Reflexiones sobre una prohibición

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La decisión de las autoridades cubanas de no dejar entrar a su territorio a Mariana Aylwin, quien se proponía participar en una actividad disidente del régimen, en la cual se iba a rendir un homenaje a su padre, Patricio Aylwin, ha causado en Chile un gran debate. Es justo que así sea, pues es un hecho grave.

Claro, no es algo determinante en los afanes diarios del gobierno de Chile y en la agenda política inmediata de su coalición, pero está lejos de ser una pelea pequeña, de detalle.

Es muy probable que los argumentos esgrimidos por quienes han intervenido en tal debate estén condicionados en ocasiones por sus intereses políticos, tanto por quienes condenan el hecho como por aquellos que creen que se trata de una provocación de la afectada.

También hay cálculo en quien le manda saludos a la interdicta casi al pasar, y después llama a la calma haciéndose el distraído.

Independientemente de ello, el tema es importante para definir con mayor claridad cuáles son los valores, el ethos político y cultural de un proyecto reformador de centroizquierda en el largo plazo.

El argumento entregado por las autoridades cubanas para tomar esta medida plantea que dicha actividad no era inocente, sino llena de enjundia política, destinado a crearle graves problemas a su gobierno y, en consecuencia, tendría un cariz "anticubano".

No dejar entrar a Mariana Aylwin no fue entonces una simple "maladresse" diplomática, sino una defensa patriótica dura, pero necesaria.

El argumento es válido, sí, pero para una dictadura.

En un sistema democrático, donde la oposición es legítima y legal, no tiene sentido negarle el ingreso al país a alguien por indeseable que le parezca al gobierno, salvo por razones que van más allá de la política, por móviles de criminalidad o terrorismo.

Creo que respecto de ambos temas el móvil en este caso resultaría absurdo. Ni el contradictor más extremo de Mariana la puede imaginar como una reina del crimen o una amazona terrorista.

Las razones sugeridas, entonces, suponen una lógica dictatorial.

Claro, Cuba tiene su propia historia y sus particularidades, pero su Constitución Política de 1976 refrendada en lo esencial en el 2002 tiene en sus pilares básicos los mismos principios y conceptos de la Constitución que tenían la Unión Soviética y los países del Este europeo.

Se plantea en ella un partido único, dirigente, inamovible y sin alternativas, así lo dice el artículo quinto: "El Partido Comunista martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance a la sociedad comunista".

En el artículo 53 "se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista" (sic). Obviamente, no a quienes se les pasen ideas raras por la cabeza pensando en otros fines.

Por si quedara alguna duda, el artículo 63 señala: "Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y los fines del Estado Socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible".

Así es como Cuba se autodefine, como un sistema en el cual las reglas básicas en las que se basan los procedimientos de la democracia no cuentan.

Sería bueno que sus admiradores locales tomaran nota de ello y terminaran de atribuirle al sistema cubano pretensiones de pluralismo, respeto a las minorías políticas y el derecho a que ellas puedan transformarse en mayoría, o bien vigencia de los derechos políticos o civiles clásicos, todo lo cual, en buen cubano revolucionario, son sólo "boberías".

Naturalmente, Chile tiene que reaccionar de acuerdo a sus convicciones democráticas y protestar enérgicamente, exigiendo para nuestros nacionales el ejercicio del libre tránsito y la libertad de opinión.

Por supuesto no se trata de romper puentes "ad infinitum", Chile debe convivir, comerciar y cooperar con países que no practican la democracia , que son muchos en el mundo.

Para los demócratas sería muy deseable que Cuba se desplazara hacia una realidad cada vez más democrática, pero es un tema que compete sustancialmente a los cubanos, y ya que hablamos de esto, ojalá que Trump no meta sus bototos ahí, hostilizándolos.

Resulta curioso de otra parte las similitudes lingüísticas que comparten dictaduras y populismos, identificando a quienes están en el poder con la nación en su conjunto. Los soviéticos solían hablar de "actividades antisoviéticas"; los venezolanos, de actividades "antivenezolanas", y los cubanos hablan de "actividades anticubanas".

Pero esta identificación no es monopolio solo de las dictaduras, recordemos que el macartismo en Estados Unidos durante los años mas duros de la Guerra Fría, que afortunadamente duraron poco, constituyó también un comité senatorial sobre las actividades "antinorteamericanas" ante el cual desfiló medio Hollywood y muchos de los principales intelectuales norteamericanos. Incluso, Charlie Chaplin se tuvo que ir a Europa.

Estando en el exilio, el 5 de diciembre de 1979 vine a Chile acompañado de un diputado liberal colombiano y un dirigente comunista italiano respondiendo a una invitación de Cepal. Cuando nos acercamos a la ventanilla de ingreso, la policía nos detuvo y nos informó que en virtud de la resolución 4887 del Ministerio del Interior, que nadie nos explicó en qué consistía, seríamos expulsados de inmediato.

Cuando le exigí al policía que me escoltaba al avión que me dijera la razón, me señaló: "Parece que usted hace actividades antichilenas, señor".

Es verdad que contribuía a organizar sin cesar actividades que ayudaran a Chile a volver a la democracia, jamás se me pasó por la cabeza identificar a Chile con el dictador.

En el debate actual, algunos dirigentes comunistas han señalado que ellos no tienen por qué responder por Cuba, en principio tienen razón, como también la tienen al señalar que el Partido Comunista chileno tiene una larga trayectoria al interior de las instituciones democráticas.

El problema es que esa práctica contradijo por años sus concepciones doctrinarias y su apoyo sin fisuras a las dictaduras comunistas en el mundo.

No sé lo que pasa hoy en su seno con lo doctrinario, ni siquiera sé si pasa algo, y dictaduras comunistas ya casi no quedan, a algunas se les esfumó la dictadura y a otras lo comunista.

Cuba es una de las pocas que aún existen.

Resultan comprensibles los sentimientos de gratitud y nostalgia, pero al final del día no es posible declararse vegetariano mientras se saborea una hamburguesa.

De alguna manera se requiere poner en consonancia teoría, práctica política y parentescos internacionales, y ello no es una necesidad solo de los comunistas chilenos…

No es un tema de detalle, porque afecta la concepción y viabilidad de una coalición reformadora que luche por avanzar hacia una sociedad de mayor igualdad y progreso en la cual las reglas de la democracia de los procedimientos constituyan un valor permanente e irrenunciable.

Sería bueno que esta dura experiencia contribuya a esa reflexión.

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