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Actualizado el 28/04/2017
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Roberto Izikson: “Quiero ser el gran referente de la opinión pública de los próximos 25 años”

Autor: Angélica Bulnes

Es la cara de la encuesta Cadem, esa que todos los lunes entretiene al público y enloquece a los políticos con cifras sobre cuánto subió o bajó la Presidenta, en qué posición quedó cada candidato o qué opiniones hay sobre el escándalo de turno. Ahora contesta él cuál es su agenda, qué relación tiene con Sebastián Piñera y quién le enseñó a hacer encuestas.

Roberto Izikson: “Quiero ser el gran referente de la opinión pública de los próximos 25 años”

Hace 20 años en Chile faltaban datos y no había mucha información sobre cómo era la población, qué consumía o pensaba. Las encuestas eran semestrales o trimestrales y se esperaban casi con solemnidad. Desde entonces los centros de estudios de mercado y la investigación académica se han expandido y diversificado y ahora hay muchas más cifras sobre todo. Un ejemplo ilustrativo es la encuesta Plaza Pública, también conocida simplemente como Cadem, que es la empresa a cargo de este sondeo que todos los miércoles y jueves interroga a 700 personas e informa religiosamente los domingos en la noche o lunes en la mañana cuánto subió o bajó la aprobación presidencial, qué candidato avanzó o retrocedió en los últimos siete días o qué piensan los encuestados del último incidente. Sus resultados terminan en los titulares con frecuencia y consiguen el interés incluso de los tuiteros que dicen que son sesgados o les falta rigor metodológico. El encargado del sondeo es Roberto Izikson, cientista político de 34 años que trabajó en Adimark, estuvo en el segundo piso de Sebastián Piñera y hoy es gerente de asuntos públicos y estudios cuantitativos de Cadem. Con el sondeo se ha ido abriendo un espacio como comentarista y analista, pero se sabe poco de él.

¿De dónde vienes tú?
De una familia… es difícil definirla socioeconómicamente, pero te diría que somos de la parte baja del 10 por ciento más rico. De la parte baja del C1, de una casa chica en Las Condes. Mi viejo se murió cuando yo tenía siete años.

¿Qué le pasó?
Se cayó en un avión. Él era copiloto de LAN y le dieron la opción de hacer las horas de vuelo para ser piloto, y estando en eso se cayó junto a su mejor amigo. Es lejos lo que más me ha marcado en la vida.

¿Cómo te marcó la muerte de tu papá?
Me llevó a ser muy concreto, a no dejar para mañana lo que puedo hacer hoy porque la vida se acaba. Mi presente tiene que ver con eso: he trabajado mucho, me casé joven, tengo tres hijos. Ahora, tener a mi mujer e hijos me ha cambiado, me ha hecho más reflexivo y me ha obligado a pensar a largo plazo.

¿Te acuerdas de tu papá?
No. No me acuerdo… tengo pequeñas imágenes, pero están muy asociadas a las fotos. No tengo mucho más que esas fotos. No sé cómo era su personalidad ni qué le gustaba.

¿Cómo se las arreglaron en tu familia?
Yo era el mayor de tres, tengo un hermano dos años menor y una hermana que tiene 30. Mi mamá había dejado de trabajar y no sé muy bien cómo lo hizo el primer año. Después se emparejó y mi padrastro se echó la familia al hombro. Tuvimos una red de apoyo fundamental: por ejemplo, en el colegio, el Wenlock, el director le dijo a mi mamá: “Usted no se preocupe, sus hijos van a estudiar gratis hasta cuarto medio”. Nos becaron todo, sólo comprábamos los zapatos. Se lo voy a agradecer toda la vida, fue un gesto de gran generosidad.Si no hubiéramos tenido que cambiarnos a un particular subvencionado.

¿Y el interés por la política vino de tu casa?
Mi familia era una ligada a la derecha pero no militante ni muy politizada. Yo les salí más liberal, pero nunca fue tema muy relevante. A los 18 años no me cuestionaba mucho sobre eso, no tenía idea dónde estaba parado. Estaba en una crisis de la adolescencia más personal y no era buen alumno. Entré a la Universidad de los Andes, a Derecho, y no me sentí cómodo porque era un mundo muy conservador. La relación entre profesores y alumnos era más “antigua” y la religión era muy importante.

