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Actualizado el 14/01/2017
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El retiro de José Zalaquett

Autor: Ignacio Bazán

Hace exactamente un mes, el reconocido abogado de DD.HH. José Zalaquett (74) dejó de hacer clases en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Problemas para mantener el equilibrio lo convencieron de que era mejor salir. Aquí habla del siempre convulsionado clima interno dentro de su facultad, de las aspiraciones presidenciales de dos de sus profesores, de la “girardización” del PPD -su ex partido- y de arte, quizás, lo que más lo conmueve.

El retiro de José Zalaquett
Foto: Javier Salvo / La Tercera

Esa mañana del 14 de diciembre del año pasado estaban ahí sus ayudantes y sus ex ayudantes de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. José Zalaquett, tras 21 años, ponía fin a su carrera en las aulas. Sin entrar en detalles demasiado profundos, Zalaquett dice que hubo emoción. “Les dije a mis alumnos que hubiera querido darles lo mejor de lo que soy capaz, pero las circunstancias marcaron otra cosa. Les deseé buena suerte”. Ellos le regalaron una caja de chocolates y una libreta con mensajes de despedida. Después, se fue a almorzar a Le Fournil con sus ayudantes actuales, entre ellos, el diputado Gabriel Boric, quien ese día escribió en su cuenta de Twitter: “Un gigante, gracias @JoseZalaquett x darnos la oportunidad de aprender tanto de y con usted”.

Zalaquett dice sonriendo que eso le ganó cien seguidores “de un zuácate” (tiene casi ocho mil). “Le tengo mucho afecto a Gabriel”, agrega.

Su salida de las salas de clase de la universidad se debe a su actual falta de movilidad. A Zalaquett le cuesta incluso desplazarse por su departamento de Providencia, que enfrenta al Parque Uruguay y al cerro San Cristóbal. Superó tres tipos de cáncer, tiene una prediabetes y dificultad para escuchar, pero lo que lo sacó de las aulas terminó por ser algo físico. “Voy a seguir en la universidad guiando tesis y haciendo investigación, por el tiempo que pueda”, aclara, aunque también admite que todo empieza a estar cuesta arriba: “Voy a cumplir 75 años en marzo y a los 75 años todo el mundo se retira, hasta los jueces de la Corte Suprema”.

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Antes de llegar a la Universidad de Chile, José Zalaquett pasó por varias: fue abogado de DD.HH. post Golpe, lo que lo llevó a ser detenido y trasladado a Cuatro Alamos, donde estuvo detenido algunos meses antes de su exilio de nueve años, período en que se transformó en secretario general y luego presidente de Amnesty International. Luego vino el regreso: la academia, la investigación, ser miembro de la Comisión Rettig, hasta completar el círculo y volver a enseñar a la U. de Chile, institución en la que estudió. Eso fue en 1995.

Zalaquett menciona entre sus principales logros en su carrera académica haberse convertido, hace 15 años, en profesor titular de la Escuela de Derecho, la más alta jerarquía en la universidad. Pero también destaca sus clases de invierno, en períodos de tres semanas, en las universidades de Harvard, Nueva York, Notre Dame, Toronto. “Afuera todos se acuerdan qué estaban haciendo para el asesinato de Kennedy”, dice Zalaquett. “Para el Golpe pasó algo parecido. Todos se acuerdan en el exterior qué estaban haciendo cuando ocurrió el Golpe Militar. Fue algo muy simbólico”.

En 2013 lo invitaron a ver temas de reparación a los esquimales en Canadá. Tenía que tomar tres aviones y hacer el trayecto final en trineo. En otros tiempos habría dicho que sí, pero ahora el peso de los años hacía que la propuesta no fuera tan seductora: “En trineo a Canadá no voy”, les dijo.

En el frente interno, dice que nunca le interesó ser decano: “Me pasa lo que les pasa a los académicos de los países del Norte: la gente quiere hacer su docencia, sus investigaciones y no dedicarse a puestos administrativos. La gestión universitaria no me interesa tanto. No tengo vocación política ni he aspirado a cargos de elección popular. Lo que sí tengo es una vocación de servicio público que se manifiesta en DD.HH., medioambiente, anticorrupción, ese tipo de temas”.

¿Cómo vio las pugnas internas de estos últimos años en la Escuela de Derecho de la Chile?

Respaldé el movimiento que encabezó Gabriel Boric en 2009 y su movimiento contra Naum, aunque el decano Naum era amigo mío. El esperaba que yo estuviera a su favor, pero yo no estaba de acuerdo con cómo estaba llevando su decanato. En tiempos de cambios veloces, él creía que debíamos quedarnos detenidos, como en el tiempo en que él estudió. A lo mejor estoy siendo injusto.

