RECONOCER LOS ERRORES RECONOCER LOS ERRORES | Destacado Representante del Lector

RECONOCER LOS ERRORES

por Joaquín Villarino - 17/06/2012 - 09:00

 

“CELEBRO la rectificación de la noticia sobre la casa de gobierno del Perú que publicó el diario el domingo pasado, con lo cual gana credibilidad esta tribuna de los lectores”, escribe el lector Eduardo Reyes F., pero considera, “en cambio, que una publicación de ‘fe de erratas’ -como se sugirió en esa oportunidad- es propia de los libros”.

 

Se sabe que tanto en lo personal como en lo institucional, siempre es dificultoso reconocer los errores o las equivocaciones cometidos, pero según la experiencia, en el ámbito periodístico cuesta y duele más aún. Sin embargo, la prensa más destacada de otros países especifica cómo debe manejarse la errata, esa equivocación en un impreso o manuscrito, y en sus ediciones disponen de una sección de esa naturaleza, incluso lo consideran una exigencia propia de un periodismo que se respeta a sí mismo. Hay ejemplos que lo confirman. El País de España, en su “Libro de estilo”, expone: “El periódico ha de ser el primero en subsanar los errores cometidos en sus páginas, y hacerlo lo más rápidamente posible y sin tapujos. Esta tarea recae de manera muy especial en los responsables de cada área informativa”. Detalla que “todo redactor tiene la obligación de releer y corregir sus propios originales”, y luego insiste: “La primera responsabilidad de las erratas y equivocaciones es de quien las introduce en el texto; y sólo en segundo lugar, del editor encargado de revisarlo”. En cuanto a contradecir o matizar informaciones, el diario dispone de tres secciones: “Fe de errores”, “Cartas al Director” y “El Defensor del Lector”.

 

Entre sus principios éticos y de conducta profesional, La Nación de Buenos Aires formula: “Debe ser el propio diario el que rectifique los errores en que pudo haber incurrido, aunque no lo pida el interesado”. En el rotativo se publica una “fe de erratas” en la que se registran errores anteriores. Pero hay casos en que, por su importancia, las rectificaciones demandan mayor espacio que ese medio brinda espontáneamente.

 

 The Washington Post está empeñado en reducir al mínimo el margen de errores que comete y en corregir los que se producen. El periódico reconoce que comete errores, y su esfuerzo es reducirlos y, desde luego, rectificarlos o enmendarlos. Y manifiesta: “Nuestro objetivo es la precisión” y “nuestra defensa, la imparcialidad”. Concluye: “Debemos escuchar respetuosamente a las personas que nos hacen notar los errores”.

 

El Código de Prácticas de la Prensa Británica, en su acápite sobre la “exactitud” -esa fidelidad en la ejecución de algo-, apunta: “Los diarios y periódicos deberán tener el cuidado de no publicar material inexacto, engañoso o tergiversado”, y “cada vez  que se reconozca que una inexactitud significativa, una declaración engañosa o una información tergiversada hayan sido publicadas, deberán ser inmediatamente corregidas y debidamente destacadas”. Incluso detalla que “se publicará una disculpa cada vez que corresponda”. Profiere que “los diarios o periódicos deberán siempre informar con imparcialidad y exactitud acerca del resultado de una acción por difamación de la cual fueron parte”. En cuanto a la oportunidad de réplica, menciona que “una justa oportunidad para rebatir inexactitudes deberá ser concedida a las personas u organizaciones cuando ese pedido sea razonable”. 

 

Estos antecedentes prueban que, más allá de las disposiciones legales que norman las rectificaciones dirigidas a un medio de comunicación, los diarios serios se adelantan en reconocer ante sus lectores los errores que cometen.

 

Letra chica

 

Por su parte, Marcelo Gatica observa “con preocupación el aumento de avisos de los más diversos productos que llevan letra chica en sus aspectos más relevantes”. Y precisa: “Cuando digo chica, me refiero a caracteres de más o menos 1,5 milímetros de alto, que no tienen razón de ser, ya que el espacio disponible es siempre amplio para usar caracteres más legibles. Si personas con vista normal tienen dificultades para leer dichas letras, los de tercera edad simplemente no pueden hacerlo”.

 

Los periódicos venden lectura -noticias y artículos de opinión- y espacio para publicidad, y los lectores compran información de esa doble naturaleza, una sobre el acontecer y la otra acerca de cómo satisfacer sus necesidades materiales. Pero dada su distinta naturaleza y origen, existen normas a fin de que siempre ambas informaciones estén diferenciadas en su diseño y tipográficamente. De manera tal que los textos elaborados por la redacción tienen un tipo de letra exclusivo y no debe ser utilizado en la publicidad. Y si un anuncio en su diseño se asemeja a las columnas del periódico, deben incluir en su cabecera la voz “publicidad”.

 

Si bien los avisadores tienen plena libertad para promover sus servicios y productos dentro de los límites legales y de la ética, deben atender a lo que plantea el lector Marcelo Gatica, por el buen resultado económico de lo que ofrecen.

 

Para este resultado positivo es conveniente que también los publicistas tengan en cuenta esta observación, inquietud que deben hacer notar los agentes, vendedores y receptores de publicidad. Esto último, porque el servicio que se presta debe beneficiar a lectores y avisadores.

 

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