¿La religión no era importante para ti?
A ver, yo hice la primera comunión, me confirmé, me casé por la Iglesia Católica, pero la verdad es que hoy me declaro agnóstico.

Con hambre
Se fue a Ciencia Política en la Universidad del Desarrollo y le gustó. “Cuando me titulé no tenía idea qué hacer, me encontré con un profesor de historia del colegio, y me dijo que por qué no me iba a hacer clases allá, donde me recibieron con los brazos abiertos y lo pasé muy bien, pero a fin de año me di cuenta de que no quería ser profesor”.

¿Se te empezó a despertar el “hambre” por la influencia? En el buen sentido de la palabra.
Esa hambre es algo bien característico mío y a algunos les cae mal, pero yo soy ambicioso. Se despertó cuando me puse a estudiar Ciencia Política: quería sacarme buenas notas, ser el ayudante de todos y formé el centro de alumnos. Fue bien ridículo, lo organicé, me presenté y perdí -nunca he sido muy popular- pero me dio lo mismo, lo que quería era hacer cosas, cambios. Eso ha marcado mi vida y, claro, después se fue notando cada vez más, como cuando dije “no quiero ser profesor de colegio” y renuncié.

¿Qué hiciste?
No sabía cuál era mi campo, pero me metí a internet e identifiqué 120 lugares donde podía trabajar, municipalidades, centros de estudio, etcétera. Y mandé currículum… Ah, bueno, y entre medio, como yo era liberal, estaba medio acomplejado con esta situación de ser de la “Udiversidad”, me fui a hacer un magíster a la Flacso, como para nivelar (se ríe).

¿Cómo te fue en la Flacso?
Fue atroz. Me di cuenta de que la discriminación en Chile existe, y para todos lados, de izquierdas a derechas, de derechas a izquierdas, de pobres a ricos, de ricos a pobres. Era el único de universidad privada, llegaba en el auto de mi mamá, y bueno era como el niñito del barrio alto. Me sentía un bicho raro y lo dejé.

¿Y cómo llegaste a Adimark, tu siguiente trabajo?
En esa época me llamaron de un par de lados, incluido Adimark. Tuve una entrevista y quedé. Era el lugar que quería. Como yo era cientista político pensaba que iba a recibir el informe de la encuesta y analizarlo. Que me iban a pedir mi opinión y ponerme a escribir las conclusiones. Bueno, llegué y me pasaron un cuadernillo con puras tablas y ¡no entendía nada! Mi carrera estaba muy enfocada en la teoría, con ramos como grandes obras de la literatura o historia universal, pero de encuestas o estadísticas no supe una palabra hasta ese día.

¿Por qué no te echaron al día siguiente?
Porque me esforcé mucho, pero mucho. La cagué un par de veces, pedí perdón, me quedaba hasta tarde, ensayaba. Y me pegué a Roberto Méndez para aprender todo de él. También la Cata San Martín, que hoy está en Canal 13, me ayudó un montón. Me fascinó lo que hacía Roberto y lo acompañaba a donde podía, le pedía ir a las charlas, a Icare, a todo.

¿Te convertiste en algo como su jefe de gabinete?
Menos pirulo que eso.

¿Su goma?
Sí, era un goma, pero me fui ganando mi espacio y fue confiando más en mí. Aprendí muchísimo y él mismo me molesta y me ha dicho que mi forma de presentar le resulta familiar, y tiene razón en que se parece a la de él: yo tenía 26 o 27 años, era mi primera pega, quería aprender y absorbí todo. Adimark fue mi verdadera universidad y Méndez, mi profesor particular.

