Las favelas de Río de Janeiro, consideradas reductos de violencia e ilegalidad, se convirtieron en un destino chic para muchos turistas extranjeros que, sobre todo en la época previa al carnaval, visitan la "Cidade Maravilhosa".
Las barriadas cariocas -en parte también gracias al proceso de liberación del narcotráfico realizado en los últimos meses por las fuerzas del orden- son elegidas cada vez con mayor frecuencia por quienes buscan una opción más conveniente... y excitante.
Si por un lado comunidades que durante décadas estuvieron en manos del crimen están viviendo un renacimiento, por otro constituyen una óptima alternativa para los turistas en busca de emociones accesibles y menos transitadas que los circuitos tradicionales.
Asimismo, mientras la red hotelera oficial todavía tarda en despegar -de ahora al Mundial de Fútbol de 2014 se esperan al menos otras 48.000 nuevas plazas en Río- las favelas viven un momento dorado.
CUARTEL
Ayudadas por la reciente instalación de la Unidad de Pacificación Permanente (UPP) -una suerte de "cuartel in situ" de la policía- estas "ciudades dentro de la ciudad" invierten con fuerza en el sector y se especializan en la recepción de un público cada vez más variado y exigente.
Los visitantes, llegados sobre todo de Europa, muestran adorar la nueva tendencia, eligiendo las favelas no solo para incursiones rápidas sino para pasar todas sus vacaciones, tal vez atraídos también por los ecos del film animado "Río", que mostraba fascinantes vistas en 3D de la ciudad.
Además porque entre una callejuela y otra se encuentra de todo: de supermercados a farmacias, de escuelas a bancos. En los últimos tiempos, las barriadas cariocas fueron literalmente invadidas por realidades productivas antes impensables.
EXTRANJEROS
Los "gringos" -como los residentes llaman a los extranjeros- adoran asimismo el clima informal y el espíritu de aventura que ofrecen las favelas: se goza de vistas maravillas, se come y se bebe a precios módicos y es posible mezclarse con la población local, para participar en alocadas noches danzantes al ritmo funk.
El boom económico en curso se refleja asimismo en las infraestructuras y comienza a hacerse sentir en los precios: "pousadas" cada vez más elaboradas surgen en medio de las barracas destartaladas, con costos que no tienen nada que envidiar en algunos casos a los hoteles tradicionales.
Los turistas extranjeros se están demostrando también un maná para los numerosos hoteles improvisados entre las casitas en medio de los morros, que buscan mejorar sus estructuras.
Finalmente inmunes al tráfico de droga, también las casas de los alrededores -antes sujetas a una inevitable desvalorización- volvieron a valorizarse: y los precios del alojamiento, ya por las estrellas en casi toda Río, parecen destinados a seguir subiendo.