MARRAKECH, MARRUECOS. Plaza Jemaa el Fna. Tras cinco minutos de arribar en taxi desde el aeropuerto, ya te cuelgan una serpiente en el cuello y algunos te ofrecen hachís, y el maravilloso desorden y el humo de las cocinerías marea un poco, mientras mujeres cubiertas de pies a cabeza pasan raudas junto a hombres que caminan de la mano o agarrados del brazo, una conducta perfectamente normal en este país. La tarde se transforma en noche y hay que perderse y perderse de nuevo por los callejones semi iluminados del centro para encontrar el hostal donde hay reservas. Un niño se acerca "¿Amigo?, ¿amigo?, ¿español? ¡Messi, Messi!", dice y lo seguimos porque tiene llamas en los ojos y pies de corredor de maratón y pensamos "qué suerte, cómo es la gente de simpática en este lugar", hasta que llegamos al hostal (hubiese sido imposible sin la ayuda del niño). Y luego el de los pies ligeros nos mira y estira su mano para cobrar los dirhams que nadie acordó. Primer aprendizaje. Dentro del hostal, cuando en otras partes del mundo te entregan la llave de la habitación y quieren despacharte lo más pronto posible para volver a sus asuntos, allí el dueño trae una bandeja con una tetera antiquísima y comenzamos el ritual del té con menta. Nada se hace en Marruecos sin la previa y necesaria pausa del té con menta. Bienvenidos a Marruecos.
Los choques culturales, la otredad de la que han hablado antropólogos y etnógrafos, golpea en la cara cuando llegas a un destino ignoto. Especialmente si los códigos ahí manejados no son occidentales (lo que sea que ello signifique). La concepción del tiempo, los atrasos, las comidas, los saludos, el cruzar la calle… cada cultura interpreta los más cotidianos actos desde su especial tribuna, y lo ideal es que el viajero conozca, al menos, las básicas normas de conducta. Porque no sólo puede evitarnos pasar malos ratos, sino que, lo mejor de todo, podemos sorprender gratamente a nuestros locales interlocutores diciendo las palabras correctas en un brindis, por ejemplo, abriendo de paso la puerta para relaciones más profundas y duraderas. De los viajes se pueden traer tanto souvenirs, como buenos amigos y una mente libre de prejuicios.
"Nunca, nunca, nunca uses zapatos en la casa de alguien. Esa es tal vez la costumbre más importante que debes aprender", dice Agnes Baik, una chica coreana-norteamericana residente en Madrid, cuando habla de las normas básicas de conducta en Corea (aunque el tema de los zapatos es extrapolable a casi todos los países de Asia y el Sudeste Asiático). "Cuando conozcas a alguien, si ellos son más viejos que tú, debes hacer una pequeña reverencia antes que ellos. Y si estás en el metro o en un autobús, se espera que le des el asiento a cualquiera que luzca mayor que tú, incluso si parecen saludables. Es una práctica común en muchos sitios, pero particularmente en Corea. Y cuando comas, no pongas los palillos en el bowl del arroz porque parece incienso de funeral, y nunca apuntes a cosas con los pallillos", agrega.
José Miguel Vidal es un chileno que lleva tres años en China y las costumbres locales no dejan de sorprenderlo. "Cuando brindas", dice, "lo cual es bastante habitual por acá, en general si te están invitando, ellos ponen el vaso más abajo que el tuyo en señal de respeto y amistad. Y el cigarro es un elemento súper social, no sólo porque fuman como carretoneros, sino porque siempre te van a ofrecer, desde el taxista hasta el gerente de una empresa. Y eso de que escupen en todas partes es cierto, aunque cada vez más se ve como algo inadecuado. En general, siempre escuchas por ahí el sonido de alguien y su escupitajo. Debe ser por eso que evitan sentarse en el suelo, siempre ponen un diario o algo si tienen que hacerlo", agrega.
El primer contacto, el saludo, casi siempre deja de manifiesto las diferencias culturales. Los latinos solemos besar cuando conocemos a una persona, cuestión que deja absolutamente congelados a norteamericanos e ingleses (y personas de muchas otras partes del mundo). En China es de buena educación decir "hola" más alguna pregunta que, por lo general, es "¿comiste?". En Italia, cuando ya conoces a alguien y existe la confianza para saludar de beso, éste se da por el lado izquierdo. En Chile besamos las mejillas derechas. Entonces cuando vas a saludar a alguien en ese país, se puede producir un incómodo momento (o interesante, si hay algún interés romántico). En el mismo Marruecos se da la mano y luego ésta se pone en el pecho.
La concepción temporal es otro tópico interesante. Los extranjeros sufren con nuestra conocida impuntualidad, así como muchos lo hacen cuando van a México y ante una pregunta les responden "Sí, ahorita". "Mientras que para cualquier mortal el 'ahorita' representa un 'ya, ahora', para nosotros representa un 'quizá en dos segundos, quizá mañana, quizá en un mes", dice la periodista mexicana Jésica Zermeño.
Y ya que como turistas pasamos mucho tiempo en la calle cuando visitamos otras ciudades, hay que aprehender rápidamente los códigos urbanos del destino elegido. Cruzar la calle en el Sudeste Asiático (a excepción de Singapur) es un serio atentado contra la salud personal. Si no hay decisión en el acto, se puede estar todo el día en una vereda mirando la otra, mientras un caudaloso río de motos pasa por la calle. En las escaleras mecánicas del metro londinense, y si no está apurado, párese en el lado derecho si no quiere conocer el lado menos flemático de los ingleses.
Para más información respecto a normas de etiquetas por países, puede escribir en el buscador de la web de Lonely Planet, "travel etiquette". www.lonelyplanet.com.