres en India. Bhardwaj estrenó en octubre Martyrs of Marriage, documental que denuncia cómo una ley específica se usa para extorsionar e incluso impulsar el suicidio de muchos varones. En español circula hace tiempo el documental trasandino Borrando a papá (2014), que denuncia el “negocio” que hay en el aparato judicial argentino de separar a padres divorciados de sus hijos.

En Inglaterra hay casos como el del pintoresco Mike Buchanan, un activista conservador en guerra con las feministas, que “odian a los hombres”. Buchanan encontró que lo mejor para su causa era fundar un partido, Justice for Men and Boys. Más sensato es considerado Glen Poole, editor del sitio insideMAN y autor de un reciente libro sobre el suicidio masculino (los hombres son tres veces más propensos que las mujeres a suicidarse en Europa; en Chile, cuatro veces más).

Poole es además coordinador del Día Internacional del Hombre (19 de noviembre), que tras años de ninguneo, ha logrado que sea al menos considerado. “Todos los días son el día internacional del hombre”, se burlaban sus críticos. Semanas atrás publicó una columna en el Telegraph combatiendo esa idea, que funciona también como un compendio de las demandas del movimiento.

Poole es optimista. Cuenta por mail que en el Reino Unido hay “un creciente número de personas promoviendo un enfoque inclusivo”. “La primera prioridad es asegurar que los problemas que enfrentan hombres y niños se incluyan en los trabajos para promover la igualdad de género”, sostiene.

En Uruguay crece el batallador sitio Varones Unidos, que denuncia casos de misandria (odio a los hombres) y excesos del feminismo. Pablo Laurta (31), su director, dice que le parecen razonables las preocupaciones de ese movimiento, no así sus abusos. Teme que lleguen a Latinoamérica cuestiones que, dice, ya suceden en Europa, como incentivos perversos a las falsas acusaciones. “Es más fácil prevenir que curar”, dice. En ese y otros sitios usan —y defienden— la palabra “masculinismo” como el equivalente masculino de feminismo.

Las demandas de los hombres pueden agruparse en diversas categorías, pero quizá sólo se pueda empatizar con ellas si, como dice la directora Cassie Jaye, se deja de lado esa “sobresimplificación” de que todo el género masculino es privilegiado. Una reflexión similar a la que hizo la académica Christina Hoff Sommers en una comentada columna en el Washington Post. “La vida moderna es una compleja mezcla de cargas y ventajas para cada sexo”, escribió.

Están las demandas que tienen que ver con sesgos del sistema judicial, en especial las relativas a la custodia de hijos. Están las relativas a políticas estatales que consideran injustas, como que prácticamente no haya servicios de apoyo para hombres víctimas de violencia doméstica, que en países como EE.UU. y Reino Unido representan el 40 por ciento. (En Chile, la encuesta más reciente, del Ministerio del Interior, consideró víctimas sólo a mujeres y niños, pero cifras de la Fiscalía indican que más de un 22 por ciento de las víctimas de violencia intrafamiliar son hombres: tres por ciento menores, 19 por ciento adultos).

Otros asuntos son de carácter cultural, como que se estime poco la altísima participación masculina en trabajos riesgosos y accidentes laborales, las elevadas tasas de homicidios, la baja esperanza de vida, las muertes en guerras y otros aspectos que están dentro de lo que el cientista político Warren Farrell (considerado uno de los mentores del movimiento) denomina la “desechabilidad de los hombres”. El argumento lo expone en El mito del poder masculino, un best seller de 1993 que ha vuelto a ganar notoriedad y que la crítica cultural Camille Paglia llamó positivamente “una bomba”.

Un punto aparte son los problemas de los niños varones en el sistema educativo (ver recuadro), mientras que otras demandas tienen que ver con el trato estigmatizado que, dicen, se le da a la condición de hombre en el discurso público. “Con los hombres se permiten todo tipo de generalizaciones”, dice el biólogo Patricio Retamales, director de Amor de Papá, la organización chilena que ayuda a padres con problemas en la custodia de hijos. “Hay una ideología cada vez más fuerte que en la práctica actúa como si toda mujer fuese buena y todo hombre fuese malo. Si partes de esa premisa, el resultado son esas absurdas generalizaciones”.

