La Tercera

Región de La Araucanía posee la mayor tasa de organizaciones civiles del país

Ignacio Irarrázaval, director del Centro de Políticas Públicas UC

“El sector de la sociedad civil surge fundamentalmente como resultado de fracasos del mercado para producir bienes colectivos y también de la insatisfacción con depender exclusivamente de grandes burocracias estatales para prestar servicios humanos”, dice Lester Salamon, director del Centro de Estudios de la Sociedad Civil de la U. Johns Hopkins (EE.UU.).

Salamon se refiere así a las organizaciones constituidas por ciudadanos que se agrupan libremente para procurar un bien colectivo y que tienen cinco características fundamentales: ser autónoma, no distribuir utilidades entre los miembros, ser voluntaria y privada. Desde Bomberos hasta un pequeño club deportivo son parte de este universo, también conocido como tercer sector.

El académico será uno de los responsables de presentar el martes el estudio Sociedad en acción, del Centro de Políticas Públicas UC y la Fundación Chile+Hoy, que hace una radiografía a estas organismos y que, entre otros resultados, concluye que la Región de La Araucanía posee una tasa de 28,6 organizaciones civiles por cada mil habitantes, el número más alto en todo el país. En la Región Metropolitana la cifra es de 8,3 y el promedio nacional es de 13.

“Las organizaciones tienen un patrón más desconcentrado de distribución en comparación a la población nacional”, explica Ignacio Irarrázaval, director del Centro de Políticas Públicas UC.

La posición de La Araucanía no se explica solo por el tema indígena, ya que las organizaciones de este tipo no superan el 8% del total regional. “En La Araucanía hay una tasa más alta en el ámbito del desarrollo social que incluye a organizaciones comunitarias, vecinales, comités de desarrollo urbano y desarrollo social en general. A partir de esto, podría hipotetizarse que por ser la región con mayor pobreza relativa del país, hay un mayor interés de las personas en organizarse para acceder a mecanismos de apoyo y fondos”, dice Irarrázaval.

En Chile existen 234.502 organizaciones de este tipo y la tasa nacional es de 13 instituciones por cada mil habitantes que incluso supera a la de países como EE.UU., donde es de 4,8. Salamon plantea que la estabilidad política del país ha sido uno de los factores que han permitido su fuerte desarrollo. “Esto fue ciertamente interrumpido por el golpe militar y sus políticas represivas, pero desde el regreso de la democracia, el sector de la sociedad civil ha sido capaz de revivir y ganar apoyo público y gubernamental”, explica.

Recursos y filantropía

El 44% del financiamiento de estas instituciones corresponde a recursos propios, 41% a fondos estatales y el 15% proviene desde la filantropía, dice el estudio. Irarrázaval señala que el financiamiento gubernamental en Chile no es tan alto como en otros países. En Alemania, por ejemplo, es del 65%. “Lo importante es que el financiamiento del gobierno no capture a las organizaciones”, señala y que el financiamiento sea equilibrado. Dice, por ejemplo, que por el hecho de no estar metida en la burocracia estatal, la Teletón tiene que estar pensando siempre en sus beneficiarios y no en rendir cuentas al Estado. “Tiene que estar buscando financiamiento, tiene que estar actualizada, ser muy dinámica, eso le pone presión”, plantea.

Salamon añade que “la sociedad civil es única movilizando de manera singular la iniciativa privada para el bien común”.

En torno al aporte de la filantropía, el experto de la U. Johns Hopkins explica que la cifra del 15% es cercana al promedio global y consistente con EE.UU. donde la filantropía es considerada robusta. “La idea de que las organizaciones de la sociedad civil son mayormente financiadas por la filantropía es uno de los grandes mitos sobre este sector”, afirma.

El Centro de Filantropía e Inversiones Sociales (Cefis) de la U. Adolfo Ibáñez (que no es parte de este estudio), coincide en que la filantropía local está aportando a la sostenibilidad del tercer sector al mismo nivel que en muchos países desarrollados, pero plantean que aún quedan desafíos.

“Por parte de los capitales pacientes que provienen de la filantropía, existe el reto de comprender con mayor fuerza la necesidad de colaborar en el fortalecimiento y sostenibilidad de las organizaciones del tercer sector, eje fundamental de la cohesión social y del fortalecimiento de la democracia”, dice Magdalena Aninat, directora del Cefis.

Aninat agrega que las organizaciones de la sociedad civil deben demostrar mayor efectividad en sus intervenciones y mejorar los estándares de transparencia y el Estado debe establecer una legislación que unifique y facilite la participación de todo tipo de donantes, empresas y sobre todo personas, en un sistema simple y confiable de donaciones.

En torno a este último punto, el estudio Sociedad en acción, estima que es necesario avanzar en la simplificación y unificación de criterios que emanan de las distintas leyes de donaciones, ya que el sistema actual muchas veces resulta ser engorroso y de difícil comprensión.