La Tercera

Puerto Williams: el fin del mundo

Vista superior de Caleta Wulaia.

¿Cómo va a estar el clima en los próximos días?

Igual como todos los días del año: nublado y con precipitaciones, pero la verdad es que nunca se sabe porque si la presión varía un poco, cambia todo el panorama.

Es lo primero que responde un chofer que realiza traslados desde el aeropuerto hasta el centro de Punta Arenas, una parada obligatoria para llegar al destino final: Puerto Williams. También conocido por los puntarenenses como la ciudad más austral del mundo.

Puerto Williams está situado en la ribera norte de la isla Navarino, junto con Cabo de Hornos y Puerto Navarino. Para llegar hay que tomar uno de los cinco vuelos semanales que realiza DAP, la única aerolínea que hace la ruta. Dependiendo del día, y del clima, puede ser un avión comercial o una avioneta. La mayoría de sus pasajeros siempre son integrantes de la fuerza naval, pero en el último tiempo sus asientos se han ido ocupando por turistas extranjeros y algunos nacionales.

El vuelo, que dura cerca de una hora y media con intensa turbulencia, aterriza en el Aeródromo Guardiamarina Zañartu. El fuerte y frío viento sorprende a sus visitantes, junto con la primera imagen que entrega el lugar: los Dientes de Navarino, un conjunto de montañas donde se realizan circuitos de trekking. También, al otro extremo del aeropuerto, se puede ver parte de Tierra del Fuego, Argentina, separados por el Canal Beagle, ya que la distancia entre ambas localidades es de pocos kilómetros. Incluso dentro de Puerto Williams se hacen llamar como “El fin del mundo”, ya que están siete kilómetros más al sur que la ciudad argentina.

Acá nadie nace
Se considera que la población de Puerto Williams es flotante, ya que son personas constantemente de paso, en su mayoría de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, se estima que en total viven cerca de dos mil personas en el pueblo.

Puerto de Williams.

Gran parte no nació ahí, ya que una de las principales características del lugar es que la localidad no está preparada para atender partos. El Hospital Comunitario Cristina Calderón, así llamado en honor a la última descendiente viva de los yaganes, tribu originaria de la zona, es el único centro de salud que no es de la Armada, y no cuenta con obstetras. Si bien hay matronas que hacen los controles, las embarazadas deben dejar la isla cuando entran al séptimo mes e irse a Punta Arenas. Además, ningún habitante tiene isapre, ya que ninguna compañía acepta afiliarlos por la distancia y el elevado costo que tendría un traslado desde Williams a Punta Arenas. Por lo tanto, todos son Fonasa.

Ahí sólo existe el jardín infantil Ukika y el Liceo Donald McIntyre Griffiths, que imparte enseñanza básica y media. No hay opciones para estudios superiores y los que pueden viajan a Punta Arenas o Santiago. El resto se dedica a la pesca o al turismo. Los marinos tienen instituciones exclusivas para ellos, en educación y salud.

Los habitantes de Puerto Williams acuden a cuatro almacenes que se aprovisionan los sábados, cuando llega un ferry que es coordinado con un proveedor general. Pero en algunas ocasiones, este proveedor no logra comprar algún producto o simplemente se le olvida, por lo que todo el pueblo se queda sin ese alimento. Antes, ese mismo ferry llegaba una vez al mes.

Esa experiencia de desconexión vivió Denis Chevallay, guía de la zona que llegó hace más de 20 años a Williams, después de haber estado mochileando por América del Sur. “Era muy común que acá no encontraras una botella de Coca-Cola o una cajetilla de cigarros. Todo lo que había era arroz y fideos, y a veces eso se mantenía durante meses”, cuenta y agrega: “Antes llegabas a la isla, pero no sabías cuándo te podías ir porque sólo existían tres vuelos para 18 personas. Muchas veces me sumé a una lista de espera de dos semanas”.

Otra realidad que enfrenta la ciudad es la movilización, ya que no existe el transporte público y la mayoría de las personas deben trasladarse a pie o en su propio auto. Pero por alguna extraña razón, quizás porque vivimos en Chile, como dijo un locatario, hace unos años se construyeron varios paraderos de micros para una flota de buses que no existe.

