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Actualizado el 16/05/2017
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Problema de envergadura

Autor: Juan Cristóbal Guarelllo, periodista

Nunca le compré mucho al personaje. Antes de que llegara a Colo Colo demostró su forma de operar: tenía arreglado todo con Mosa aun cuando Sierra todavía estaba en la banca y conformaba el plantel. Después, su primera aparición en el Monumental: entrenamiento abierto a la prensa, gestos teatrales frente a las cámaras gritándole a los jugadores “ir al ataque”, para al día siguiente decretar todas las prácticas privadas y prohibir que los jugadores hablen en la semana. Es decir, puesta en escena para salir en todos los noticiarios como un entrenador “aguerrido” y “ofensivo”, y después decretar un veto que ni Álamos, Jozic, Benítez o Borghi, hablando de entrenadores que ganaron algo en serio, se hubieran atrevido a hacer.

Luego el tongo de Lanaro, un show montado para subirle el sueldo y darle una mano a un jugador del corral de su representante: Leonardo Cauteruchi. La forma en que intervino las series menores, metiendo en la Sub 19 a un admirador cuyos antecedentes eran haber dirigido 15 años en la cuarta división de España. Lo que se dice, buscar la excelencia.

Ni hablar de la forma en que sacó a Julio Rodríguez del cuerpo técnico. Una cosa es despedir a alguien, otra es mandar al Cucho Salvatierra a hacerse el graciosito con guantes y que en uno de los banderazos payaseara como entrenador de arqueros.

¿Y la renovación de Garcés? Hasta Cauteruchi reconoció que el individuo de marras estuvo en la mesa con los dirigentes negociando la continuidad del arquero. El entrenador negociando contratos de los jugadores con su representante. Y a nadie le parece malo.

Dejo de lado su tren siberiano de supersticiones: agua bendita, plantas de ruda, modelos de ropa y cuanta lesera existe. Da lo mismo, folklore por último. O que haya metido al hijo a hacer una pasantía eterna editando videos.

Siempre de vivo, de víctima, con el guiño, la ironía…

Pero, sabemos, la hinchada perdona todo con tal de ganar, hasta que le estén metiendo la mano en el bolsillo frente a sus ojos. Y se había instalado la idea de que el señor es “un ganador” con “estilo ofensivo”.

¿Seguros? El Apertura 2016 fue una larga pretemporada donde no estuvo ni cerca de pelear el título. Luego ganó la Copa Chile, un título menor dentro de las vitrinas de Colo Colo, tanto así, que en años anteriores se había jugado con suplentes y juveniles.

En la Copa Libertadores no pasó la segunda fase eliminatoria. Quedó en el camino contra Botafogo haciendo un partido lamentable en el Monumental. Pero, claro, como es un “equipo brasileño” no había obligación de clasificar. Porque, ustedes saben, Colo Colo nunca le ganó a un equipo brasileño.
Finalmente este Clausura 2017. Claro, por ahí San Luis hace la gracia y Colo Colo sale campeón. A los rebotes. Lo tenía servido en bandeja, le alcanzó a sacar seis puntos de ventaja a la U en un torneíto de 15 fechas. Y está a un pelo de salir segundo. El equipo se vino abajo, de los últimos ocho partidos ganó dos, los rendimientos individuales cayeron con estrépito, cada punto comenzó a costar sudor y lágrimas. No mereció ganar en Viña del Mar e hizo todo lo posible para que Antofagasta, que tiene su objetivo en zafar del descenso y nada más, le empatara en el Monumental.

Me explico, Colo Colo tenía a Antofagasta en el arco, la figura era García. Aparte del gol de Rivero, se creó tres o cuatro claras oportunidades de más. Estaba para apurar y matar el partido muy fácil. Pero ocurrió todo lo contrario: luego de abrir la cuenta a los 22’ del primer tiempo, el señor picardía frenó al equipo, contuvo a los laterales, entregó la pelota y dejó crecer a un rival que estaba en las cuerdas ¡Contra Antofagasta de local! Y Antofagasta, sin recursos ofensivos, con grandes problemas para hilar una jugada de peligro, se encontró que Colo Colo, de local, se le metía atrás y le entregaba la iniciativa. Cuando sacó a Rivero y puso a Morales para jugar al contragolpe ya no hubo dudas: al señor de la banca le vino pánico escénico, se apretó como perno de muelle y se puso anteojos de cuero. Sacó su mejor hombre en ofensiva para especular con pelotazos largos para Morales. Como si estuviera jugando el descenso, como si el rival fuera el Real Madrid, como si Antofagasta no llevara 24 años sin ganar en el Monumental.

Para mí el señor éticamente ya está cocinado. Ahora quedó claro que futbolísticamente le quedó grande el asunto. Basta del verso del “ofensivo y propositivo”. Colo Colo tiene una historia y tiene títulos de verdad, con entrenadores de distinto paladar, pero que ganaron cosas en serio y no andaban de vivos, manipuladores o metiendo las manos en el cajón.

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