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Actualizado el 20/08/2017
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Tolerada, pero desaconsejada

No son solo anglicismos los que encontramos con frecuencia en las páginas del diario. También hay galicismos -que el español heredó de construcciones francesas- y que a menudo pasamos por alto. El lector Francisco Martin V. señala que el uso erróneo de la preposición “a” lo encontramos en La Tercera, en otros medios y también en nuestro lenguaje diario. Y, agrega: “En lugar de decir ‘la tarea a realizar (…)’ o ‘la reunión a celebrarse (…)’, la forma correcta es ‘la tarea que se realizará (…)’, o ‘en la reunión que se celebrará (…)’”.

Hay muchas expresiones más, como “problemas a resolver” o “deudas a cobrar”, que incluyen la preposición -denominada “a galicada”-, que ya es tan común que hoy la tolera la academia, aunque la desaconseja. La Gramática Española puntualiza que a pesar del uso tan extendido, goza de poco prestigio en la lengua actual. En su lugar recomienda expresiones alternativas con las preposiciones “por” y “para”, o con el relativo “que”, según resulte más apropiado.

La fundación del Español Urgente, que vela por la lengua en la prensa, indica que algunas expresiones del ámbito comercial y contable, como “total a pagar” o “cantidad a recibir”, a pesar de emplear la estructura objetada, pueden considerarse admisibles, pues permiten los acortamientos asentados de “a pagar” y “a recibir”.

Con muletillas

El lector Fernando Urzúa Reyes señala que el uso exagerado del término “básicamente” es “un paso en falso, que rebaja el nivel del análisis y de la conversación, porque ‘básicamente’ no compromete y es la mejor manera de evitar decir lo que uno piensa, cree o defiende”.

Se trata de un adverbio bastante manido que significa “en líneas generales”, sin entrar en detalles o matices, y figura en el diccionario de la lengua. Por ejemplo: “en la producción de cobre se distinguen básicamente tres áreas” o “el principal aporte nutritivo de las almendras es básicamente calórico”.

Pero, la continua repetición convierte a este término en una muletilla (expresión que se repite o intercala con excesiva frecuencia, como si se tratara de un tic de la persona que habla o escribe). Los adverbios terminados en “mente” son bastante dados a cumplir esta función, como evidentemente, ciertamente, realmente y, también, básicamente. Más allá de lo que impulsa a entrevistadores o entrevistados a usar estos términos, las muletillas deslucen y afectan la lectura de un texto periodístico.

¿Con vanidad?

En la columna “El enigma Guillier”, de Fernando Villegas, bajo el subtítulo “El huaso ladino” dice: “(…) no es defensivo como la actual Presidenta, parapetada tras un círculo de íntimos, sino más bien flexible y hasta gelatinoso, lo cual lo hace mucho más resistente, por la misma razón que una colcha a la que se apalea nunca se rompe, sino sólo se esponja”. El lector Samuel Barros escribe: “el columnista emplea ‘esponja’ como verbo (se esponja) ¿al igual que ‘se rompe’?”.

Esponjarse es un verbo pronominal (va unido a un pronombre reflexivo átono de la serie reflexiva, como “me, te, se, nos, os, se”). Significa “volverse o mostrarse vanidoso”. Sus sinónimos son engreírse, hincharse, crecerse y envanecerse. Pero, también puede significar enojarse o irritarse.

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