*

Tendencias
Compartida
Actualizado el 11/08/2017
Estás leyendo:¿Quién mató a la orca 1904?

¿Quién mató a la orca 1904?

Autor: José Miguel Jaque y Mariano Tacchi

Más de mil especies de animales marinos terminan en alguna playa de nuestro país cada año. Pero la llegada de una gigantesca orca a la zona de Santo Domingo es algo poco común y el misterio sólo creció cuando se detectó que el animal estaba lleno de marcas y rasguños.

¿Quién mató a la orca 1904?
Gentileza Jhoann Canto

Pasadas las siete de la tarde, el lunes 10 de julio José Luis Brito, director del Museo de Historia Natural e Histórico de San Antonio, recibió un llamado desde la subcomisaría de Santo Domingo, en la Quinta Región. “Una mujer detectó un animal en la playa. No sabemos si está vivo o muerto”, le dijo un carabinero y agregó: “Al parecer es una orca”.

Brito dudó de que se tratara de uno de esos animales marinos equivocadamente conocidos como “ballenas asesinas” cuando en realidad pertenecen a la familia de los delfines. El último varamiento de un ejemplar de esta especie, que se distingue por su gran tamaño y porque es blanca con negro, en la zona había ocurrido hacía 30 años en Isla Negra. Pensó que seguramente se trataba de un delfín austral, que tiene el mismo patrón de colores. “La gente suele confundir especies porque, en general, es bastante inculta respecto a la vida silvestre”, explica.

Pero a las cinco de la mañana del miércoles su celular volvió a sonar. “Hay un cetáceo grande en la playa… parece una orca”, le dijo emocionado un pescador deportivo al que conoce hace tiempo. “Su aleta se mueve… ¡puede estar viva!”, insistió, aunque después determinaron que había sido efecto del oleaje. “Mándame fotos enseguida”, le dijo Brito. Al recibirlas, el director del museo también se emocionó: efectivamente, una orca había varado en la playa sur de Santo Domingo, cerca de la Reserva Nacional de El Yali.

CSI Santo Domingo

Se trataba de un macho adulto-joven de casi ocho metros y cerca de tres toneladas perteneciente a la especie Orcinus Orca, la cual tiene mala fama sobre todo debido a la película Orca, la ballena asesina de 1977. “Pero ni es ballena ni es asesina”, recalca Brito.

En efecto, este cetáceo es un depredador de los océanos porque por su tamaño, habilidad y fuerza tiene pocos competidores en el resto del mundo animal, lo que lo sitúa en la cima de la cadena alimenticia, pero pese a que desde la Antigüedad se le considera un animal feroz y peligroso, se han registrado muy pocos ataques contra humanos en la historia por parte de individuos de esta especie en libertad. Sí ha ocurrido que algunos ejemplares en cautiverio han atacado a personas, pero tal como plantea el conocido documental Blackfish que muestra el caso de Tilikum, uno de estos animales que se vio involucrado en la muerte de tres personas en las últimas dos décadas, esto responde fundamentalmente al estrés al que se ven expuestos estos animales que suelen andar en grupos familiares, forman estructuras sociales complejas y utilizan un método de comunicación muy desarrollado, al ser separados de sus pares y encerrados en lugares pequeños.

Para confirmar si el animal que se encontraba en Santo Domingo era efectivamente una orca, personal del Museo de San Antonio, del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) y una patrulla de la Armada se reunieron en la playa. “Fue impactante ver un animal de esas dimensiones en la playa”, dice Felipe Cancino, cabo 1° de la Armada que realizaba labores de patrullaje y resguardó el sitio del suceso ante la posibilidad de que los curiosos entorpecieran las labores de los peritos.“Cuando llegamos ya había mal olor”, recuerda Pablo Saravia, quien operó la retroexcavadora municipal que movió al cetáceo. Pese a que el animal llevaba al menos seis días muerto, se pudo extraer muestras de sus órganos para analizarlos y aunque los resultados de los análisis histopatológicos -estudios de los tejidos orgánicos para determinar enfermedades- estarán en dos o tres meses, en apariencia física parecía un animal sano.

Jhoann Canto, curador del área de vertebrados del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), llegó al lugar a coordinar el proceso. Midió y fotografió a la orca, revisó su cuerpo, sus oídos y globos oculares y las aletas en busca de mordidas de tiburones u otras especies. No encontró señales de que se hubiese enredado en mallas de pescadores, ni marcas de anzuelo en su boca, ni de arpón, ni de disparos.

Gentileza Municipalidad Santo Domingo

Marcas en la piel

Si no fueron las mallas, ni un arpón, ni una mordida, quedaba por aclarar por qué un ejemplar que se veía joven y sano terminó varado y muerto en la playa chilena de Santo Domingo. Pero al mirar con detención, Canto se dio cuenta de que el animal estaba lleno de marcas. “Es como si le hubieran pasado un rallador”, pensó. “Nunca había visto algo así en orcas”, agrega.

Hoy explica que los cetáceos se hacen lesiones para establecer jerarquías: te muerdo porque mando yo y a partir de eso levanta su hipótesis sobre lo ocurrido: que lo más probable es que este cetáceo haya sido agresivo con una hembra y con sus crías para convertirse en el nuevo macho dominante del grupo, tal como hacen otras especies como los gorilas o los leones. Si este ejemplar intentó tomar control del grupo y no le funcionó, sugiere Canto, fue atacado por los otros miembros del grupo. “Si aparece un macho agresivo que ataca a las crías, el resto del grupo protege a la hembra y a las crías, entonces pudo haber sido expulsado del grupo. Y a este animal le dieron duro. Muy duro”.

