LA SENTENCIA del caso Luciano Pitronello lleva a comentar detalles a cuestiones de fondo, como las interrogantes que deja sin respuestas. Por ejemplo, se emplea la palabra “insurreccionalista”, la que La Tercera reprodujo en el texto y en los destaques de la noticia. En lo primero se citó sin comillas y en lo segundo con ellas, que era lo correcto, pues esa palabra no está registrada en el diccionario. La lengua española contempla insurreccional o insurrecto.
Si bien el lenguaje es vivo, lo que prueba la constante creación de nuevas voces, como explica el profesor Mario Banderas, que con la llegada del robot Curiosity a Marte nació el verbo “amartizar” y no corresponde emplear “aterrizar” -significa posarse en la tierra-, como tituló La Tercera: “Curiosity envía primeras imágenes y confirma aterrizaje exitoso en Marte” (07-08-2012). Así y todo, no es conveniente imitar a Shakespeare, quien de las más de 21.000 palabras diferentes que empleó, inventó aproximadamente una de cada 12. Casi 1.800 nuevos cuños, es que su condición de genio se lo permitía. Por eso los nuevos términos, así como los de otras lenguas, hasta que se incorporen oficialmente al idioma deben entrecomillarse o distinguirlos con el empleo de un tipo de letra diferente.
La sentencia dictada por el Cuarto Tribunal Oral en lo Penal abrió una polémica sobre si el poner bombas es o no un acto terrorista. Esos antecedentes los ha consignado La Tercera, pero quedan aristas que ameritan una investigación periodística mayor. El mismo diario destacó que está sin aclarar, por ejemplo, la identidad de quién acompañaba al condenado la madrugada en que fue a colocar el artefacto explosivo; tampoco se ha identificado al fabricante de la bomba, ni si existe una organización tras Pitronello (15-08-2012). Pero, además, hay otros detalles: quiénes son las malas compañías a las que su madre responsabiliza de influir malamente en su hijo o qué argumentos tiene su hermana para calificarlo como un peligro para la sociedad.
Ni las explicaciones oficiales, ni las quejas, lamentos y críticas de los ministros de Estado -incluidas columnas para explicar lo que es el terrorismo- son satisfactorias para un periodismo de excelencia. Esas preguntas sin respuestas deben anotarse en la pauta, son interrogantes que si las instituciones del Estado no contestan, la prensa, en consideración a sus lectores, tiene el deber de asumir la tarea de buscarlas.
No basta con consignar dichos y hechos, es necesario cuestionar y profundizar no sólo en el caso Pitronello, también en las inquietudes que despiertan los “encapuchados” que causan destrozos en las manifestaciones. ¿Cómo es posible que no se les identifique? Ni tampoco es aceptable que sólo un menor de edad aparezca como responsable de la quema de un bus. ¿Lo hizo solo? Pero si se incendiaron ¡tres! O lo que sucede con los que queman casas y fundos en la Región de La Araucanía.
La revista Qué Pasa en su última edición trae antecedentes sobre los grupos anarquistas y sus clasificaciones según un informe de la Agencia Nacional de Inteligencia, lo que constituye un valioso aporte para dilucidar el fenómeno. Ese material es una base para perfeccionar y completar los vacíos informativos.
Discrepa de editorial
El lector Sergio Donoso recuerda que la política esta cada día más desprestigiada y estima necesario revitalizar las comunidades vecinales, locales, comunales, lo que serviría para mejorar la actividad pública en Chile. Por eso le extraña que el editorial de La Tercera “Cambios para impulsar la participación ciudadana” (16-08-2012) no esté de acuerdo en bajar de 50% a 40% el quórum para que tengan validez los plebiscitos comunales.
Considera que si se tiene en cuenta que el 50% era válido cuando el voto fue obligatorio, sin duda una corrección mínima es bajar un 10% el requisito cuando ahora el voto es voluntario. El editorialista responde: “El problema es que se transforme en un cogobierno de la comuna. Si se baja el quórum hay que excluir materias, si se sube pueden tener más relevancia. Disyuntiva difícil de resolver”.
Historia del fútbol
Gonzalo Serrano del Pozo, profesor de historia, expresa su molestia por la nula cobertura del aniversario número 120 de Santiago Wanderers, “siendo que fue el primer club de fútbol en América formado por americanos, uno de los pocos que se fundó exclusivamente como equipo de fútbol y, por último, el único cuyo nombre original no ha variado durante sus 120 años”.
Destaca que Santiago Wanderers es el club más antiguo que sobrevive en Chile (Magallanes es de 1897) y que si bien no fue el primero -los formados por británicos desaparecie- ron-, se trata de un equipo que fue fundado eminentemente por chilenos.
Ciertos periodistas, dice el lector Serrano, “han cuestionado la fecha de fundación, porque no hay menciones al equipo en la prensa de la época, ni en la primera copa que se disputó. No obstante, esto se explica por varias razones. En primer lugar, la primera convocatoria fue en inglés y estaba enfocada en los equipos británicos. Luego, y siguiendo los testimonios de sus fundadores, el acta de su constitución se quemó en el terrible incendio que afectó a Valparaíso en 1906. Sus relatos se ven refrendados por informaciones de prensa de 1907 en las que ya se reconocen los 15 años del club”.
El lector en su correo acompaña antecedentes sobre los orígenes de equipos de fútbol de Argentina y Uruguay, los que, al contrario de Wanderers, con los años cambiaron sus nombres. Por razones de espacio no se pueden consignar esos datos, pero se hicieron llegar a la sección Deportes a fin de que los considere en sus informaciones.