Un bosque en miniatura
Ubicado a 2,5 kilómetros del centro de Puerto Williams, el Parque Etno-botánico Omora deslumbra a todos los visitantes con sus más de 250 hectáreas que están bajo la administración de la Universidad de Magallanes, el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB-Chile) y la Fundación Omora. Además, la zona forma parte de la Red Chilena de Estudios Socio-Ecológicos a Largo Plazo (LTSER Chile).

Al entrar al bosque se siente inmediatamente el olor a bosque, a ñirre, canelo y tierra húmeda, junto con el constante sonido de los pájaros carpinteros que rompen los troncos de los árboles más viejos y grandes para crear sus nidos. Algunos de esos mismos árboles están inclinados por la fuerza del viento. El parque, que es visitado semanalmente por niños y turistas, cuenta con un circuito con los bosques más australes del planeta.

Miguel Troncoso es el guía encargado de hacer los tres circuitos dentro del parque y cuenta, a través de simples relatos, los conocimientos científicos que entrega el lugar. En el primer circuito se pueden apreciar digueñes, un hongo típico de la zona que se genera en las ramas de los árboles para evitar que se infecte todo el tronco y absorba todos sus nutrientes. Este hongo es comestible y servido en varias preparaciones.

El guía Miguel Troncoso.

“Tal como en el norte tenemos grandes telescopios donde miras las estrellas y los desiertos, acá en la zona antártica tenemos estas lupas donde miramos los insectos, arañas y plantas”, dice Troncoso, mientras entrega unos pequeños lentes con un aumento de 10x que sirven para adentrarse en la segunda parte del circuito que es el bosque de miniatura de Cabo de Hornos. Estos instrumentos permiten que sus visitantes puedan acercarse más las especies y logren ver con detalles la flora del bosque, al nivel de los bordes de las hojas más pequeñas del lugar.

El último circuito finaliza en las zonas sumergidas del Cabo de Hornos, donde se recorren varias estaciones alternativas del río Róbalo desde su desembocadura en el canal Beagle hasta su nacimiento en las alturas de los Dientes de Navarino. “Acá encontrarán a los más diversos habitantes de la cuenca que provee de agua potable al poblado más austral del planeta”, explica Troncoso mientras toma alguna pequeña especie que luego mostrará en unos microscopios.

Una vista con historia
Arriba del barco Alakush, Denis Chevallay, con su acento francés, cuenta la historia de la caleta Wulaia, que en yagán significa bahía hermosa. Desde Williams hasta el destino es más de una hora y media de recorrido, donde el frío comienza poco a poco a calar más hondo y el viento hace que toda la tripulación esté dentro de la cabina. “¿Sienten el frío? Es porque ahora estamos en las puertas de la Antártica. A tan sólo una hora de distancia”, cuenta Chevallay antes de subirse a un zódiac que lleva a la gente a la caleta para realizar un trekking de dos horas.

Casas de Puerto Williams.

Wulaia es conocida por la masacre de ingleses que ocurrió en la isla. En 1830, el capitán Robert FitzRoy llegó a la isla junto a Charles Darwin, con el fin de crear relaciones y educar a las tribus yaganes del sector. Es por eso que tomó a cuatro indios y los llevó a Inglaterra donde se les enseñó inglés y agricultura. Jemmy Button fue uno de los indios que más destacó y lo devolvierona su tierra natal, para que se convirtiera en un puente entre los futuros ingleses que visitaran la isla y el pueblo yagán.

Luego en 1860, otra embarcación regresó a Wulaia y se encontraron con Button, pero esta vez apenas hablaba inglés y ya había perdido la costumbre de vestir ropa, es decir, estaba inserto en su antiguo hábitat. Los registros históricos cuentan que el capitán de esta nueva embarcación usó algunos yaganes para cargar cosas y éstos robaron alimentos, lo que generó un conflicto entre ambos grupos. Toda la tripulación bajó del barco, excepto el cocinero. Fue él quien en un juicio realizado en esa época relató que los yaganes comenzaron a matar a todos los ingleses y eran liderados por Button.

Finalmente, el cocinero logró escapar y se escondió por 12 días en un bosque cercano hasta que fue encontrado por otra embarcación. Button fue llevado a juicio en Inglaterra y aseguró que el ataque lo habían realizado otros indios de Tierra del Fuego, pero se descartó esa posibilidad porque ellos no tenían cómo trasladarse hasta Wulaia.