Miguel Iñíguez, presidente de Fundación Cethus en Argentina, que realiza trabajos de investigación y conservación de cetáceos, explica que los grupos familiares de orcas están liderados por una hembra adulta, es decir, es una sociedad matriarcal. Cada integrante tiene un rol y de acuerdo al investigador, los machos pueden alejarse por tiempos prolongados para, entre otras cosas, reproducirse con hembras de otros grupos.

En este caso concreto, al investigador le llama la atención la gran cantidad de marcas de dientes. “No he visto esto antes”, explica Iñíguez y agrega: “Coincido con Jhoann que corresponden a otros ejemplares y pueden ser de individuos de su mismo grupo, ya sea para asistirlo si tenía alguna dificultad, o de otro grupo por disputas por zonas de cacería o por no ser aceptados por el grupo”, dice, aunque recalca que sólo son hipótesis.

En busca de más respuestas, las fotografías de la orca fueron analizadas por John K. Ford, profesor en el departamento de Zoología e Instituto de los Océanos y Peces de la Universidad British Columbia, en Canadá. Ford confirma que las heridas parecen haber sido hechas por los dientes de sus pares. “Vemos estas marcas frecuentemente en orcas, pero generalmente no con tanta intensidad en tantas partes del cuerpo, esto es muy inusual”, coincide con sus colegas.

A diferencia de ellos, él no cree que hayan sido parte de un ataque porque en ese caso las heridas serían mucho más profundas. “No hay forma de saber las circunstancias de la interacción social que gatilló esta conducta. Es poco probable que la orca haya sido exiliada de su grupo, pues esta especie suele tener vínculos sociales muy fuertes y se mantienen por la mayor parte de su vida, incluso durante toda la vida, con el grupo en el cual nacen”.

Un posible escenario, aventura entonces Ford, es que el animal estuviera moribundo o enfermo y que las marcas sean el resultado del intento de otros dentro de su clan de ayudarlo y sostenerlo en la superficie para que pudiese respirar.

Sólo un número

“No acostumbramos a ponerles nombre”, explica Jhoann Canto, “pero este es el código de consulta”, dice extendiendo un papel con el número 1904, que es lo más parecido que tiene la orca a un nombre.

En Chile, los cetáceos -vivos o muertos- son considerados por ley como patrimonio natural y el organismo autorizado para disponer de ellos es el Museo Nacional de Historia Natural, mientras que la administración de estos recae en la Subsecretaría de Pesca y el ente fiscalizador es Sernapesca.

Sin embargo, como la orca varó en Santo Domingo, José Luis Brito realizó gestiones para que se quedara en el museo del puerto. En un principio, asegura, le dijeron que sí, pero en la playa se enteró de que finalmente los restos de la ballena terminarán en la capital, tal como lo indica la ley. “Uno hace la pega en terreno, el registro y otros se llevan el premio”, pensó Brito, enrabiado y luego agrega: “La orca varó acá y tenemos un museo, lo lógico era que se quedara. Tanto que hablamos de descentralizar… “.

La ley de Monumentos Nacionales es la que faculta directamente al MNHN a tratar con dicho patrimonio y decidir si se mantendrá en depósito en la colección del museo, pasará a ser parte de exhibición o será prestado a otros museos regionales. Claudio Gómez, director del MNHN, dice que dado que la institución no cuenta con un ejemplar de orca, en este caso se pretende mantenerla para trabajo científico y consulta para investigadores. Así la orca 1904 quedará en custodia y terminará como un ejemplar más de la biblioteca del museo.

Pero falta para que eso ocurra. Tras tomar las muestras, el equipo movió el cuerpo que pesa entre seis y siete toneladas con una retroexcavadora y enterró a 1904 a dos metros de profundidad en la misma zona en que la encontraron y georreferenció el punto. “En abril o mayo del 2018, con el GPS en mano, vamos a desenterrar su esqueleto para trasladarlo al museo”, explica Canto.

imagen-orca-4_jose-luis-brito-ok-4

Gentileza José Luis Brito

LOS VARAMIENTOS

El encallamiento de cetáceos y otros mamíferos acuáticos en la arena de la playa o en la orilla del mar es un fenómeno común. Puede que un individuo sea viejo, esté enfermo o herido y no tenga fuerzas y sea arrastrado a la costa. O también puede que un animal se confunda por el cambio de condiciones ambientales o la intervención humana.

Según datos de Sernapesca, en los últimos siete años, en las costas del país han varado 4.521 animales marinos: 491 son ballenas y cachalotes; 329 cetáceos; 1.710 lobos marinos y 1690 pingüinos, entre otras especies. Lo llamativo es que el número se quintuplicó entre 2009 y el año pasado. En Sernapesca explican que detrás de este aumento hay factores como el cambio climático, los efectos del fenómeno del Niño de los últimos años -que conllevan una disminución de alimento para estas especies-, la intervención de hábitats costeros, la contaminación, la pesca incidental. Pero también agregan que hoy la población reporta más este tipo de incidentes.

Papel digital