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Actualizado el 19/04/2017
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Ramón Griffero, nuevo director del Teatro Nacional: “Esta no será una labor solitaria”

Autor: Pedro Bahamondes Ch.

En mayo el dramaturgo de 64 años asumirá la dirección de la sala Antonio Varas de la U. de Chile. Sucederá en el cargo a Raúl Osorio, quien salió en 2016 en medio de una profunda crisis.

Ramón Griffero, nuevo director del Teatro Nacional: “Esta no será una labor solitaria”
El autor de obras como Cinema Utoppia, 99 La Morgue y Río abajo, fue nombrado ayer por la Universidad de Chile como el sucesor de Raúl Osorio.

Fue un proceso largo y que se mantuvo en el mayor de los secretismos. No era fácil para las autoridades de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile hallar a un nuevo director para el Teatro Antonio Varas: en enero del año pasado, cuando se alistaban los festejos por los 75 años del ex Teatro Experimental de la misma casa de estudios, la abrupta y bullada salida de su último responsable, Raúl Osorio, no solo destapó una profunda crisis administrativa al interior del espacio, sino además una tensa relación con la universidad y su distancia de la escena teatral que alguna vez lideró.

Desde entonces, una comisión extraordinaria y encabezada por la decana, Clara Luz Cárdenas, tomó las riendas del teatro mientras se iniciaba la ardua y extensa búsqueda de un nuevo conductor. Semanas atrás, sin embargo, el nombre de un conocido director comenzó a hacer eco entre los pasillos de la sala ubicada en el número 25 de calle Morandé: Ramón Griffero. Las versiones finalmente se esclarecieron ayer por la tarde: “La Facultad de Artes de la Universidad de Chile informa a la comunidad universitaria que el nuevo Director Artístico del Teatro Nacional Chileno es el destacado dramaturgo y director teatral Ramón Griffero Sánchez, quien fue elegido a través de un concurso público realizado recientemente por la facultad”, se lee en el comunicado oficial.

“Ayer por la mañana estaba en una reunión por asuntos de la Red de Salas cuando recibí un llamado de Jorge Gaete, decano subrogante de la facultad, para felicitarme, pues me habían elegido el nuevo director del Antonio Varas”, cuenta Griffero, de 64 años, líder de la compañía Teatro Fin de Siglo y actual responsable del Teatro Camilo Henríquez, cargo que asumió en diciembre de 2014, cuando fue designado por el Círculo de Periodistas. “Ellos ya están al tanto de mi llegada al Nacional y se hará una transición para encontrar a alguien más. Por mi parte, yo seguiré aportando y colaborando seguramente en hacer interacciones con el teatro, intentando que ambas salas dialoguen. Además, estoy con temporada de 99 La Morgue allí, y mi idea es que el Camilo Henríquez siga la misma línea que habíamos impulsado, para que la programación de este año, que ya quedó hecha, siga su curso”, señala.

Griffero asumirá en mayo próximo la dirección artística del Antonio Varas, que tras los reestrenos de El Hotel, de compañía La María, además de los de Escuela y esta semana el de Mateluna, ambas de Guillermo Calderón, ya había anunciado otros dos montajes para el semestre: El automóvil amarillo (aún sin director), y la reposición de la premiada obra Donde viven los bárbaros, de Pablo Manzi.

“Respetaré todo lo que está programado, pues hay personas que ya están preparándose para subir al escenario y yo no detendré ni un solo proceso”, aclara. “Además, antes de pensar en la programación pretendo construir un ideario para esa sala, levantar un diálogo interdisciplinario que le devuelva su calidad de centro neurálgico para la creación artística. También generar alianzas, convocar creadores, reabrir sus puertas. Esta no será una labor solitaria, pues al ser un teatro de carácter público debe ser un centro para el saber que dé a conocer el espíritu de un país”, añade.

En una entrevista publicada a comienzos de abril en estas páginas, Griffero anunció además una precandidatura parlamentaria por la V Costa, respaldado por Revolución Democrática y el Frente Amplio. Tras su nombramiento, sus planes cambian: “Agradezco la nominación, pero concentraré todas mis energías en programar y generar otras dimensiones para el Teatro Nacional. Por lo tanto, bajaré la candidatura”.

Por ahora evita lanzar nombres de directores, compañías y obras que quisiera ver sobre el mismo escenario donde estrenó Río abajo (1995) y Brunch. Almuerzo de mediodía (1999). Prefiere, dice, “reinsertarlo y que ofrezca un buen teatro contemporáneo. Y cuando digo teatro contemporáneo no quiero decir textos escritos nada más que en los últimos años, sino mostrar incluso obras patrimoniales, de los griegos hasta hoy, pero que contengan distintas miradas”. También fortalecerá, adelanta, “la relación del teatro con su entorno, la divulgación de la dramaturgia nacional y la creación sin censura. Pero antes de cualquier otra cosa, debemos plantear ese ideario y darlo a conocer a la gente: el Teatro Nacional debe ser conocido nuevamente para que la gente lo pueda querer; nadie quiere lo que no conoce”.

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