¿Qué piensa de los paros que se han estado haciendo año a año en su facultad?

En el movimiento que lideró Boric estuvo muy bien, pero después los estudiantes cayeron en el plurito de pensar que si los eligieron tienen que hacer un paro, si no, no se merecen haber sido elegidos. Yo creo que la escuela debiese exigir más a los alumnos, pero también respetarlos más, que las notas ya no se publiquen más en un diario mural, que el que tenga un 2 salga al lado del que tenga un 7.

En su facultad hay un par de profesores con aspiraciones presidenciales, como Fernando Atria y Carola Canelo. ¿Por qué se da este tipo de microclima para que aparezcan este tipo de liderazgos?
La Escuela de Derecho se jacta con razón de haber tenido 16 ex presidentes en la historia del país. Siempre ha sido una caldera de vocaciones políticas.

¿Qué opinión tiene de Atria?

Conozco a Atria y es muy popular entre sus alumnos, como buen profesor. Mantengo esa impresión, pero no tengo una opinión sobre sus posiciones políticas. No me alineo ni estoy en desacuerdo. Me abstengo de opinar.

¿Y de la profesora Canelo?
Creo que la profesora Canelo es muy combativa, lo que no me parece un mal en sí mismo, pero las causas por las que combate, no estoy de acuerdo con ella.

¿Cómo cuáles?
En esto voy a ser un poco personal. Ella combatió, incluso recurriendo a la Contraloría para que a mí no me nombraran en el Departamento de Derecho Internacional. Tuvo éxito en un comienzo, pero luego el consejo de profesores por unanimidad me incluyó en el departamento como debía ser. Con ella no tengo relación, alguna vez polemizamos públicamente en un consejo de profesores. Yo hablé contra Naum y ella lo defendió.

Usted militó en el PPD. ¿Por qué se salió?
Me di cuenta de que había dejado de ser el partido de la democracia y el partido paraguas de todos los que éramos antidictadura. Terminó siendo el partido de Girardi, con lo cual no estoy de acuerdo. Recuerdo que Sergio Bitar me pidió, cuando era presidente, que formara una comisión de ética que escribió un informe lapidario. Todo el mundo lo aplaudió de pie, pero después se quedó en un anaquel juntando telarañas. El partido me dejó de representar. Eso fue hace nueve años.

¿Qué lo representa ahora?
Me considero más concertacionista que Nueva Mayoría y me considero a mí mismo un socialdemócrata, no un socialista. No estoy de acuerdo con la izquierdización de la Nueva Mayoría.

En eso está en desacuerdo con Boric, entonces, quien está más a la izquierda que la NM…
Nos tenemos mutuo afecto y respeto. Yo votaría por Boric, porque es una persona capaz de dudar. Y eso lo considero una gran virtud en un político.

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En los 70, Zalaquett fue un abogado que protegió a las víctimas del régimen de Pinochet, pero también vivió del otro lado: estuvo varios meses detenido en los centros de Tres y Cuatro Alamos. Los prisioneros tuvieron que hacer una directiva. Y se organizaron para hacer elecciones como si estuvieran en libertad. Eligieron a un miembro de los tres partidos principales de la UP: PC, PS y el MIR. A Zalaquett, que era presidente del Comité Pro Paz, lo eligieron presidente, porque pensaban que tenía techo. “No tenía ni un techo, incluso me castigaron por tratar de conseguir tarjetas para los familiares en Navidad. Me mandaron a un cuarto donde había ratas por una noche”.

¿Qué le parece la petición de que algunos enfermos terminales en Punta Peuco cumplan su condena en sus casas, con sus familias?
Punta Peuco, a diferencia de Cordillera, que era una especie de campamento de verano, no está fuera de los estándares internacionales. Lo que ocurre es que el 99% de los presos en Chile no tiene ese régimen. En ese sentido, la justicia no excluye la humanidad. Está el caso de Honecker, que tenía un cáncer terminal y el estado de Alemania decidió no continuar su juicio por haber ordenado disparar a quienes intentasen cruzar el Muro de Berlín, quien pudo venir a morir a Chile. También está el caso de Rudolph Hess, el tercero de la jerarquía nazi, quien fue condenado a cadena perpetua en el juicio de Nuremberg. Hess se quedó solo en la cárcel hecha para los criminales de guerra, porque su compañeros o cumplieron condena o murieron. Como presidente de Amnistía Internacional enviamos una carta para que a Hess no lo mantuvieran en confinamiento solitario. Nos decían “pero si él es un monstruo”. Nosotros decíamos: “Nosotros no”. No seguimos la ley del ojo por ojo, diente por diente. Liberar a un enfermo de alzhéimer es más un gesto para la familia que para el enfermo. Ahora, esto no solo debería ser aplicado a Punta Peuco, sino que a todos los presos de Chile.

