La Tercera

UC y MIT crearán nueva generación de atrapanieblas

En todo el mundo se han utilizado los atrapanieblas para cosechar el agua de estas nubes de baja altura. Son estructuras que captan este vital elemento con la clásica malla kiwi o raschel, tela de polietileno que se encuentran en cualquier ferretería de barrio.

Pero esta malla fue creada para generar sombra, nunca para captar agua, de ahí su baja eficiencia para cumplir con este objetivo.

“Hay que mejorar la tecnología, porque la eficiencia de los atrapanieblas es de un 20% y estamos perdiendo el 80% del potencial”, dice el profesor de Ingeniería de la Universidad Católica, Juan de Dios Rivera, quien junto a la investigadora de Geografía del mismo plantel, Pilar Cereceda, están empeñados en crear la primera malla tecnificada del mundo.

Los investigadores están trabajando junto al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de EE.UU. y ya prueban un prototipo en la Región de Coquimbo, en el marco de un convenio entre ambas instituciones.

Sin embargo, Rivera aclara que la malla definitiva saldrá de un proyecto que acaban de presentar al Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico de Conicyt, en el que trabajarán asociados a los investigadores norteamericanos.

La malla que probaron en laboratorio, Gareth McKinley y Robert Cohen, del MIT, incrementó en cinco veces la captación de agua, pero ahora se verificará su eficiencia en condiciones reales. “Los resultados que obtuvieron son muy valiosos, porque muestran que hay un tremendo potencial”, dice Rivera.

Chile está aportando con toda su experiencia con los atrapanieblas y el MIT con su conocimiento en el área de propiedades de mojado, disciplina que permite cambiar el comportamiento del agua en una superficie cualquiera gracias a la química y a la aplicación de nanotextura.

Pilar Cereceda señala que “la importancia de la malla es vital, ya que si se llega a un buen diseño y material, es probable que la eficiencia se duplique o triplique.

Si la tecnificación de la malla da resultado, en una década se deberían comenzar a instalar las primeras grandes praderas de atrapanieblas, tal como ocurrió con la expansión de la energía eólica.

Para Rivera, este hito permitirá competir con otras formas de extracción de agua y abastecer a pequeñas comunidades y grandes proyectos inmobiliarios.