EL 2011 fue un pésimo año para Bariloche. La interminable erupción del Cordón Caulle causó estragos para el turismo, y una muestra de ello fue el desolador panorama de la temporada invernal: escasa gente, hoteles con las puertas cerradas, restaurantes vacíos... nada que ver con la típica imagen de ese Bariloche nevado y repleto de público, que lo hacía asemejarse a los grandes centros de esquí de Norteamérica y que antes de la nube de ceniza llegó a ser considerado como el segundo destino mundial de esquí.
Pero la ciudad a orillas del lago Nahuel Huapi espera que este verano la situación sea diferente. Y si bien la nube de ceniza es todavía un tema a considerar por momentos, para los chilenos puede ser una buena oportunidad de encontrarse con una vecina Bariloche más tranquila, despejada y con precios menos elevados que los habituales.
La primera impresión positiva la tendrá a la hora de comer. Convengamos en que uno de los puntos fuertes de Bariloche (y Argentina en general) es precisamente su buena mesa, y mejor aún cuando la relación calidad-precio es imbatible. Por ejemplo, en la ya célebre Trattoría della Famiglia Bianchi (España N° 590, esquina con J.M. Rosas), afamada por sus pastas y rissottos, puede acceder a un contundente almuerzo o cena por menos de 40 pesos argentinos ($5.000 chilenos), ya sea disfrutando de sus ravioles, lasañas o un buen bife chorizo. Otro lugar donde comerá hasta "decir basta" por una ganga es en La Fonda del Tío (Mitre 1130), un verdadero clásico barilochense, donde son imperdibles las empanadas de Roquefort, su milanesa, tan grande que con un plato perfectamente comen tres... y su variadad en platos caseros. Todo, por más o menos 20 pesos argentinos ($2.500 chilenos).
Así como ocurre con la comida, también encontrará buenos precios en chocolates (cajas de bombones por menos de $1.000 chilenos), ropa y suvenires (poleras estampadas por $5.000). Y no sufrirá a la hora de encontrar alojamiento en las más de 20 mil camas de hotel que la ciudad tiene disponibles para recibir a los visitantes.
AVENTURA, EL PUNTO FUERTE
Donde más ha causado estragos la nube de ceniza del Cordón Caulle en Bariloche es en sus rutas contemplativas. Cuando el viento sopla en dirección a la ciudad, en los miradores del llamado "Circuito Chico" se puede apreciar cómo las partículas en suspensión se convierten en una densa niebla que estropea la increíble panorámica del lago Nahuel Huapi. Pero, afortunadamente, las zonas de turismo aventura no han sido afectadas por el volcán.
Una alternativa cercana son las cabalgatas en los alrededores del lago Gutiérrez. El complejo Los Baqueanos ofrece una entretenida ruta de medio día, que se interna por añosos bosques de cipreses y coigües, ascendiendo por los cerros hasta un mirador y bajando por las orillas del lago, hasta el punto que los caballos cruzan por el agua. Al regreso, lo esperará un abundante asado patagónico en el restaurante del complejo. Esta excursión requiere reserva previa e incluye traslado, desayuno y almuerzo.
www.complejobaqueanos.com.ar.
Pero dentro de las actividades outdoor más destacadas, está el rafting por los ríos patagónicos. La zona de El Bolsón, localidad distante a unas dos horas desde Bariloche, es idónea para ello, ya que el río Manso -que desemboca posteriormente en el río Puelo (Chile)- ofrece una gran cantidad de rápidos que van de II a IV grados en escala de dificultad, lo que lo convierte en muy entretenido y desafiante sin llegar a ser peligroso. www.raftingpuntolimite.com.ar
LA RUTA POR LOS LAGOS
Las incertidumbres que genera el Cordón Caulle en el Paso Cardenal Samoré y en los vuelos que llegan directamente a Bariloche, pueden ser una buena excusa para convertir el trayecto desde Puerto Varas a la ciudad argentina en parte de los atractivos. Y una gran forma de hacerlo es a través del Cruce Andino, una famosa y pionera ruta turística que atraviesa la frontera a través de los lagos Todos los Santos, en Chile, y Puerto Frías y Nahuel Huapi, en Argentina, combinando partes que se recorren en bus y otras en catamarán, siguiendo el camino que hacían los Huilliches hace 400 años y que luego utilizaron los jesuitas de Chiloé, para fundar misiones en la región de Nahuel Huapi. La ruta funciona turísticamente desde 1913 y es una de las mejores maneras de apreciar los paisajes precordilleranos, que entregan tanto el lado chileno como el argentino. Durante el verano, el recorrido puede hacerse en un día o dos, alojando en la localidad de Peulla si es que se elige la última alternativa. El valor del cruce es de US$ 140, tanto para turistas chilenos como argentinos, y de US$ 210 si se realiza de ida y vuelta.
www.cruceandino.com.