En el mundo de Pilar Sordo La sicóloga, best seller y charlista se ha convertido en un fenómeno que cruza las fronteras chilenas. La seguimos a Punta del Este, donde dio sus únicas dos conferencias de este verano. ¿Cómo se las arregla Pilar Sordo para tener tanto fanático y también detractores? La respuesta hay que buscarla en sus monólogos sobre el escenario. Esos donde mezcla mucho humor, investigaciones propias y su biografía. Esto es lo que vimos y escuchamos.

En el mundo de Pilar Sordo

La sicóloga, best seller y charlista se ha convertido en un fenómeno que cruza las fronteras chilenas. La seguimos a Punta del Este, donde dio sus únicas dos conferencias de este verano. ¿Cómo se las arregla Pilar Sordo para tener tanto fanático y también detractores? La respuesta hay que buscarla en sus monólogos sobre el escenario. Esos donde mezcla mucho humor, investigaciones propias y su biografía. Esto es lo que vimos y escuchamos.

por Ignacio Bazán - 10/02/2013 - 02:07

La sicóloga Pilar Sordo (47) entra al auditorio Río de Janeiro del Hotel Casino Conrad de Punta del Este y recibe un aplauso cerrado. El auditorio, con capacidad para 800 personas que pagaron entre 20 y 25 mil pesos chilenos para escucharla hablar sobre las diferencias entre hombres y mujeres, está lleno. Pilar Sordo sonríe, da las gracias y empieza su charla. Parte con un ejemplo: dice que cuando un hombre entra a su consulta, después de 20 minutos ella sabe quién es, su trabajo, lo que quiere, dónde quiere llegar… pero cuando entra una mujer, nunca sabe cómo calibrarla.

-En una sesión conozco a todos sus hijos, a su marido, a sus padres, a la nana, al perro, si tiene problemas con la vecina. Pero nunca sé quién carajo es esa mujer cuando sale de la consulta.

Las risas se sienten por todo el salón. Algunos aplauden. Y Pilar Sordo entra en una dinámica que más bien parece una rutina de humor. Un stand up comedy.

Los que llegaron a ver una mística sesión de autoayuda, se equivocaron.

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Sólo durante 2012, Pilar Sordo dictó charlas en el extranjero para unas 80 mil personas, cuenta su mánager, el argentino Pablo Pérez Iglesias. Fueron entre 12 y 15 días por mes los que ella estuvo fuera de Chile montando los monólogos basados en sus propias investigaciones. Su conferencia más requerida es la que se basa en su primer libro, Viva La Diferencia (2005). Su segunda charla más pedida es la inspirada en su libro No quiero crecer (2009), que apunta a las inconsistencias que ella ve en cómo los padres educan a sus hijos.

Esos libros, además de los que siguieron: Lecciones de seducción (2010) y Bienvenido dolor (2012), dieron popularidad a Sordo en Chile, que creció más con las charlas que daba en escenarios tan diversos como universidades y organismos públicos. Hace dos años se sumó el salto al extranjero. Que tiene un responsable: Pablo Pérez Iglesias.

En 2010 Pérez Iglesias se recuperaba en su casa de una enfermedad a la columna. Un amigo le sugirió que viera en YouTube el video de una mujer que da una charla en la Universidad Austral de Chile. Pérez Iglesias, un productor teatral que, además de ser el mánager del fallecido cantante Facundo Cabral, es dueño de dos teatros en Mar del Plata -el Güemes y el Provincial-, quedó cautivado de inmediato con ella. El video había sido subido a la red dos años antes y ya era un éxito en Argentina. Pilar Sordo ya era fenómeno, sin haber dado una charla en Argentina.

-Cuando supe que subieron el video, me enojé- cuenta la sicóloga-. Dije “¿quién fue el desgraciado que subió esa conferencia?, cagué. No la voy a poder seguir contando. Ahora tendría que darle las gracias.

Quince días después de ver el video, Pérez Iglesias viajó a Santiago para almorzar con Sordo. Le propuso llevar sus charlas a Argentina y luego al resto de Latinoamérica. Cerraron trato ahí mismo. Lo que vendría después no estaba en los cálculos más optimistas de ninguno de los dos.

El estreno argentino de Pilar Sordo fue un 30 de septiembre de 2010, en el teatro Metropolitan de Buenos Aires. Agotó las 500 entradas. Pérez Iglesias ya no tenía dudas: la chilena iba a funcionar en su país. Y empezó a agregar fechas en la capital y el resto de Argentina.

-No sé si hay otra monologista del estilo de Pilar- dice Pérez Iglesias-. Ella es un antihéroe, no genera competencia con las mujeres. Y eso es muy importante, porque queda hermanada de inmediato con su público, se hace muy accesible.

