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Actualizado el 08/09/2017
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Un modelo para armar

Autor: José Miguel Jaque

El rechazo al proyecto Dominga puso sobre la mesa una vieja discusión que no está resuelta aún: ¿Son compatibles crecimiento económico y cuidado del medioambiente? Científicos, empresarios y economistas responden.

Un modelo para armar

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Gonzalo Rivas: “Necesitamos más ciencia,  si no es una discusión de opinólogos”

Para compatibilizar el crecimiento y la sustentabilidad ambiental necesitamos dos cosas: mucho más evidencia científica sobre cómo se comportan nuestros ecosistemas y los impactos esperables de distintos proyectos. Como no sabemos eso, entonces se nos pasa la mano en la protección o en afectarlos. Yo le he repetido una y otra vez al Ministerio de Hacienda y a los empresarios que para tener más inversión Chile necesita más ciencia, si no ésta es una discusión de opinólogos.

Lo segundo es la innovación. Para poder desarrollar proyectos más compatibles con el medioambiente y con inclusión social tenemos que cambiar la manera en que estamos haciendo las cosas.

Cuando les digo esto a los economistas, en general, no lo entienden. Esta idea de que tú tienes que priorizar el crecimiento o el medioambiente es una ridiculez, así no funciona el mundo; el mundo funciona de manera más integral gracias al conocimiento.

Necesitamos cambiar el sistema de evaluación de impacto ambiental y realizar una consulta previa a las comunidades y a las regiones. Antes de invertir una cantidad enorme de plata en definir un proyecto, tú tienes que consultar dónde ese proyecto podría tener sentido y las empresas tienen que ponerse de acuerdo con la gente para minimizar los impactos.

Por eso también hemos propuesto instalar una oficina de grandes proyectos, como en Canadá. Eso no significa acelerar el trámite de los proyectos saltándose la normativa, sino tener un tratamiento especial que permita conservar mejor. Lo hemos estado hablando con la Corte Suprema para evitar la judicialización de los proyectos. No hay manera de recuperar la inversión y el crecimiento si no lo hacemos en armonía con el medioambiente.

En Europa o en Canadá hay muy buenas experiencias de diálogos con la comunidad pero, y no es cliché, Chile tiene que encontrar su propia manera de hacerlo.

Ese diálogo es posible. En Alianza Valor Minero -un espacio de innovación que articula a todos los actores de la minería- hemos apoyado esos diálogos desde el CNID y cuando hablamos de la minería en el Valle Central salió la necesidad de mayor conocimiento y evidencia científica sobre qué está pasando con los glaciares y el agua. Entonces te das cuenta de que la ciencia y la innovación no son un lujo, sino una necesidad, de otra manera no podemos seguir avanzando en materia de inversión.

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Olga Barbosa: “Cuando la industria adquiere conocimiento cambia su visión de cómo hacer las cosas”

¿Se puede crecer cuidando el entorno?
“Sí”, responde Olga Barbosa, bióloga y académica de la Universidad Austral. “Hay montones de ejemplos. Puede que la rentabilidad económica no sea tan rápida como se espera, pero hablemos también de rentabilidad social”.

Ella tiene un ejemplo: en 2008 esta investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad se aburrió de escribir sólo artículos académicos. Quería hacer algo relacionado con el desarrollo del país y postuló a un fondo de Conicyt que conecta los centros de excelencia con alguna industria. Eligió la del vino.

La zona central de Chile –donde se concentra toda la agricultura y gran parte del PIB del país- fue declarada como uno de los 35 sitios privilegiados de biodiversidad en el planeta que deben ser conservados. “Ahí teníamos un conflicto, porque no podemos proteger toda esta zona y sacar la agricultura”, dice.

Olga y su grupo se pusieron a trabajar en una estrategia de conservación en conjunto con el sector del vino, para así mejorar la productividad y los estándares de la industria. “Es un programa super innovador y concreto: tienes a un científico de la academia conversando con una industria muy tradicional y carismática”, explica. El primer encuentro no fue color de rosa. Ella se presentaba en las viñas como doctora en ecología y ofrecía modelar los cambios en la distribución de los viñedos a causa del cambio climático y rediseñarlos para hacer conservación. “¿Eres ecóloga?”, “¿Trabajas para Greenpeace?”, le decían.

La primera viña que la escuchó fue Cono Sur. “Adolfo Hurtado -enólogo y hoy gerente general- es una persona que cree en la innovación y se atrevió a hacer algo distinto”, dice. A partir de ahí se fueron sumando otras.