Un ámbito más reciente son los derechos reproductivos para los hombres. Comentada ha sido la inclusión en de The Red Pill de un segmento del programa de televisión The Wendy Williams Show en el que la conductora y el público (femenino) animan a una mujer cuyo marido no quiere un segundo hijo a que deje los anticonceptivos sin que él lo sepa. “¿Es hora de una pastilla para hombres?”, se pregunta un video promocional del documental.

Algunos incluso proponen que el hombre debiera tener los mismos derechos que la mujer a la hora de abortar. Cuando es legal, una mujer elige entre renunciar o ser madre, por lo que un hombre debiera tener alternativas equivalentes, estiman (una idea a menudo inspirada en la feminista norteamericana Karen DeCrow).

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Cómo andamos por casa
De todos los ámbitos mencionados, el único que en Chile se ha materializado en demandas articuladas es el de los padres que se sienten perjudicados tras las separaciones, particularmente en lo relativo a la relación con sus hijos. La sicóloga clínica y columnista Paula Serrano celebra que los padres de este siglo, a diferencia de los de antes, sean proactivos con su paternidad, pero cree que el tema ha traído fricciones en este mundo de divorciados. “Porque las mamás tienden a desconfiar de que los hombres puedan hacerse cargo igual de bien que ellas de los niños y, por otro lado, la ley no ampara completamente al padre. Y además aparecen hoy estas seudosicologías que dicen que es bueno que el niño esté siempre con la mamá”, lamenta.

Patricio Retamales, de Amor de Papá, quien años atrás se vio impedido de ver a su hija tras una separación, subraya mucho que la organización no se dedica a los derechos del hombre, sino que de los niños y niñas, dado que son ellos los principales afectados ante una tuición que es injusta con el padre o ante un caso del llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP), que es cuando un progenitor vuelve al hijo en contra del otro.

En temas de tuición, Chile estaba muy atrasado porque el Código Civil indicaba que a la madre le correspondía. Así fue hasta el 2013, cuando se modificó, en parte gracias al trabajo de esta organización que el 2017 cumplirá 10 años. Hoy la ley tiene la figura de “cuidado personal compartido”.

Pero pese a esa conquista, dicen ellos que en la práctica sigue habiendo muchas arbitrariedades y “acusaciones falsas” que truncan el proceso, y que el trabajo de la organización está en asesorar legalmente a padres en ese escenario.

Respecto al SAP, desean que Chile tenga una legislación en la materia, tal como ocurre en otros países. “Es un grave maltrato sicológico que se les hace a los niños. Tenemos muchísimos casos de padres que van a ver a sus niños que les dicen ‘mátate, no quiero verte, papá es el que vive con mi mamá’”, cuenta Retamales. Y es un ejemplo suave, dice.

Algunos de sus casos adquieren mayor notoriedad, como el del periodista Amaro Gómez-Pablos, quien fue objeto de una acusación de violencia sicológica por parte de su ex pareja, denuncia que se filtró a los medios y que la justicia finalmente desestimó. Al ex rostro de TVN el tema lo marcó, por lo que decidió formar parte de la organización y hoy tiene una visión muy crítica del sistema judicial. “¿Discriminación hacia los hombres? ¡Claro que la hay! En tribunales de familia se nos tiende a ver como simples proveedores o como potenciales victimarios. Una caricatura de lo que es ser hombre y padre. ¿Y quiénes patrocinan esto? Quienes equivocadamente se tildan de feministas, redundando en un machismo absurdo y extemporáneo. Con honrosas y valientes excepciones, lo que ocurre en Chile es anacrónico y además muy doloroso. Yo ‘la saqué barata’, porque tuve a una jueza juiciosa. Pero hay papás que enfrentan mentiras y resquicios legales y no han podido ver a sus hijos durante seis años”.

Amaro denuncia además que el sistema permite mentir sin consecuencia alguna, con abogados y juzgados que fomentan malas prácticas. “Detesto a quienes acusan falsamente, porque dañan el sistema y es un abierto desprecio a las mujeres que sí son violentadas y requieren protección”.

Consultados por los sesgos contra los hombres, desde la Corporación de Asistencia Judicial Metropolitana, del Ministerio de Justicia, donde entre otras cosas asesoran a hombres y mujeres en demandas de cuidado personal, tienen una visión distinta. “Considero que el sistema judicial es bastante imparcial”, afirma Gabriel Muñoz, abogado de familia de la institución. Añade que en materias como visitas o demandas de alimentos los tribunales “son ecuánimes a la hora de resolver, fallando en similares términos con independencia de si el demandado es varón o mujer”.