Ignacio Iraola, director editorial de Planeta para el Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay), dice que el impacto de los libros de Sordo ha sido especialmente grande en Argentina. “Aquí ha vendido más de 600 mil libros, y cada uno de sus cuatro libros ha superado la barrera de las 100 mil unidades. Y en el mercado argentino un libro de buena venta bordea los 20 mil ejemplares”. Iraola agrega que con las charlas, la venta aumentó aún más. “La clave está en que ella baja temas difíciles, a veces muy académicos, para que todos los puedan entender. Genera una empatía muy grande con el lector”.

En Chile, todos los libros de Sordo han liderado los rankings. Incluido el que escribió con el humorista Coco Legrand: Con Coco en el diván (2007). Como muchas personas de su público le decían a Sordo que ella les recordaba a Legrand, ella decidió tomar contacto con él. Le escribió un mail, él respondió y empezaron a trabajar el libro en conjunto. Eso dio paso a una amistad que dura hasta hoy y, de paso, a una suerte de colaboración entre ambos. La sicóloga le pasa a Legrand -para que las incluya en sus shows- las conclusiones que ella saca de las que llama sus “investigaciones”: talleres y charlas que hace durante años y por su cuenta con distintos grupos y de donde extrae pistas del comportamiento humano. El, a su vez, la ayuda con el tema de la respiración y el control de la voz en el escenario.

Quienes han visto a Sordo en sus charlas, dicen que la influencia va más allá de eso. Como queda claro esta noche en el Hotel Conrad de Punta del Este. En escena, la sicóloga termina convirtiéndose en una suerte de comediante, en una deslenguada versión femenina del mismo Legrand, lo cual se contrapone al tono más serio y de autoayuda de sus libros.

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Este viernes de fines de enero, el público que llena el auditorio del hotel es una mezcla de uruguayos, argentinos y algunos brasileños. La mayoría son mujeres, muchas en grupos grandes. Los menos son hombres, que están acompañando a sus parejas.

 

La charla, agendada para las 21 horas, comienza media hora tarde. Aquí no hay luces de colores ni pantallas gigantes ni música. Todo lo que Pilar Sordo necesita para su monólogo es un micrófono y una tarima. También hay una copa de agua sobre una mesa y una silla. En los 90 minutos arriba del escenario, Sordo nunca se sentaría.

El camino recorrido por la sicóloga para estar esta noche en el Conrad ha sido largo. Nacida en Temuco, vivió en esa ciudad hasta los 15 años. Sus padres, ambos comerciantes, se aburrieron del frío del sur y se trasladaron a Viña del Mar. Su padre era allí gerente en una sucursal del supermercado Las Brisas. A los 18, Sordo se fue a Santiago a vivir en una pensión y a estudiar Sicología en la Universidad Diego Portales. Se casó con un viñamarino, volvió a esa ciudad y tuvo dos hijos: Cristián y Nicole, ahora de 21 y 18 años. Se separó al poco tiempo y dedicó su tiempo a su consulta profesional y a profundizar sus investigaciones en talleres ad honorem en colegios y hospitales. De ellos saldría la materia prima de los libros y las charlas que la harían famosa.

Esta noche en Punta del Este explica que la investigación que la llevó a publicar Viva la Diferencia duró siete años. Les dice a los asistentes que la principal diferencia entre hombres y mujeres está en la capacidad que tienen los primeros para soltar, y de las segundas para retener. En torno a estos dos conceptos -soltar/retener emociones, objetos, parejas, hijos- gira su charla. Y lanza inesperadamente un dato relacionado con la taza del baño. Dice que la inmensa mayoría de las mujeres sufre estitiquez por “esa incapacidad para soltar, para dejar ir”, y que por eso los laxantes son más consumidos por mujeres.

Sin perder su acento chileno, Sordo alterna palabras que sólo se usan en tierras gauchas: joda, quilombo, nafta, placar, regañar, inodoro, divino, bancar. Camina de lado a lado y ahonda sobre las diferencias en el uso del baño. Dice que, según su investigación, el 70% de las mujeres va al baño con la puerta abierta “por creerse indispensables para el funcionamiento de la casa. Desde ahí dirigen, a gritos, todo lo que pasa en el cuarto y hasta en la cocina”.

Las mujeres del público ríen nerviosas y se dan miradas cómplices, como diciendo “sí, yo lo hago”.

Luego viene el momento de la autoflagelación, cuando Sordo se ríe de sí misma. Dice que las mujeres tienen una gran cualidad: la de “tratar de rehabilitar pelotudos”. Y cuenta que un antiguo novio siempre le decía que ella no se podía morir antes que él. “Con el paso del tiempo entendí que me lo decía porque yo lo tenía que mantener”.