¿Como los convenciste?
Hay que tener una relación genuina y darles acceso a información. Les dijimos claramente qué aspectos del paisaje servían para sacarle un mejor o peor rendimiento a su campo. Por ejemplo, cómo tener bosque alrededor determina la variación de temperatura en las plantaciones o la cantidad de agua. Nadie les había mostrado datos duros.

La clave de este programa es que permitió hacer transferencia directa del conocimiento: “‘Oye, pero este boldo le puede estar quitando agua a mi plantación’, me decían. Medí y les demostré que no. Esa transferencia del conocimiento inmediata no la hace la ciencia en general, porque primero tienes que cumplir el estándar con la comunidad científica (escribiendo artículos académicos) y luego con la ciudadanía”, dice Barbosa, que también es presidenta de la Sociedad de Ecología de Chile.

Su conclusión es que cuando esta u otra industria adquiere conocimiento “la gente cambia su actitud y su visión de cómo hacer las cosas. Si ocurriera más, no estaríamos discutiendo lo que estamos discutiendo ahora”.

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Kay Bergamini: “Tenemos una zona central ocupada y donde ubiquemos proyectos habrá problemas”

Para el geógrafo e investigador del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC, Kay Bergamini, la sostenibilidad es un concepto de marketing con poca aplicación real y entrega dos ejemplos. Desde la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992 se habla de un desarrollo sostenible y los índices de calentamiento global siguen aumentando. El otro es más cercano: en clases de medioambiente les pregunta a sus alumnos de la UC cuántos reciclan y menos de la mitad levanta la mano.

¿La necesidad de que la economía crezca obliga a permitir proyectos en cualquier parte?
No. El país nos quedó chico en superficie. Tenemos una zona central ocupada y donde ubiquemos proyectos habrá problemas. Y el resto del país es ambientalmente único, con alto nivel de endemismo.

¿Cómo lo hacemos?
La solución que vemos desde nuestro ámbito es hacer un ordenamiento territorial. Tenemos que priorizar, definir cuáles son las potencialidades del territorio y asignar usos de suelo, que a algunos los dejará contentos y a otros no, pero es parte del proceso para crecer y satisfacer nuestras necesidades.

Bergamini explica que desde hace dos años existe la Comisión Interministerial de Ciudad, Vivienda y Territorio que está a cargo de la futura Política Nacional de Ordenamiento Territorial. “Es la primera política y no sabemos si será la mejor, pero es un buen punto de partida. No es vinculante, pero genera directrices”.

Él cree que hay que poner el foco en la agenda de descentralización para que los gobiernos regionales puedan generar planes de ordenamiento territorial en base a estudios de potencialidades, y que esa propuesta considere la opinión de las personas. “Es un tema muy técnico, pero el Estado tiene que asegurar los mecanismos para que la gente participe. En otros países el Estado asigna un presupuesto para que la comunidad contrate a un experto para que sea su contraparte. Así la participación no es negarse porque sí, sino entender y hacer un aporte sustantivo”.

¿Cómo dejamos espacio para usos indeseados pero necesarios que nadie quiere recibir?
El Estado tiene que ser garante, hacer los estudios y tener las justificaciones necesarias para determinar ciertas zonas. En otros países se definen zonificaciones industriales donde se permite una mayor carga ambiental, pero que se ajusta a la normativa. Y en estas zonas no se permite que se instale gente ahí.

Agrega que uno de los problemas es que en Chile el uso residencial está poco regulado y hay casos como en Coronel: cuando se instaló la Central Termoeléctrica Bocamina no era una zona residencial y con los años se llenó de viviendas alrededor provocando la incompatibilidad entre la industria y los nuevos habitantes.

¿Se va a resolver esto en el corto plazo?
No, porque esto apunta a mirar el país con una estrategia de desarrollo de largo plazo. ¿Cuál es la imagen objetiva de Chile en 20 años más? ¿Cuál es el país que queremos? Fuera de ser un país que extrae y aprovecha sus recursos naturales, no sé si tenemos claro qué queremos. Si hoy ves los planes de desarrollo de las 346 comunas de Chile, casi todas se declaran turísticas. Y chuta, ¿todo Chile es turístico? Hacer turismo es bonito porque no genera impactos, pero para poder desarrollarnos necesitamos actividades que no son tan amistosas y ver dónde las vamos a desarrollar. Mientras no lo hagamos, se van a instalar en cualquier parte.