¿Cómo terminaste trabajando con Sebastián Piñera en La Moneda?
Ese fue mi doctorado. Me tocó un año electoral y Adimark le hacía los estudios cualitativos a Piñera, me metí como coordinador y empecé a hacer amigos: Hernán Larraín, Nacho Rivadeneira, Rodrigo Hinzpeter. Él era un jefe de campaña muy aplicado, no se perdía focus y profesionalizó las campañas de la derecha, entonces compartía muchas horas con ellos. Cuando ganaron, Hinzpeter me dijo que me fuera al Ministerio del Interior. Estar en La Moneda me produjo un orgullo brutal. Una vez que íbamos pasando frente al edificio con mi polola, que es mi señora actual, le dije: “Algún día voy a trabajar en La Moneda”. No estaba pensando con qué presidente sino que en estar ahí.

¿Pero eras piñerista al llegar?
Sí, de todos modos.

¿Lo sigues siendo?
Es una pregunta difícil, compleja… Trabajé con orgullo para él cuatro años, le tengo un cariño gigante, pero creo que hoy en mi rol no puedo ser piñerista. Mi deber es mantenerme alejado y por eso hasta he pensado en no votar. Tampoco voté en la segunda vuelta entre Michelle Bachelet y Evelyn Matthei en la última elección.

¿Por qué?
Yo renuncié al gobierno para irme a trabajar a la campaña de Evelyn Matthei y fue la peor experiencia laboral de mi vida. Duré menos de mes. Yo no la conocía a ella ni a su entorno y nunca estuve cómodo. Me junté con los publicistas, me botaron la campaña, llegó gente con la cual nunca me avine, se armaron conflictos. Quedé muy hastiado de la política que es sin llorar, de lealtades bien raras y precarias. Me sentí lejos de ella y de la UDI.

¿Qué te hizo sentirte lejos de Evelyn Matthei y la UDI?
En términos políticos estoy a favor del matrimonio homosexual, soy contrario a Pinochet y la dictadura. Creo que el Estado tiene un rol más regulador que el que tiene para la UDI; en términos valóricos y económicos estoy bien lejos y se empieza a ver en el día a día de la campaña.

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La montaña rusa
Durante el gobierno de Sebastián Piñera, Izikson, junto con Hernán Larraín propusieron crear una encuesta semanal para medir la aprobación presidencial y ligarla a la coyuntura. Les aprobaron la idea, él se convirtió en director de estudios y nació esa medición que al principio mostraba cifras muy felices, un apoyo al Presidente que en la época del rescate a los mineros rondaba el 70 por ciento, y que luego en 2011 cayó estrepitosamente.

¿Cómo era ir a anunciar que la aprobación presidencial estaba en 25 por ciento?
Durísimo. Íbamos todos los domingos a la casa del Presidente, en la tarde, y cuando la cifra era 75 por ciento era una fiesta: “Tome asiento, ¿quiere algo?”. Cuando era 40, bueno, normal, y cuando llegamos a 25 ya no nos recibía. En un momento se acabó el ánimo de seguir escuchando malas noticias, y propusimos mandar las encuestas por email. Al menos ganamos vida los domingos. Después la aprobación subió.

¿No es enloquecer a un presidente y gobierno entregarle su aprobación semana a semana?
No. Creo que Piñera lo agradecía, porque más allá de que subió o bajó dos puntos, que es algo de lo que los medios se enamoran, lo relevante son las tendencias. Además, nunca tuve la influencia que creen que tuve los que dicen que Piñera gobernada por las encuestas. A él le gustan, las mira pero son una herramienta más entre varias otras.

¿Cambian mucho las opiniones de una semana a otra?
Una de nuestras preocupaciones era que la cosa se moviera demasiado de una semana para otra, lo que te hubiera hablado de un país muy esquizofrénico, pero en general hay estabilidad, pero también hay cambios de tendencias significativos que encuestas más espaciadas en el tiempo no recogen o muestran de manera más suave.