Desde Amor de Papá no comparten esa visión. No se condice con la realidad que ellos y sus representados viven, aseguran.

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Lucha de género
El libro negro de la nueva izquierda se llama el libro que el cientista político Agustín Laje, su coautor, vino a presentar a Chile en noviembre pasado. Laje no promueve los derechos de los padres ni de los hombres, pero su caso es representativo de cómo hay más hombres cuestionando la forma en que se aborda el género en el debate público. En su libro cuenta cómo la izquierda actual, tras haber abandonado la lucha de clases, ha adoptado nuevas banderas definidas no por variables económicas, sino culturales, siendo el género una de ellas.

“Ideología de género” es el concepto que más repite en sus intervenciones. Lo usa para denunciar que dicha ideología “crea una batalla artificial entre hombres y mujeres y promueve ideas que van a contrapelo de la realidad empírica”. Lo usó también en una entrevista que le hizo la comediante Malena Pichot en la radio, que terminó en una cuasipelea que finalmente se viralizó. “Resultó ser mi mejor agente de prensa”, dice.

Laje es de derecha, pero igual critica a ese sector por tecnocrático, por apasionarse con temas de impuestos y no por estas batallas culturales que cree que son sumamente importantes. “El discurso de género es el mismo en Página 12 que en La Nación, el mismo en Cristina que en Macri”, protesta. Por lo mismo, dice, valora cualquier instancia donde haya debate sobre el tema. “Cuando todos piensan igual, es que no están pensando”.

Distinto es el caso del escritor argentino Gonzalo Garcés, que ha reflexionado de temas de género en la prensa trasandina y en su libro Hacete hombre: una historia personal de la masculinidad, porque no se dedica a debates políticos y no se sabe de una cruzada suya contra la izquierda. Pero sí hay una similitud en el sentido de tener una postura crítica y a atreverse a expresarla. “Por haber cuestionado ciertas ideas del feminismo se me hizo saber que ya no podría escribir en varios medios. Fui acusado de misógino y hasta de violento sin que hubiera el más remoto fundamento en esas acusaciones”, cuenta. “El feminismo es un movimiento minoritario, pero ha logrado crear un clima de miedo muy real. Tanto hombres como mujeres se cuidan de decir ciertas cosas en voz alta”, añade.

Garcés ha alertado también sobre los omitidos que están los hombres que mueren en casos de violencia de parejas o ex parejas (que son alrededor de un cuarto respecto a las mujeres). Muestra un archivo con 55 casos este año en su país, con links a noticias incluido. “Notarás que los medios que cubren los asesinatos de mujeres son los más prestigiosos y de alcance nacional: los que cubren los asesinatos de hombres, provinciales y de segunda línea”.

¿Puede la sociedad compatibilizar las banderas de los hombres y de las mujeres? “Sí es posible”, contesta Glen Poole. “La gente tiende a caer en uno de los dos grupos. Hay personas que adoptan un enfoque cerrado y exclusivo, que se niegan a cooperar con quienes piensan de manera diferente, y hay gente que adopta un enfoque abierto e inclusivo que da la bienvenida a una diversidad de puntos de vista”.

 

Los niños, cada vez más atrás en países desarrollados

Los niños varones se están quedando atrás en varios países desarrollados, con peores notas en el colegio y teniendo menor presencia en la universidad. En Reino Unido, el Higher Institute Policy estimó que, de seguir la tendencia actual, el 2050 un niño será un 75 por ciento menos propenso a entrar a la educación superior que su hermana. El tema es una de las cruzadas actuales de Warren Farrell, que habla de una “crisis de chicos” en EE.UU. y que ésta explica situaciones como el aumento en la población carcelaria. La causa número uno de la crisis es la falta de presencia del padre, seguida de lo que llama la “feminización de la educación”, dice. Un argumento similar postula Christina Hoff Sommers en su libro La guerra contra los chicos, donde reclama que el sistema de educación trate la masculinidad como una forma defectuosa de femineidad.

Aquí en Chile, consultada sobre ciertas desventajas que los niños puedan tener en el tema educativo, la siquiatra Amanda Céspedes comenta: “Los varones son más impetuosos, vehementes e impulsivos, rasgos que aumentan durante la pubertad por efecto hormonal. Y estos rasgos, completamente normales, son sancionados como ‘mala conducta’ por sistemas escolares que privilegian la pasividad”.

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