Nuevos itinerarios proponen en Roma descubrir los monumentos "olvidados" de la Ciudad Eterna incluyendo una pausa para el desayuno, el almuerzo y la merienda en barcitos y restaurantes no turísticos pero deliciosos, privilegiados por los habitantes de cada barrio.
Las directivas para elegir los lugares vienen de jóvenes expertos en gastronomía a partir de los barrios gourmet más apreciados por los romanos: Monti-Esquilino, Trastevere, Testaccio y Monteverde.
Van a la cabeza de los grupos guías turísticos profesionales, que pasean a los amantes de los viajes y la buena mesa en italiano, inglés, francés, alemán, español y portugués.
La idea es de la asociación Tavole Romane (Mesas romanas), fundada por dos jóvenes blogueros romanos, Silvia y Gabriele, ingenieros de profesión y enogastrónomos por pasión en Facebook y Twitter.
Ambos eligieron el anonimato, en contratendencia respecto de otros blogueros del mismo rubro, para tener libertad de exploración en el panorama de la crítica gastronómica capitalina.
FOOD TOUR
El Food Tour de Monti-Esquilino comienza, por ejemplo, con una confrontación directa entre las "zeppole allo zabaione" (rosquillas al sambayón, una crema de licor y huevo) de Panella, degustados frente al Auditorio de Mecenas, y los "maritozzi alla panna" (bombas de crema) de Regoli.
Una buena dosis de energía para dirigirse así a las Murallas Servianas, a Piazza Vittorio con su puerta mágica y la encrucijada de los acueductos del imperio romano. Luego a la iglesia de Santa Prassede con sus mosaicos de inspiración bizantina y a San Pietro in Vincoli, con el Moisés de Miguel Angel.
Más adelante en el camino se degusta la tradicional pizza blanca romana de la fábrica de pan Monti, en contraste con las innovadoras propuestas de Aromaticus, que ofrece infusiones especiadas en un nuevo templo para los amantes de la huerta y la buena mesa.
También hay paradas en los Mercados Trajanos, los Foros, la torre del Marqués del Grillo celebrada en una película de Alberto Sordi y en la calle Panisperna.
Finalmente se descubre el "vino di Monti", un tinto de la región de Montepulciano que llega a Roma junto con otras delicias del territorio toscano, desde Bolgheri a la salvaje región de la Maremma.
La intención de los guías es organizar recorridos también en otros barrios y ciudades, siempre con el soporte de los apasionados locales por la gastronomía.
Una idea que parece gustar a las empresas, que eligen los Food Tours como incentivo para sus empleados, y a los turistas que quieren vivir Roma como los romanos.