EN LA edición del domingo 3 de junio de 2012, página 8, La Tercera publicó que el Presidente Ollanta Humala enviaría una solicitud al Congreso peruano para viajar a Chile, informando que el Palacio Quemado (sic) remitiría la petición oficial al Congreso a fin de que autorizase al mandatario salir del país. Se agregaba más adelante que la cita de la Alianza del Pacífico a la que concurriría Humala tendría lugar en el observatorio astronómico Paraná (sic). Dicha información contenía dos errores graves, porque “Palacio Quemado” se denomina a la sede del Poder Ejecutivo y residencia del jefe de Estado de Bolivia y su apelativo se debe a que en 1875, bajo el gobierno de Tomás Frías, una sublevación popular lo destruyó y quemó. A propósito, un dato marginal a tener en cuenta es que según un anuncio del Presidente Evo Morales, planea construir un nuevo edificio gubernamental que bautizará con el nombre de “Casa Grande del Pueblo”.
La nota citada, como es obvio, pretendió referirse a la sede del Poder Ejecutivo de Perú que se denomina simplemente Palacio de Gobierno o Casa de Gobierno (como aparece en sus documentos oficiales) o popularmente Casa de Pizarro, porque se encuentra en el mismo solar en que el fundador de Lima, el conquistador español Francisco Pizarro, erigió su primera versión en 1536.
En cuanto a confundir Paraná con Paranal es hacerlo con un río y un cerro. Porque Paraná es la gran corriente cuyas aguas nacen en Brasil y recorren territorios de Paraguay y Argentina; en otras palabras, con su curso de 2.750 kilómetros atraviesa la mitad del continente suramericano y ese “pariente del mar” o “agua que se mezcla con el mar” -en lengua de los indios tupi- desemboca en la cuenca del Río de la Plata, que termina por confundirse con el Atlántico. En lo que respecta al lugar en que se llevaría a cabo la reunión de la Alianza del Pacífico -el observatorio operado por la European Southern Observatory-, está ubicado en el cerro Paranal, elevación de 2.635 metros que se encuentra en la Cordillera de la Costa, en pleno desierto de Atacama, a 120 kilómetros al sur de Antofagasta y a 12 kilómetros del océano Pacífico.
Estas pifias o descuidos los hizo notar el lector Edwin Dimter Bianchi, quien alertó al director del diario el mismo domingo en que se publicaron, con el fin de que pudiera corregirlos a la brevedad. Pero, transcurridos algunos días, eso no sucedió.
Lo sorprendente es que los párrafos aludidos llevaban la firma de dos reporteros y los juicios equivocados que contiene, como expone el lector, es “producto tal vez del desconocimiento de ciertas materias por parte de los periodistas que las emiten”, y que se supone debió ser revisado en otras instancias, como el editor o los correctores de prueba.
Es inevitable que en un diario se cometan equivocaciones, lo positivo es reconocerlas y enmendarlas lo antes posible. Para ello es conveniente crear una sección de “Fe de Erratas”, como, por lo demás, lo ha anticipado y tiene previsto el director de La Tercera.
En el caso de un periódico, si bien la fe de erratas se entiende que debe referirse a errores de fechas, nombres, lugares, etcétera, también debería considerar los de ortografía y aquellos casos en que la noticia u opinión al tener mala sintaxis transmite o comunica conceptos o ideas de manera poco clara e induce a confusión.
Es posible que algunos lectores sostengan que se demanda ser puntillosos, minuciosos o concienzudos y hasta exagerados, pero como recuerda Edwin Dimter, la importancia de efectuar aclaraciones o corregir las informaciones equivocadas que aparecen algunas veces en los diarios se debe a que La Tercera es utilizada por muchos estudiantes como medio de consulta y, más grave aún, los errores contenidos en medios periodísticos tienden a tenerse por ciertos y perpetuarse si no se rectifican a tiempo.
Manifiesta el lector que los periódicos de prestigio son fuentes históricas, “como bien lo sabemos los que somos aficionados a estas materias”, y agrega: “Imagínese usted cómo se leerá el artículo en comento, en algunos decenios más, por un historiador: ‘el presidente de Perú solicitó al Congreso de Bolivia un permiso constitucional para asistir a una cumbre presidencial a realizarse en algún sector del Paraná -¿Brasil, Paraguay, Argentina?-, bajo la conducción del Presidente de Chile’”. Sería una pesadilla en el sueño de Simón Bolívar.