En la caleta aún sigue en pie una de las dos casas que se construyeron en 1931 como una radio estación para la Armada. Chevallay cuenta que durante un tiempo estuvo administrada y cuidada por una familia croata, pero que luego fue abandona y vendida por el gobierno en el 2007 a la empresa de cruceros Australis, quien la convirtió en un museo que recibe dos veces a la semana a 220 pasajeros que provienen de Cabo de Hornos.

El trekking que realiza Chevallay es al interior del bosque de la isla. El sendero está marcado y hecho por el mismo guía, quien se encarga de mostrar los estragos de los incendios que realizaban los croatas para eliminar todos árboles y poder sembrar. Al llegar a la cima se pueden apreciar un par de islas más alrededor y la vista a parte de la cordillera con la imagen infinita del mar azul que apunta hacia la Antártica. El lugar es considerado el mejor fondeadero de la parte chilena del canal Beagle, por estar protegida de los vientos de los cuatro cuadrantes del sector.

Un lodge en la zona más austral
Con más de diez años de funcionamiento, Lakutaia es el primer y único lodge de la zona que ofrece hospedaje y excursiones en medio de la naturaleza. Con 24 habitaciones y 19 trabajadores, el hotel trata de hacer sentir a sus pasajeros como si estuviesen en su casa. En las piezas no hay wifi ni televisión, ya que “la entretención está en los paisajes que ven desde las ventanas”, dice Marisa Pugliese, gerente del hotel.

Ella es la encargada de cumplir ese objetivo junto a su equipo compuesto por personas de distintas partes de Chile. “No es fácil convencer a las personas que se vengan a trabajar al fin del mundo”, dice entre risas. Pugliese llegó hace dos años a Puerto Williams, junto a su marido y sus hijos de siete y dos años, luego de haber trabajado en distintos sectores de Torres del Paine y Ushuaia. También ha sido testigo de cómo el turismo en la isla ha aumentado considerablemente en el último tiempo, gracias a visitantes de países como EE.UU., Brasil, Canadá y Europa, y chilenos que vienen a conocer los Dientes de Navarino. Todos buscan desconectarse en una zona donde todavía son escasos los turistas.

“Nos hemos convertido en una extensión del turismo en Magallanes. La gente está empezando a descubrir el silencio que existe acá, la no intervención humana y la sensación de que estás parado frente a un paisaje donde tú eres el primero que lo ve”, dice Pugliese. Pero trabajar en un lodge en una zona tan austral, y que sólo está abierto de septiembre a abril porque en los otros meses el frío congela las cañerías, no es fácil. Pugliese cuenta que para atender a los más de 900 pasajeros que reciben cada temporada, la planificación, la paciencia, la creatividad y el cariño son primordiales para enfrentar los imprevistos.

Por ejemplo, el año pasado organizó un cóctel con pisco sour para los pasajeros. Programó con meses los pedidos, pero al ir a recibir la mercadería el día sábado no habían llegado los limones. “Tuve que salir al pueblo a pedir casa por casa que me prestaran limones y prometerles que el otro sábado se los devolvía”, cuenta la gerente. “Después en el evento nos reíamos por todo lo que habíamos sufrido, pero logramos hacer los pisco sours. Lo bueno que tiene un pueblo chico es que la convivencia diaria es una herramienta interesante que uno tiene a mano ante cualquier emergencia”, agrega.

¿Cómo se podría potenciar más el turismo en Puerto Williams?
Capacitando a los más jóvenes en esa línea. Ofrecerles, al menos, la opción para que desde la enseñanza media tengan una aproximación al turismo para que vean si es lo que quieren hacer a futuro. También falta una ayuda con la vocación laboral, ya que aquí no existen muchas opciones. Guiar y crear más profesionales en la zona.

¿Cómo lo piensas hacer con tus hijos?
Eso lo veremos más adelante. Hoy me preocupo de que sí me lleguen los limones.

DÓNDE DORMIR

Lakutaia Lodge realiza en todas sus temporadas programas al Parque Etno-Botánico Omora, trekking mirador Dientes de Navarino, navegación a la Antártica, sobrevuelo a Cabo de Hornos y trekking a Caleta Wulaia.

Contacto: lodge@lakutaia.cl Teléfono: (+56 61) 262 1721 / 262 1733
Reservas: ventas@lakutaia.cl