El remate de la historia saca carcajadas abajo del escenario. Hay aplausos. La gente escucha atenta, esperando la próxima broma. Pilar Sordo maneja el guión de sus charlas con una suerte de perfección teatral. Se atañe a su libreto, improvisa poco.

-Mi locura genera libertad en la gente para mirarse- explicará Sordo después-. Como muestro lo que me pasa a mí mientras cuento las investigaciones, hago que la gente también sienta libertad para mirarse a sí misma.

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Son casi las 23 horas cuando Pilar Sordo pone fin a su charla, diciendo que espera que esta dinámica “haya generado una sonrisa en el rostro de Dios”. La gente aplaude de pie. Sordo los interrumpe: les dice a las mujeres que no lleguen a sus casas a contarles a sus maridos esta charla, porque estas cosas hay que aplicarlas en el día a día y no imponerlas.

Afuera hay un stand de su editorial y varias personas compran hasta tres de sus libros a la vez. Un matrimonio de médicos de Salto, en el interior de Uruguay, comenta la charla. Son fans y ya estuvieron en una charla de Sordo en el mismo Conrad el año pasado. Julio Constanzo, el marido, dice que como doctores siempre han descreído de la subjetividad de la sicología, “pero escucharla a Pilar es como mirarse a un espejo. Uno se siente identificado”. Su señora, Ana Liz Mazzarino, está de acuerdo: “El humor como que lo acentúa todo, pero es una buena forma de entender”.

Afuera del ascensor que lleva al lobby del hotel, una señora de unos 40 años abraza a Pilar Sordo. Está llorando. Le dice que la siente como una compañera.

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-Nunca hubo un comienzo en nada- dice Pilar Sordo cuando le preguntan por el inicio de su éxito-. Las cosas se fueron dando en paralelo. En la medida en que yo iba haciendo la investigación que terminó en Viva la Diferencia, voy tomando conciencia de los datos y empiezo a contar lo que me va pasando. Cuando creo que la investigación está redonda y que la puedo transmitir, se arma esta conferencia que he dado en Chile muchas veces. La vida me fue como conduciendo. El humor es algo que yo tengo incorporado en mi vida, yo no trato de ser chistosa.

Fue durante esos años de investigación que Pilar Sordo se transformó en lo que es hoy. Jessica Titelman, su compañera de Sicología en la UDP a mediados de los 80 y con quien comparte una consulta en El Golf, recuerda que en la universidad su amiga era más bien tímida. “Le costaba un poco entrar con la gente, pero siempre se interesó en el área social y por mucho tiempo trabajó ad honorem en colegios y hospitales, mientras llevaba las terapias de otros pacientes. Así fue como, sin darse cuenta, fue acumulando material para su primer libro. Todo el éxito que vino después ella no lo esperaba. Nunca fue su meta. Y así fue dejando su timidez atrás”.

De paso, esta transformación de Sordo en best seller y charlista fue un acierto económico. Aunque nadie da cifras, hay un dato que basta para hacerse una idea: lo que un sicólogo clínico cualquiera gana en una sesión de consulta equivale a menos de la suma de dos entradas para una charla de Sordo. La sicología masiva es un asunto rentable.

Pero el proceso de convertirse en una sicóloga arriba de un escenario y ser percibida por muchos como una suerte de gurú ha tenido costos. Sordo, por ejemplo, está consciente de que su trabajo recibe frecuentes ataques. Y no sólo de los círculos más formales e intelectuales. En twitter existe una fuerte división entre su valoración en Chile y en el extranjero: al escribir su nombre en esta red social, la gran mayoría de los tuiteos desde cuentas chilenas tienden al sarcasmo o a igualarla con Ricardo Arjona, Paulo Coelho o E.L. James, autora de 50 Sombras de Grey. Pero el tono de los tuiteos en las cuentas extranjeras, principalmente argentinas, cambia totalmente: se refieren a Sordo como “grossa” o “genia” y recomiendan sus libros y charlas. Sin ironía.

Rodrigo Molina, presidente del Colegio de Sicólogos de Chile, analiza su trabajo y aclara de partida que Pilar Sordo no es parte de la organización que él preside. “La mayor parte de sus actividades son charlas motivacionales orientadas a generar sicoeducación en contextos masivos. Sin embargo, sus opiniones no representan consensos en la disciplina, más bien responden a su manera particular de ver las cosas basada en su propia experiencia. Es valorable la intención de acercar la sicología a las personas; no obstante, el desempeño técnico de un profesional de la sicología es mucho más complejo dentro de su contexto laboral profesional habitual, el cual claramente está fuera de las cámaras de TV y dentro de un ambiente más adecuado”.