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Alfredo Moreno: “No creo que haya una oposición entre cuidado al medioambiente y desarrollo”

¿Cómo estamos resolviendo la ecuación del crecimiento versus medioambiente?
En Chile tenemos un sistema de evaluación ambiental que en lo conceptual es correcto, sólido, más avanzado que el de otros países y que trata de compatibilizar crecimiento e inversiones con el cuidado del medioambiente. Toda actividad humana tiene impactos, al igual que una inversión importante, y el sistema evalúa técnicamente cuáles son, cómo se mitigan y cómo se compensan.

¿Hay que cuidar el medioambiente para alcanzar el desarrollo?
Sin duda, no hay posibilidad de desarrollarse si uno no cuida el medioambiente. Cuidar el medioambiente es, al final, cautelar la riqueza futura de la humanidad. No creo que haya una oposición entre una cosa y otra, lo que sí ocurre es que hoy existen más restricciones porque hemos ido haciendo cosas que mientras son menores no se notan, pero cuando llegan a cierto nivel empiezan a causar un daño y hacen necesario estos sistemas de evaluación.

¿Hay un tema generacional en la conciencia medioambiental?
La gente más joven tiene una mayor conciencia de los impactos sobre el medioambiente que los mayores, y eso ocurre dentro y fuera de las empresas. Pero cada día hay más conciencia de los impactos sobre el medioambiente y sobre una comunidad. Hoy es imposible pensar que un proyecto que provoca ruidos molestos o malos olores a la comunidad cercana va a tener una supervivencia a largo plazo.

¿Es posible otro modelo de desarrollo que no sea el extractivo?
La naturaleza, Dios o la historia nos proveyó de ciertos recursos y a Chile lo hizo un país minero. Eso no es negativo; es una realidad y no es que pase con este modelo, con el anterior era peor porque hoy están más diversificadas nuestras exportaciones. Sería una locura decir ‘dejemos la minería’ y perder la riqueza que la naturaleza nos dio; tendría un impacto gigante sobre el nivel de desarrollo de Chile.

¿Qué estamos dejando afuera en esta discusión sobre el desarrollo?
Hay dos cosas que en Chile están mejorando, pero se puede hacer más. Una es el emprendimiento: la intención y la decisión de decir “yo me hago cargo de esto, hago un negocio y corro riesgos”, y que esas personas sean bien miradas en la sociedad incluso cuando fracasan. La otra es la relación entre la educación y las empresas. Hoy la relación entre las universidades, los institutos profesionales y las empresas es demasiado lejana. Hay una cantidad de capital humano muy grande que sería muy importante para el mundo del trabajo y las empresas podrían apoyar esa labor. Hoy las industrias no están teniendo la capacidad de captar qué es lo nuevo en el momento adecuado, por eso tenemos que acercar estos dos mundos.

¿La empresa chilena necesita más conocimiento?
Sí, porque la economía del futuro es una economía muy cambiante, lo que uno sabe se va depreciando rápido, las empresas tienen una vida media de lo que están haciendo cada vez más corta, y hay que estar muy al día. La relación entre los que generan el conocimiento y quienes necesitan ese conocimiento para aplicarlo en la práctica es muy importante.

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Gonzalo Muñoz: “Las futuras generaciones no nos van a perdonar este nivel de egoísmo y miopía”

Gonzalo Múñoz dejó la gerencia general de una empresa agroindustrial y en 2009 fundó junto a dos socios TriCiclos, empresa que se encarga de crear puntos limpios reciclando desechos y que se ha convertido en la mayor operadora de puntos limpios de Sudamérica.

¿Cómo te explicas que en 2017 estemos discutiendo “crecimiento versus cuidado al medioambiente”?
La clave está en que los incentivos financieros de las personas están puestos en el cortísimo plazo; y para ocuparnos del medioambiente necesitamos una cultura con mirada de largo plazo, incluyendo hacer sacrificios cuyos beneficios se verán en el futuro y a veces en otros lugares. Esto requiere algún grado de generosidad. Si el costo que implica cuidar el medioambiente fuese algo entendido y valorado por toda la sociedad, existiría una coincidencia entre políticos, empresarios y sociedad civil de lo que es desarrollo sustentable. Hoy ese costo no se entiende de igual forma según donde estés sentado.

¿Está instalado el concepto de sustentabilidad en la ciudadanía y en la empresa?
Actualmente la mayoría de empresas y personas entienden la sustentabilidad como un trade off financiero. En ese sentido, hay quienes lo asumen sin problemas, y muchos que se resisten. La sustentabilidad requiere hacer varias cosas de manera diferente, y eso implica un costo adicional o cuando menos salir de la zona de confort.

