El nuevo icono ecológico de Costa Rica

Tras décadas de política verde, no es tarea fácil elegir entre uno de los 27 parques nacionales que el país más visitado de Centroamérica tiene para ofrecer. Aunque si lo suyo son las experiencias extremas, váyase a la segura: en Parque Corcovado, en la Península de Osa, encontrará todo lo necesario para saciar su sed de aventura.

por Alfonso Bezanilla para Suplemento Tendencias - 18/06/2011 - 09:00

ALVARO UGALDE ES conocido entre los costarricenses como una suerte de "Capitán Planeta" tropical. A principios de los años 70, fue el primer director del Sistema de Areas Protegidas de Costa Rica y, gracias a su futurista visión sobre el cuidado del medioambiente, salvó el devenir económico de este país centroamericano, en años en que la United Fruit estadounidense ya se había hartado de explotar los campos bananeros y el café ya no era un negocio estable para nadie.

Y aunque las minas de oro incluso hasta el día de hoy siguen rebosantes y bien podrían haber sido un salvavidas económico para los "ticos", explotarlas significaba deforestar gran parte de los bosques naturales, cambiar los cursos de ríos y, eventualmente, jugar con la impactante vida salvaje que hoy respira sana y salva.

La lógica verde de Alvaro Ugalde y sus compañeros del Sistema Nacional de Areas de Conservación no tardó en producir los primeros frutos y Costa Rica -ejemplarmente- entendió rápido que en la sustentabilidad ecológica y en el respeto a la biodiversidad, se encontraba la gallina de los huevos de oro y que, por consecuencia, sacar adelante al país a partir del turismo era bastante más amigable que hacerlo a través de la explotación de recursos.

Así, en la actualidad y en algo más de 50 mil kilómetros cuadrados, este país cuenta con 27 parques nacionales y más de 130 sitios protegidos y concientemente administrados por el gobierno, los que impulsaron el turismo a niveles insólitos, logrando no sólo transformar a Costa Rica en el destino más visitado de Centroamérica, sino que sumando a sus arcas fiscales más del 20% del total de las divisas del país.

Con estos resultados es lógico pensar que, al igual como ocurre con las reinas de belleza, los costarricenses debatan  sobre cuál es el mejor parque para representar a su país.

Y aunque argumentos desde todos los flancos puedan sobrar, lo cierto es que por estos días, el Parque Nacional Corcovado ubicado en la Península de Osa -al suroeste del país- es el favorito para llevarse el cetro de ícono. Kilómetros de playas desiertas, decenas de cascadas naturales y una vegetación sobrecogedora despiertan la curiosidad de visitantes de todo el mundo.

No por nada la National Geographic calificó a este lugar como una de las "zonas  biológicamente más intensas del mundo" y no por nada tampoco, la famosa Lonely Planet lo recomienda a ojos cerrados, mientras que el mismísimo Ugalde es quien se encarga hoy de velar personalmente por los intereses de esta zona, dejando en evidencia cuál es el parque regalón del jefe.

Y es que sus más de 500 especies de árboles, 140 tipos de mamíferos, 367 clases de pájaros, 40 especies de peces de agua dulce y 117 anfibios que hay documentados en esta área, Corcovado surge como un polo de vida único y de enorme valor.

RECORRIENDO EL PARQUE
Corcovado fue creado como área protegida el 24 de octubre de 1975 y comprende un área de 45.757 hectáreas terrestres y 5.375 hectáreas marinas.

El trekking para recorrer el parque no es fácil. Son cuatro trayectos que, juntos, suman algo más de 40 kilómetros, pasando por diversas alturas, caminatas por la arena y cruce de ríos, que en las tardes aumentan su cauce debido al agua extra que entra proveniente del Pacífico, arrastrando con ella a caimanes y tiburones, los que disparan la adrenalina al momento de enfrentarlos.

Otro obstáculo que tienen que sortear los visitantes es la mala señalización de los caminos a través de la jungla, sólo una que otra cinta amarrada a los árboles forman la ruta, la cual se hace aún más confusa en la época lluviosa (de mayo a noviembre).

Por esto, muchas publicaciones recomiendan realizar el trayecto en compañía de guías, aunque buenos mapas e información sobre los horarios de las mareas pueden ser suficientes para llegar a las diferentes estaciones con éxito.

Pero la verdad sea dicha, los inconvenientes y las eternas picaduras de mosquitos quedan relegados al olvido cada vez que aparece un animal, insecto o planta exótica en el camino. La intensidad biológica de la que habla NatGeo se hace poca cada vez que se cruza por el camino uno de los cientos de animales que habitan Corcovado, los cuales bien parecen haber sido elegidos tras un intenso casting para una película de Disney.

Así, entre la intensa humedad de la selva, se ven, sin exageraciones, desde un mono capuchino a una familia completa de monos aulladores cruzando entre los árboles; o de la nada se aparece una manada de coatíes que busca insectos, sin inmutarse de la presencia humana, mientras guacamayos y halcones pasan volando sobre sus cabezas. Del mismo modo, iguanas, ranas e incluso, ciervos no dudan en aparecer por el camino.

Ante esto, es común que los visitantes lleguen hasta Sirena, la bien equipada estación que marca la mitad del recorrido, con la mezcla de cansancio y excitación, propia de quien acaba de probar una experiencia de jungla capaz de dejar a Tarzán reducido a la mínima expresión.

Por esto, quienes ya se han aventurado suelen mirar en menos a esos tours llenos de turistas de la tercera edad y con kilos de más, provistos de cámaras dignas de paparazzi, que sólo hacen un pequeño recorrido guiado y luego suben de vuelta a la avioneta que los lleva a Puerto Jiménez, el pueblo más cercano. Y se van felices, creyendo que ya lo han visto todo.

Pero hay mucho más desde Sirena a Los Patos: otros 22 kilómetros de recorrido, en donde todo se puede encontrar en el camino, incluso uno de los temidos jaguares que, la verdad sea dicha, parece ser más un mito efectista, de esos creados para dar mayor emoción a la caminata.

Guía


COMO LLEGAR
Desde San José, bus hasta Pto. Jiménez (US$ 14), luego un camión hasta la estación base de Carate (US$ 8). Desde Pto. Jiménez hasta estación Sirena, dos vuelos diarios.

ADMISION
Se debe pagar en la oficina de Area de Conservación Osa, ubicada en Puerto Jiménez (US$ 10 por noche, incluye baños, cocina y lugar donde acampar en todas las estaciones).

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