“Yo creo que en la clase política chilena ha primado la consigna”, dijo el presidente del Instituto Libertad y Desarrollo, Luis Larraín, aludiendo a decisiones que se han tomado por razones populistas, ejemplificando el caso de la central barrancones, que técnicamente habría cumplido todos los requisitos para funcionar.
Entrevistado en el programa Tolerancia Cero, dijo que las decisiones influenciadas por el populismo no son exclusividad del actual gobierno, y lo adjudica a que se está viviendo un “momento de desafío a los poderes establecidos”, un cambio que tiene “amenazas y oportunidades muy grandes”.
A pesar de eso, aclaró que en lo fundamental se siente identificado con el gobierno de Sebastián Piñera, por su acento en la empresa privada y el crecimiento. Así, valoró hayan logrado crear empleo y crecer al 6% en Chile, como era la promesa de campaña, en un ambiente mundialmente complicado.
Citando al ex presidente Ricardo Lagos, destacó que en Chile “las instituciones funcionan”, y los proyectos pueden implementarse más allá de los amigos que se tengan, comparando la situación con lo que sucede en Argentina.
EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN
Para el director del Instituto Libertad y Desarrollo, el problema de la educación no pasa por el problema del lucro. La pregunta de fondo, argumenta, es si las instituciones en Chile tienen los recursos suficientes para una educación superior para todos los que la requieren.
Si no es el caso, no debería haber problemas con que particulares que tengan el capital pueda ofrecer el servicio, y que obtengan por su inversión al menos lo que cobraría el banco “por un crédito hipotecario”. No obstante, sí está de acuerdo con revisar casos como el de la la U. de Viña del Mar, donde “claramente se está transgrediendo la ley”.
LOS OBJETIVOS DEL GOBIERNO
Larraín dijo que los objetivos del gobierno y del Instituto Libertad y Desarrollo (ILD), institución que dirige, no son los mismos, principalmente porque sel IDL no tiene la presión de las elecciones.
“Nosotros perseguimos el liberalismo clásico”, explicó, mientras que por su parte el gobierno se ve presionado por una realidad política. Por ejemplo, dijo que el aumento de impuestos no era un imperativo, habiendo posibilidad de conseguir recursos por otras vías, pero que había una necesidad de proyectar una imagen de apertura por parte del oficialismo.
Ante la pregunta de qué es lo que causa más daño al modelo, si los reclamos de las personas o los empresarios que abusan de su poder, argumentó que “lo que le hace más mal (al modelo) es la consigna, la irreflexión”, refiriéndose nuevamente al populismo.
LOS DESAFÍOS Y LA IGUALDAD
“La verdad, si uno mira, hoy día la clase media es lejos la más grande, y eso es un aliciente para el populismo”. Luis Larraín dijo que los cuestionamientos de la gente, más que poner en entredicho el modelo, apuntan a obtener más beneficios del mismo, y eso se manifiesta en más reclamos.
Se refirió a consumidores empoderados y que “exigen cuestiones que antes no exigían”. Por ejemplo, en su opinión la mejor forma de sortear los problemas de los contratos de adhesión (la única forma práctica de ofrecer servicios masivos según argumentó) es que el costo de terminar el contrato sea casi cero.
En ese sentido, dijo que hoy existe una Fiscalía Nacional Económica independiente de la autoridad, empoderada, comparada con un Sernac que adolece de esas cualidades, “donde claramente se está tomando un objetivo político” recordando el tema todavía vigente de los estacionamientos
Argumentó que en ese caso, no es correcto que sea una obligación la gratuidad, porque quienes lleguen pagando su pasaje en el Transantiago, por ejemplo, terminan financiando a quienes llegan en automóvil. Distinto es el caso, dijo, de la Salud, donde sí se pueden pedir estándares mínimos.
Sobre la desigualdad, apuntó a que el descenso de la pobreza, desde un 40% hace 20 años, a un 15% en el día de hoy, es un importante avance en el camino para terminar con la pobreza.