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Actualizado el 08/10/2017
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Rodrigo Cerda, director alterno de Clapes UC: “El nuevo gobierno tendrá muy pocos recursos para su agenda”

Autor: Pamela Jimeno

El economista asegura que esta administración dejará una holgura fiscal de 0,6% del PIB y que incluso está en duda. Tras revisar los datos de Hacienda, advierte que está implícito que el reajuste fiscal que viene será menor y que “curiosamente” la línea de gastos comprometidos entre 2016 y el reporte actual disminuyó.

Rodrigo Cerda,  director alterno de Clapes UC: “El nuevo gobierno tendrá muy pocos recursos para su agenda”

En general, coincide con los supuestos macroeconómicos en torno a la Ley de Presupuestos 2018: así como prevé que este año el país crecerá no más de 1,5%, también ve probable que en 2018 lo haga al 3%. Asimismo, coincide en que la demanda interna transite desde un alza de 2,7% este año a 4,1% el próximo.

Pero lo que al director alterno de Clapes UC, Rodrigo Cerda, no termina de convencerlo son las razones para que Hacienda haya propuesto un erario en que el gasto público crece 3,9% en 2018, llevando la base fiscal hasta US$ 69.536 millones, aun cuando economistas locales, agentes financieros y hasta las propias clasificadoras de riesgo coincidían en que subirlo 3% o algo menos era la mejor ayuda para converger más temprano que tarde al equilibrio estructural.

Para el académico, sin embargo, el nudo real está en la proyección fiscal de mediano plazo que entregó Hacienda, porque ahí los números dan cuenta de “una casi nula holgura” para dirigir los hilos del país los próximos cuatro años.

“Si miramos bien las cifras que se han dado para el mediano plazo, el Informe de Finanzas Públicas que acompaña al Presupuesto 2018 revela que prácticamente no hay espacio fiscal para que el próximo gobierno pueda gastar en una agenda propia, incluso si esta es muy acotada. El balance financiero del gobierno central para el período 2018-2021 muestra una holgura fiscal de apenas 0,6% del PIB, es decir, unos US$ 2.300 millones como máximo”, advierte.

Esa cifra puede parecer poco en tiempos de bonanza, pero es algo cuando la deuda pública va casi en 24% del PIB, porque no hay plata…

Cuando uno revisa cómo se ha dado esto en los gobiernos anteriores, una holgura de 0,6 puntos del PIB es efectivamente bastante poco o casi nada. En cada traspaso de gobierno hubo un esfuerzo de colaboración para que el siguiente gobernante pueda concretar su programa. Lo hizo el Presidente Lagos con la Presidenta Bachelet, dejándole una holgura de casi 2% del PIB, luego la Presidenta con el Presidente Piñera, de 3%, y después éste, dejándole un 1,4% del PIB.

¿Un 0,6% del PIB impide al nuevo gobierno tener agenda propia?

El subtítulo del diseño fiscal que acaba de entregar Hacienda es que el próximo gobierno tendrá muy pocos recursos para desarrollar su propia agenda. Se ha dejando muy poco espacio, casi nada, a quien venga: Piñera, Guillier, Goic, Sánchez… Lo único cierto es que para hacer cosas nuevas habrá que salir a buscar recursos; si no, el aporte del próximo gobierno será marginal, porque los datos muestran, además, que se ha ocupado gran parte del espacio de gasto de la próxima administración. Pero incluso, en mi opinión, esa proyección de espacio de 0,6% del PIB está en duda; no es claramente factible.

¿Por qué? ¿No están los recursos o los gastos no son tales, son más?

La verdad es que me genera cierta duda, porque, primero, para llegar al 0,6% del PIB la estimación de Hacienda se basa en que los ingresos estructurales crecerían 4,5% entre 2018 y 2019, y lo cierto es que un aumento así es muy difícil de justificar, especialmente porque los parámetros estructurales se mantienen constantes (precio de referencia del cobre en US$ 2,77 la libra y PIB tendencial de 2,6%). Lo segundo es que al comparar los gastos comprometidos que se desprenden de este informe versus la misma línea del informe del año pasado, curiosamente ahora esos gastos caen. ¿Cómo es posible o qué es lo que está ocurriendo que están cayendo esos gastos? No lo sé, pues son gastos difíciles de recortar, porque están amarrados por leyes permanentes o corresponden a remuneraciones, sueldos.

¿Cree que las cifras no han sido bien transparentadas?

Ambos hechos me generan duda, porque así las cosas, esa holgura de 0,6% del PIB ya no sólo es muy acotada, sino muy posible que no exista. El Congreso tendrá que intentar despejar esas dudas y otras más, porque algo ha pasado ahí y no está reportado en la información que tenemos disponible.

