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Actualizado el 11/08/2016
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Propuesta previsional del gobierno: impuesto al empleo

Autor: La Tercera

Este impuesto al ahorro previsional hace muy difícil elevar la cotización que se estimaba necesaria para aumentar el monto de las pensiones.

La discusión previsional estaba logrando avances importantes. Más allá de enfoques ideológicos y consignas, se había ido estableciendo un cierto consenso -incluso recogido por las autoridades del país- en descartar los sistemas de reparto por la inviabilidad que deriva de tendencias demográficas que los transforman en una presión fiscal inmanejable.  La discusión, entonces, parecía ir decantando en la búsqueda de mecanismos para fortalecer la capacidad de generar buenas pensiones a través del sistema de capitalización individual -las AFP- de manera de permitir que los recursos fiscales no fuesen consumidos, sin límites, por el “pilar solidario” que mejora pensiones en base a aportes fiscales. Se mencionaban ajustes a tasas de cotización para cuentas individuales, ajustes a edades de jubilación, búsqueda de comisiones más competitivas, educación a los cotizantes, entre otras medidas complementarias.

El desafío, entonces, debía focalizarse en encontrar los mecanismos o incentivos para atraer al mercado de trabajo formal, y a una regularidad en las cotizaciones previsionales, a todos aquellos miembros de la fuerza de trabajo que se desempeñan por cuenta propia, que cotizan con baja frecuencia, o por remuneraciones inferiores a las efectivas. Dar con estos mecanismos permitiría, por una parte, concentrar el apoyo fiscal en quienes por restricciones insuperables no pueden generar su propio ahorro para la vejez, haciendo posibles pensiones solidarias mejores que las actuales; y, también, evitar el abuso de quienes pudiendo haber ahorrado no lo hicieron y luego se transformaron en carga fiscal, o de quienes habiendo ahorrado suficientemente por fuera del sistema previsional, aducen pobreza para acceder a recursos públicos.

Dieciséis días después de una marcha en contra de las AFP, sin embargo, el consenso ha quedado destruido por una propuesta oficial para crear un nuevo fondo solidario, esta vez “colectivo”, financiado con un impuesto de 5% al ingreso declarado por quienes quieren cotizar en las AFP para financiar su vejez. Si el objetivo era ir sacando la presión sobre el fisco para permitirle asegurar un nivel de pensiones razonables, y estimular a cada trabajador a apreciar las ventajas de utilizar los mecanismos oficiales de ahorro para la vejez, el instrumento propuesto logra exactamente el efecto contrario: más informalidad, más evasión previsional, menos densidad de cotizaciones, y, en definitiva, demandas previsionales crecientes sobre el fisco, que van a limitar el crecimiento.

Definir este impuesto sobre la contratación de mano de obra y sobre el ahorro previsional como una cotización de cargo del empleador, no cambia su verdadero carácter, y va a afectar no sólo el crecimiento y el empleo, sino, específicamente, la acumulación de ahorros en el sistema de capitalización en cuentas individuales. Si el impuesto de 5% recaudase la mitad de lo que hoy fluye a las AFP como cotizaciones (a la tasa de 10% sobre la renta imponible), ello representaría un 1,2% del PIB. Va a recaudar menos porque va a afectar el mercado laboral, y va a sumar sus efectos sobre el crecimiento a la reforma tributaria ya establecida, que estancó el nivel de vida de los chilenos.

Después de este impuesto, es muy difícil que pueda elevarse la tasa de cotización para la capitalización individual, tal como han sugerido varios expertos para efectos de mejorar el monto de las pensiones.

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