Líder de opinión pública
Tras dejar La Moneda, y pasar por la campaña de Evelyn Matthei, ya tenía la idea de hacer una encuesta semanal de coyuntura y hasta el nombre “Plaza Pública”. Pensó en armar una pequeña empresa pero se fue a Cadem, una compañía grande de estudios de mercado con nueve socios, todos chilenos, y que aunque ya tiene 43 años hasta ese momento trabajaba más silenciosamente y aparecía poco en los medios. “Con la Karen Thal, la gerente general y mi jefa, nos dimos cuenta de que se les estaba demandando a las empresas y marcas que hicieran un aporte coherente con su negocio. En el caso de Cadem era promover el debate y conversación y ayudar a entender mejor al nuevo ciudadano”, así es que se trasladó para allá como gerente de Asuntos Públicos y pusieron en marcha la encuesta semanal que mide ciertas variables permanentes, como la aprobación presidencial, incluye preguntas de la contingencia de cada semana y ya lleva más de 170 versiones. Algo similar a lo que hacía en La Moneda: “Pero ahí yo tenía sólo un cliente, el Presidente y gobierno. Acá es abierta y nuestro objetivo es ayudar a los clientes a tomar mejores decisiones”.

¿Por qué no hiciste tu propia empresa?
No tengo alma de emprendedor. Me gusta ser empleado. Me imagino más de mejor gerente que de mejor empresario. Me gusta administrar y ayudar a tomar buenas decisiones, pero me cuesta más tomarlas yo mismo.

Le saliste a competir a Adimark y a Roberto Méndez, ¿cómo fue meterte en el camino de una figura tan importante para ti?
Consciente de que ellos son un referente, he tratado de hacerlo con mucho respeto, pero es evidente que a la competencia no le gusta la competencia, y las relaciones no sé si se resienten pero se enfrían. Antes con Roberto hablábamos más, pero es muy cordial cuando nos encontramos.

Él a comienzos de año criticó la metodología de la encuesta Cadem, dijo que era “discutible”.
Si, y me dolió mucho. Creo que fue un cambio de estrategia de él por la presión de la competencia. Además, me pareció injusta porque las metodologías son bien similares.

¿Tú no traicionaste a Roberto Méndez al crear ese producto?
No, para nada. Igual me molestan, hasta él. En tono simpático, obviamente, me dice “cría cuervos que te sacarán los ojos”. Pero no me siento traicionándolo, sino que honrando su trabajo, al final es una continuidad de lo que él comenzó. Méndez es el gran referente de la opinión pública de los últimos 25 años. Lo que pasa es que yo quiero ser el de los próximos 25.

¿Quieres ser el Roberto Méndez que viene?
No el Roberto Méndez, quiero ser yo. Tengo mi estilo y tenemos diferencias. Él, por ejemplo, se preparó mucho más tiempo. Tiene un doctorado en la U. de Stanford. Yo me he dedicado a trabajar. Tiene más profundidad académica, yo estoy orientado a la práctica y toma de decisiones. Además a él le tocó un periodo más complejo, la transición y responde a esa lógica: es una persona de acuerdos. Por eso yo creo que la encuesta Adimark no es quincenal, por ejemplo. Una encuesta más seguida te deja más expuesto a la crítica: tienes que atreverte a medir la coyuntura. Para preguntar en el contexto de Caval si la gente le creía o no a la Presidenta Bachelet hay que tener huevos. Plaza Pública-Cadem fue la primera que se atrevió a hacerlo y hemos roto muchos esquemas. Antes se buscaban más acuerdos que disensos.

¿Ustedes buscan los disensos?
Buscamos dónde se producen los cambios. Y nos preocupa menos la crítica. Hasta hace poco la opinión pública se estudiaba de manera muy académica: se seguían las grandes tendencias, los principales problemas. Nosotros no lo hacemos así y a mucha gente le molesta. Dijimos no vamos a hacer una encuesta como la CEP que es impecable en su metodología y te da mucha profundidad pero te toma un mes hacerla. Vamos a aplicar las lógicas de una gerencia de estudios de marketing a la opinión pública, y hacerlo más práctico y concreto.

Tienes un instrumento que mete ruido y genera interés, pero tú quieres convertirte en un analista, ¿cómo vas en ese camino?
En un proceso de crecimiento y aprendizaje. Lo primero es instalar el producto, que sea creíble, confiable, que haga las preguntas correctas. Cuando empezamos mucha gente dijo que era una locura una encuesta semanal. Pero funciona. También he tenido que sacarme el mote de piñerista que ahora en las elecciones vuelve a salir más. Ahora empezando el cuarto año, hay nuevos desafíos, en mi caso por ejemplo un rol más de analista que ha ido creciendo de a poco. Es un desafío generacional también: quienes han liderado este debate en las últimas décadas son los Méndez, Tironi. Ahora están empezando a explotar caras nuevas y me siento parte de eso.