Pero en el pasado se ha frenado el gasto en remuneraciones, bonos, beneficios, servicios…

Esa es otra complicación, porque además hay un tema adicional y es que la holgura de 0,6% del PIB, tal como dice el informe, supone remuneraciones constantes que sólo se reajustarían por IPC. Pero lo que tenemos es que después del Presupuesto se negocia un reajuste del sector público mayor al IPC y esas holguras se van a comer completas. Mirar sólo el cuadro 2018 es miope; las cifras nos muestran una situación en que prácticamente no quedará ni un peso por gastar para el nuevo gobierno.

¿El diseño del Presupuesto 2018 tiene implícito que las remuneraciones del sector público no van a aumentar y que el reajuste sería de sólo por algo más que IPC?

Cuando uno mira cómo han terminado las negociaciones del reajuste, lo que se ve es que siempre se han acordado algo por arriba del IPC. Ahora, en honor a la verdad, ese supuesto generalmente se considera al diseñar el Presupuesto y en los cálculos, pero también sabemos que, de hecho, no se cumple y por eso digo que lo más probable es que el reajuste se coma la holgura planteada.

¿Por qué nadie repara en eso?

Creo que porque en nuestra institucionalidad fiscal siempre miramos el cumplimiento del balance estructural del año en curso, pero aquí lo que está ocurriendo es que no sólo se plantea cuánto se gastará en 2018, sino también lo que se está gastando hacia adelante. En ese sentido, creo que ya es momento de discutir cómo limitar eso, porque la evidencia nos muestra que esta no es una buena práctica, porque hay que dejarles espacio a las administraciones futuras.

Las finanzas públicas chilenas pasan por un muy mal momento. ¿De quién es la responsabilidad: de esta administración, de la desaceleración o hubo “mala pata”?

Esto es básicamente consecuencia de un aumento del gasto fiscal más allá de lo razonable en los últimos tres a cuatro años. La idea inicial era que ese gasto se financiara con la mayor recaudación que dejaría la reforma tributaria y que también íbamos a converger hacia un balance estructural hacia el final de esta administración, pero en la realidad nada de eso ocurrió, ya no fue. Pero, además, consecuencia de lo mismo, en los años más recientes se optó por patear ese gasto hacia adelante y con eso se generó una necesidad de financiamiento, porque son compromisos la mayoría de tipo social. Eso ha acelerado el endeudamiento público y retrasado la convergencia hacia un equilibrio fiscal.

¿Y el factor desaceleración?

Es verdad que en estos años la desaceleración ha golpeado fuerte, que se subestimó el estancamiento al que podía llegar la economía, pero eso también ha sido consecuencia de las reformas que se impulsaron en los últimos cuatro años, porque no se midió adecuadamente su impacto sobre las decisiones de inversión, la reacción de los mercados y de los agentes.

¿Las manos atadas?

¿Ve probable que el próximo gobierno busque allegar recursos por la vía tributaria?

La variable tributaria siempre es compleja, no es fácil entrar a ese tema, es muy delicado para el crecimiento, para las expectativas de los agentes, de los inversionistas… Lo que está claro es que subir impuestos no puede ser la opción para obtener más recursos.

Le pregunto, porque la candidatura de Piñera ya planteó su intención de una reforma que bajaría el impuesto a las empresas y volvería a un sistema integrado.

Aquí lo que se necesita es ir en el sentido de apoyar las inversiones, no regalar o permitirlo todo, pero sí de facilitar la concreción de proyectos, de negocios, de buscar soluciones. Lo que ha quedado en evidencia en estos cuatro años es que las señales de compromiso con el crecimiento económico son fundamentales. La realidad ya se encargó de mostrar que cuando se toman decisiones que no conversan con el crecimiento, que dificultan el emprendimiento y limitan la capacidad de inversión, de innovar, todo eso al final les pega al empleo, a los ingresos, al consumo y entras en una espiral de estancamiento que se hace muy compleja.

¿Para allegar nuevos recursos se debería tomar más deuda, vender activos, abrir las estatales…?

Nunca se debe descartar nada, pero le digo algo: vender una empresa pública o abrir una parte a capital privado genera recursos, pero son recursos que llegan sólo por una vez y hoy la necesidad de financiamiento que tiene el Fisco chileno es algo permanente.

¿Qué hacer entonces?

En mi opinión, la única forma de construir una solución es, primero, reinstalar una meta de equilibrio fiscal y complementarla con una norma que límite el endeudamiento, dar esa señal y cumplir. Segundo, como una decisión de política económica permanente, volver a poner en el centro del diseño de políticas públicas el compromiso del Estado chileno con el crecimiento y medidas que realmente no lo obstaculicen. Si se hace, es posible recuperar las cosas los próximos cuatro años.

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