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Actualizado el 02/01/2017
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El polo cultural que el tiempo olvidó

Autor: Juan Pablo Andrews

El otrora centro intelectual del siglo XIX evidencia hoy los signos del abandono. Autoridades buscarán su conservación.

El polo cultural que el tiempo olvidó

Las melodías de Bach, Beethoven, Mozart o Haydn, o el debate sobre la importancia de Richard Wagner en la música de cámara, eran parte de una tarde habitual en el Parque Arrieta. Las tertulias que tenían como telón de fondo los majestuosos jardines emplazados en los faldeos de la Cordillera de los Andes se desarrollaban en una casona con tintes europeos y diversas esculturas de hierro o bronce. Era la segunda mitad del siglo XIX y este espacio, ubicado en la actual comuna de Peñalolén, asomaba como uno de los polos culturales más importantes de todo Santiago.

Tardes musicales

Luis Arrieta Cañas (1861-1961), hijo de José Arrieta, por entonces cónsul de Uruguay en Chile, heredó la mansión y el parque en 1911, dando continuidad a la vocación familiar por las artes.

Las jornadas musicales y encuentros literarios, patrocinados por la familia, fueron célebres en la época. Por ahí pasaron figuras como la pianista Rosita Renard, la pintora Matilde Pérez Cerda o la escultora Enriqueta Petit. Sobre las tardes dedicadas a las partituras, el musicólogo Juan Pablo González sostiene que Arrieta Cañas fomentó “la práctica del repertorio europeo, que era muy importante para el desarrollo de la música en general”.

La Universidad Sek, actual dueña del terreno, comenzó a operar en la casona de los Arrieta en 1991, mismo año en que el parque fue declarado Monumento Nacional. Mario Rojas y Fernando Imas estudiaron allí Conservación y Restauración de Bienes Culturales. “La casa fue remodelada hacia 1875 por el arquitecto francés Paul Lathoud, el mismo que construye el Palacio Cousiño y también el Palacio Arrieta, que se encontraba frente al Teatro Municipal”, cuentan.

Declive

Luego de que Luis Arrieta vendiera la casa en 1954, ésta pasó por diversos dueños y su mantención fue decayendo. Los jardines no se conservaron, la pileta hoy se encuentra vacía, mientras la fachada exhibe un visible deterioro.

Los terremotos de 1985 y de 2010 causaron daños de diversa magnitud, aunque luego se emprendió la restauración por parte de la universidad. La mansión está cerrada desde 2015.

Con una superficie de cinco hectáreas, el emplazamiento recibía en 2007 a 800 estudiantes en 30 aulas. Hoy, en tanto, no quedan más de cinco trabajadores en el lugar. Rojas e Imas afirman que el cierre de la Facultad de Patrimonio de la Sek en la sede Arrieta también contribuyó al deterioro.

La vicerrectora Eva Flandes cuenta que “cualquier lugar que no tiene un uso permanente va sufriendo deterioros, pero la universidad se preocupa de intentar el mejor estado posible de todo el patrimonio, de todo el monumento”. Agrega que mantener un lugar de estas características resulta “bastante caro” y que la mantención corre sólo por cuenta de la universidad. Sostiene que la institución está en medio de un nuevo plan estratégico general, que contempla “repensar el destino del Parque Arrieta, pero en ningún caso venderlo”. No descarta que se vuelvan a impartir clases ahí.

Ana Paz Cárdenas, secretaria técnica del Consejo de Monumentos Nacionales, señaló a La Tercera que “ante la constatación de problemas de mantención que presenta el inmueble, hemos decidido oficiar a sus propietarios para conocer las razones concretas del actual estado de conservación de la casa y parque, de modo que a la brevedad se procuren las medidas para que la situación no derive en un perjuicio al inmueble”.

La alcaldesa de Peñalolén, Carolina Leitao (DC), sostiene que “nuestra preocupación es saber si la casona volverá a abrir en el futuro, teniendo en cuenta que es parte de la historia de nuestro país”.

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