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Actualizado el 04/04/2015
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¿Soplan vientos de democracia en África?

Más de 20 países africanos acudirán a las urnas este año para renovar distintas autoridades. Sin embargo, algunos gobernantes modificaron la Constitución para perpetuarse en el poder.

¿Soplan vientos de democracia en África?

Si hay algo que marcará la pauta este 2015 en Africa serán las elecciones en más de 20 países, como las registradas el fin de semana pasado en Nigeria, la mayor potencia económica del continente. En ese país triunfó el ex dictador Muhammadu Buhari, pero de todos modos es la primera vez que Nigeria tendrá una transición democrática protagonizada por un líder opositor. Otras 14 naciones africanas llevarán a cabo comicios presidenciales durante el año, mientras otros países tendrán elecciones legislativas. ¿Soplan vientos democráticos en el continente negro?  

En todo caso, a la gran cantidad de elecciones (en 2014 hubo 11 comicios presidenciales), varios gobernantes están intentando modificar las constituciones para perpetuarse en el poder, tal como hacían los jefes de Estado en los 70 y 80. Incluso en algunos casos, la obstinación de permanencia de los mandatarios ha desatado grandes tensiones entre la población. 

Tal es el caso de la República Democrática del Congo, que celebrará elecciones en 2016, pero que aprobó en enero pasado una enmienda a la ley electoral que vinculaba la realización de los comicios a la elaboración de un censo poblacional. 

El proceso podría retrasar durante años las votaciones que la oposición denunció como una maniobra del actual mandatario, Joseph Kabila, que está siendo presionado por Barack Obama para que realice elecciones. Kabila es Presidente desde el asesinato de su padre Laurent-Désiré Kabila en enero de 2001.

Lo mismo ocurre con el Presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, quien buscará en junio un tercer período, una movida inconstitucional ya que Nkurunziza, en el Ejecutivo desde 2005, ya cumplió dos mandatos. 

Otro caso es el de Togo, donde la inestabilidad y la violencia crecen a medida que se acercan las elecciones de este mes. Y también en Sudán, que tendrá comicios el 13 de abril. Ahí, el Presidente Omar Al Bashir está en el poder desde 1989. 

El cambio constitucional ha sido habitual en el continente empezando en 1997 con Burkina Faso, seguido de Camerún, Chad, Gabón, Guinea, Namibia, Níger, Togo, Uganda, Argelia y Djibouti. Sólo pocos gobernantes que han tratado de re-reelegirse en el último año han fallado: Nigeria, Zambia y Malawi, todos en diferentes contextos. 

“Casi en todas partes, los presidentes usan su poder para aferrarse al Ejecutivo, porque las recompensas, a menudo en términos de corrupción, son muy grandes para ellos y para sus partidarios”, explicó a La Tercera Thomas Lansner, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Columbia. 

Por lo mismo, las elecciones de noviembre de Burkina Faso serán significativas ya que será la primera vez en la historia del país que se celebren elecciones democráticas. En 2014, una serie de revueltas juveniles forzaron al dictador Blaise Compaoré a dejar el país luego de 27 años en el poder. 

Nigeria vivió un proceso “similar” con  el caso del ex general golpista  Muhammadu Buhari, quien ganó las elecciones presidenciales frente al saliente Goodluck Jonathan. “Buhari se ganó una gran reputación como un reformador incorruptible. Los nigerianos estaban y están desesperados por un cambio de las antiguas políticas”, explica Lansner.

Los límites a los mandatos se introdujeron a fines de los 90, tras el fin de la Guerra Fría,  y a comienzos de los 2000.

 “Los países africanos se abrieron a la inversión internacional, y al introducir límites de mandatos, trajeron la predictibilidad y la estabilidad a la política. Las reformas efectivamente funcionaron”, señaló el editor ugandés de The Mail and Guardian Africa, Charles Onyango Obbo, en un editorial del The New York Times.

“Sin embargo, las mismas reformas que hicieron posibles estas mejoras, crearon las condiciones para retrocesos. Cuando se privatizaron las compañías estatales, por ejemplo, muchas fueron vendidas a precios favorables a empresarios con vínculos con el gobierno de turno. Entonces, casi todos los países africanos establecieron una ‘autoridad de inversión’ cuyo trabajo era garantizar incentivos como la reducción de un impuesto. A pesar de que dependían mucho menos en la vieja economía de la era de la Guerra Fría, su éxito a menudo se hizo dependiente de regímenes en el poder”, explicó. 

Y a eso se sumó que las figuras de la oposición también comenzaron a recibir beneficios económicos provenientes de las grandes inversiones, con lo que se redujo la presión de estos para que el gobernante de turno no modificara a su antojo la Constitución.

“En algunos países africanos, el control sobre el sistema político permite a quienes están en el poder entregar trabajos y recursos a través del clientelismo, que a su vez refuerzan el poder de los políticos”, explicó a La Tercera el analista y profesor del Centro de Estudios Africanos de SOAS, Universidad de Londres, Michael Jennings. “En otros lugares, donde no hay un líder fuerte que pueda obtener una victoria política para el oficialismo, el líder decide que necesita permanecer con el fin de mantener el poder del partido (que a su vez protege su riqueza y estatus). Pero la clave es que mantener el poder sea visto como algo esencial para proteger los intereses propios del líder, y que una vez fuera del poder, no podrán controlar sus acciones ni tampoco asegurar que no serán blanco de la oposición”.

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