¿Cómo afecta ese plan que hayas estado tan matriculado en un gobierno?
Afecta, afectó mucho al principio. ¿Cómo se revierte? Con seriedad, profesionalismo y calidad. Además yo trabajo para una empresa, la tercera más grande del mercado que compite con dos gigantes multinacionales, que no va a arriesgar su reputación y 43 años de trayectoria y utilidades para prestarse para una campaña de nadie. Por otra parte, esta encuesta hubiera muerto si no midiera ciertos temas que son obvios y caen de cajón. Si porque trabajé con Piñera no hubiéramos preguntado por Exalmar, al igual que como preguntamos por Caval, Penta o SQM, esta encuesta se muere.

¿Le filtras resultados a Piñera?
No, nunca me ha pedido medir o no medir algo. Ni él ni nadie. El Estado es uno de nuestros principales clientes en Cadem, pero nunca hemos sentido que he perdido un contrato por la encuesta semanal. En este momento no somos proveedores de ningún candidato presidencial. Tengo amigos en la campaña de Piñera, claro, tal como los tengo en la campaña de Felipe Kast, que es amigo mío, y tenía en la campaña de Lagos. No soy asesor de ningún candidato, pero me he juntado muchas veces con Piñera, con Marco. A Ricardo Lagos lamentablemente no lo conozco pero sí me junté con Pacheco, Insulza, Carolina Goic.

¿A Lagos lo bajaron las encuestas?
El día que renunció él mismo reconoció que no logró construir una campaña que concitara el apoyo de la ciudadanía. Nosotros no inventamos opinión pública, somos termómetro. Si Ricardo Lagos no marca, no marca. Sin encuestas podría haber seguido de candidato, pero a lo mejor podría haber sido un bochorno. Si alguien tiene una enfermedad no le puede echar la culpa al doctor que se lo dice. Otra cosa es que la política está viviendo una crisis súper significativa que le ha hecho daño a las encuestas.

¿Por qué sería que la política les hace daño a las encuestas?
La crisis de la política es de poder y toma de decisiones. Y en ese contexto hay políticos que ante la crisis han dejado que las encuestas tomen decisiones por ellos. Las encuestas son una herramienta más, y no la única, para tomar la mejor decisión posible. Lagos, por ejemplo, les hacía frente, en cambio el político que teme tomar decisiones se refugia en las encuestas. Eso es ridículo pero está pasando.

¿No ayudas tú con la encuesta semanal?
La encuesta podría ser semanal, mensual, semestral y daría lo mismo. No somos responsables de la crisis de liderazgo, política y poder. Otro problema es que nos hemos acostumbrado a usar encuestas de opinión para medir comportamiento electoral y anticipar qué va a hacer el votante, cosa que en un contexto de voto voluntario requiere otra metodología y recursos. Para hacer pronósticos deberíamos tener otras encuestas. Y ahí yo me pregunto dónde están las universidades, los medios, y los centros de estudio. ¿Quién hace investigación de opinión pública aquí? Un centro de estudios financiado por empresas y las empresas de investigación. ¿Dónde está el mundo público, las universidades?, ¿por qué no hay un centro independiente financiado por el Estado, como en España?

¿En una situación Felipe Kast/Piñera dónde está tu corazón?
En Cadem. Mi esfuerzo, dedicación, motivación están aquí. Soy cademista. Antes siempre trabajé para otros, en cambio, aquí la Karen Thal me ha dado la posibilidad de desarrollarme y ser yo mismo. Junto con ella he podido liderar un proyecto y armar un equipo.

Entonces, ¿no te irías a trabajar para Piñera si gana?
Por ningún motivo. Lo sabe él, su entorno y lo saben en Cadem. Vamos a estar aquí midiendo al próximo gobierno, y si tiene 20 por ciento, que así sea.

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