Jessica Titelman, colega y amiga de Sordo, dice que han conversado muchas veces este tema: “Le da lata cuando la atacan, se siente expuesta. Pero siempre llegamos a la misma conclusión: ella podría hacer lo mismo con un lenguaje docto, pero lo que quiere es llegar a la mayor cantidad de gente, a los que no pueden pagar una consulta”.

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A Pilar Sordo, las charlas en lugares como el Conrad la ponen tensa. Previo a su segunda conferencia, esta vez basada en el libro No quiero crecer, confiesa que tiene un nudo en el estómago y que no puede comer. En un pequeño despacho con entrada al salón Río de Janeiro, su actual novio, Juan Fabri, la contiene. Sordo le pregunta cuánta gente hay en el salón. Fabri, un hombre de pelo cano que hace rato pasó los 50 años, se asoma y dice que mucha, pero menos que el día anterior. Sordo le confiesa que esta charla, en la que cuestiona la forma de educar a los hijos, siempre la pone un poco nerviosa, porque los padres no se toman en forma liviana las críticas. Y también está el tema que muchos de los asistentes hoy son invitados por el Conrad.

-El público de casino es muy especial. O tiene muchas lucas o aspira a tenerlas con el juego. De la gente que compró entradas, 200 son invitaciones para jugadores VIP. Las mujeres están en la charla, pero sus maridos están apostando en el casino. La primera vez que vine aquí, hace dos años, me contaron que había venido Olivia Newton John y a la tercera canción se pararon todos y se fueron. Como son invitados, les importa tres carajos el show. En mi primera conferencia no se movió nadie. El gerente del Conrad me fue a decir que era pésimo negocio porque nadie se paró. ‘¿Tendrían que haberse parado?’, pregunté con un poco de miedo. ‘Sí, tendrían que haberse parado e ir a jugar’, me contestó. Esa es la idea aquí.

La charla de esta noche tiene un tono distinto a la del día anterior. Las bromas y los chistes son más espaciados, aunque igual llegan. Da muchos ejemplos basados en sus investigaciones y cuenta historias suyas con sus dos hijos. Escenas cotidianas: “Decir que apaguen la tevé desde un lado de la casa es darle 10 minutos más con la tevé prendida. Si uno va a las piezas de sus hijos y les dice ahí mismo, no les queda otra apagarla de inmediato”. A ratos asume el papel de predicadora y se despacha frases como: “Para educar bien hay que frustrar, hay que raspar el alma”.

En el público hay muchos adolescentes con sus padres. Un par de mujeres toman nota de lo que Sordo va diciendo. Al terminar la charla, afuera del salón, una comenta:

-Qué verdades que dice, che.

***

Este verano es el primero en muchos años en el que Sordo decidió tomarse enero y febrero para descansar. El compromiso de las dos noches en el Conrad lo tomó porque le dijeron que podía perder el espacio. En el calendario de verano es la única conferencista con cupo estable. Al no ir, corría el riesgo de perderlo el próximo año.

En marzo, Sordo retomará las giras de 12 días al mes por el extranjero. Esto hace que no pueda recibir pacientes en su consulta. “No les puedo hacer un seguimiento con tanto tiempo afuera”, dice. En paralelo, prepara un próximo libro, No quiero envejecer, que ella describe como un coletazo de una investigación previa sobre el dolor y el miedo a la muerte. Además, está escribiendo una obra de teatro con Liliana Ross enfocada “en el pensamiento mágico de la mujer” y sigue con su fundación contra el cáncer, que comenzó tras perder una pareja por esa enfermedad en 2009.

También asesora a cuatro personas en duelo. Una es Pampita Ardohain, esposa de Benjamín Vicuña, quienes perdieron a su hija Blanca. “Hablé con ella por celular una vez, y estoy para apoyarla a través de whatsapp. Pero no hay estructura. Es un acompañamiento lateral e insignificante al lado de la terapia que ella lleva en Argentina”.

Anochece en Punta del Este y ya termina la charla de Pilar Sordo. Lleva puesto un apretado vestido fucsia y tacones altos con plataforma. Dos horas antes, mientras iba camino a la charla y bajaba de su habitación en el piso 9 con rumbo al salón Río de Janeiro, habíamos lanzado una última pregunta:

-¿Dónde te ubicas en el mapa de la autoayuda?

-Yo no descubrí nada nuevo. No soy un gurú y no tengo ninguna sabiduría especial. Encontré que la única forma de acercarme a la gente era investigando, publicando mis resultados en libros o charlas. Que te quede claro: yo no soy ninguna iluminada.

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