Santiago 11 de enero del 2017 Entrevista al abogado Jose Zalaquett (en la imagen) realizada en su domicilio ubicado en la comuna de Providencia.  FOTO: Javier Salvo/ La Tercera

Foto: Javier Salvo/ La Tercera

Zalaquett es uno de siete hijos de un matrimonio cristiano de inmigrantes libaneses, ambos apolíticos: “Solo querían regresar al Líbano, mi padre nunca lo vio, mi madre fue para el matrimonio de mi hermana, que se casó con un libanés”. Su madre, dice, tenía cinco hijos en peligro. “Patricia, quien estuvo en la clandestinidad y le mataron a su marido en Concepción. Otras dos hermanas se fueron a Nicaragua y se casaron con líderes sandinistas. Una volvió a Chile, la otra se quedó en Nicaragua. Otra hija en Líbano, en tiempos de revolución y, bueno, yo. No sé cómo dormía tranquila”.

Del exilio, Zalaquett recuerda que fue duro, porque se fue solo, sin sus dos hijas, que se quedaron en Chile con su madre, mientras él vivió en Francia, Estados Unidos e Inglaterra. Lo bueno para Zalaquett es que pudo adentrarse en el mundo del arte, hobby que tiene desde que era adolescente y que lo llevó a postular a la Escuela de Arte después de haber terminado Derecho. No quedó. Le fue bien en las pruebas teóricas, pero “no tenía talento para ejecutar”.

El suizo Paul Klee es su pintor favorito. Después viene el holandés Johannes Vermeer. Cuando adolescente vio la película Lust for life y eso le cambió todo. Kirk Douglas era Van Gogh. Anthony Queen era Gauguin. “Vi los girasoles de Van Gogh chorreando naranja y me emocioné”, dice.

Cuando regresó a Chile del exilio compró muchas obras de artistas que hoy son famosos, pero en ese tiempo no lo eran. Samy Benmayor, Bororo, Pablo Domínguez, quien murió con solo 46 años. En el living y los pasillos de su departamento sobresalen un Benmayor y un Williem de Kooning, el pintor favorito de Paul McCartney, original del 86.

Zalaquett recuerda el año en que murió Domínguez. Dice que le dijeron que el pintor estaba muy enfermo en el hospital y lo fue a ver.

-Pepito, ¿estoy cagado, no es cierto?

Zalaquett no supo qué responder y le dijo algo tibio, a medio camino entre la esperanza y la derrota total. A los tres días, Domínguez murió de un cáncer fulminante. “Lo abrieron y lo cerraron, no había nada que hacer”.

Nunca fue amigo de José Balmes, dice, aunque cree que es un pintor importante. “Como persona me parecía muy maquinador. Se las arreglaba para llevar las cosas a las aguas de su partido, que era el PC, y se las arreglaba para que nombraran Premio Nacional de Arte a personas afines a su grupo”.

Zalaquett vive con su segunda esposa, la venezolana Dianora Contramaestre, a quien conoció hace 26 años. Ambos tienen muy mala impresión de lo que ocurre en ese país. “Chávez era un demagogo seductor, Maduro es un demagogo sin la seducción”, dice. Y agrega: “Lo que ocurre es terrible. Mi señora no pudo ir al funeral de su padre, porque ella tenía cáncer y nada le garantizaba atención médica si tenía una crisis. En los hospitales no se enfrían los cuerpos de los muertos y ya hay gente tratando de comprar pañales, alcohol y ese tipo de cosas, porque simplemente no hay”.

En abril, sus ex alumnos, los abogados Patricio Hidalgo y Constanza Toro, lanzarán un libro sobre él. Hablaron de todo, por un año, sábado por medio: vida, arte, familia, trabajo. “Ya lo leí, es como mirarse al espejo. Me gustó mucho”. En el horno está otro libro que reúne sus críticas de arte en diferentes medios, editado por la UC.

Sobrevivió a tres cáncer. ¿Cómo se ve la vida desde la vereda del que ha sobrevivido varias pasadas?
No le tengo miedo a estar muerto, le tengo miedo a morirme. Le tengo miedo a una mala muerte. A estar muerto no le tengo miedo, porque, como decía Woody Allen, “voy a estar inconsciente”. Contra lo inevitable no me rebelo. Lo inevitable ahora es tener los años que tengo y el estado de salud que tengo.

¿Qué espera de la vida ahora, después del retiro?

Mis planes son tuitear y comer. De los placeres sensuales, comer es el mejor

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