¿Qué consensos deberíamos buscar?
El primero es el de que tenemos un problema a resolver, y es que las externalidades que ha generado el modelo actual de desarrollo deben ser corregidas de forma urgente. Además, no debemos esperar a que el consumidor lo pida. Debemos regular la oferta estableciendo reglas del juego más exigentes para todos.

¿Cómo hiciste tú ese cambio de mentalidad?
Nos pareció que podíamos y debíamos hacer algo respecto del nivel de conciencia y conocimiento que teníamos de los problemas globales. No puedo esperar que estos temas los resuelvan otros y no debo asumir que el Gobierno se va a hacer cargo en la magnitud y velocidad que se requiere. Creo en las empresas que trabajan para resolver sus externalidades negativas sin que la autoridad se lo tenga que exigir y creo en un mercado donde las empresas que perduran son las mejores para el mundo. Ya no basta solamente con comprar barato y vender caro. Las futuras generaciones no nos van a perdonar ese nivel de egoísmo y miopía.

Tres consejos para quienes quieren contribuir a esa mirada.
Uno, asume un compromiso con el Acuerdo de París y reduce tu huella de carbono. Dos, mira cuantos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aborda tu empresa y asume algún compromiso de ir mejorando progresivamente al respecto. Tres, aprende a medir tu impacto ambiental y social con la misma rigurosidad con que mides el resultado financiero. Hay una herramienta gratuita y online: www.evaluacionb.net

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Rosanna Ginocchio: “La percepción sobre el riesgo de las actividades mineras es muchas veces superior a los riesgos reales”

Rosanna Ginocchio es bióloga e investigadora del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (Capes) de la UC y lleva más de 20 años estudiando los impactos de la minería. Según ella, existe mucho mito respecto de las consecuencias que este criticado rubro genera. “La percepción social sobre el nivel de riesgo de la presencia de actividades mineras es muchas veces superior a los riesgos reales, técnicamente hablando”, dice y ejemplifica con la presencia de contenidos elevados de un metal en el suelo, que no implican necesariamente un peligro para la población cercana o para la flora y fauna. “Se ha demostrado que todo depende de la biodisponibilidad de ellos en el suelo y no del contenido total. La presencia de un contaminante no siempre implica ocurrencia de efectos y debe ser evaluado caso a caso”, explica.

La académica de agronomía de la UC asegura que es posible compatibilizar medioambiente y minería (“como cualquier actividad productiva basada en el uso o extracción de recursos naturales -renovables o no renovables- hay externalidades o costos inevitables”, señala) con una adecuada institucionalidad y antecedentes científicos sólidos. Pero enfatiza en la importancia de la participación ciudadana realmente vinculante. “O sea, desde lo más temprano posible en el desarrollo de los proyectos, desde la prospección en adelante y no sólo cuando el proyecto ya ha sido desarrollado unilateralmente por la empresa y sometido al sistema de evaluación”.

Si dependiera de ella tomar medidas para hacer más amigable la actividad minera con el entorno y las comunidades, Ginocchio fortalecería la generación de una cultura de participación ciudadana temprana al interior de las empresas y la educación de la población para que sus opiniones sean más responsables y “no basadas principalmente en juicios subjetivos, sino en hechos más fundamentados”. Además, eliminaría las prácticas de asistencialismo que utilizan las compañías para compensar a las comunidades, que según ella son un incentivo perverso en la interacción entre las mineras y la comunidad y confunde las responsabilidades que deben ser asumidas por el Estado.

También fomentaría la innovación y generación de políticas en dos ámbitos. Primero, reciclado y/o recuperación de los metales de valor a partir de los productos desechados (ejemplo: chatarra electrónica) y segundo, repensar radicalmente los procesos mineros, de forma que las temáticas ambientales sean integradas de mejor forma generando quiebres tecnológicos relevantes. “Así se podrían reducir los procesos extractivos y de procesamiento, además de varios de los impactos ambientales que hoy se producen”.

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Rodrigo Wagner: “Chile ya tiene un nivel de ingreso compatible con mayor preocupación por el medioambiente”

“Tenemos un solo planeta y hay que cuidarlo. Pero también tenemos que comer y pagar las cuentas. En ese debate nuestro país ya tiene un nivel de ingreso compatible con mayor preocupación por el medioambiente”, dice Rodrigo Wagner, economista doctorado de Harvard y académico U. de Chile, que se ha especializado en temas de productividad y “en los desafíos del crecimiento”. Agrega que un buen síntoma es lo que ha pasado en Calama, donde la gente tiene más autos y uno o más televisiones plasma, pero en focus groups hablan de que les falta ambiente público de calidad en las ciudades y fuera de ellas. “Y, ojo, que las personas valoran el medioambiente por su uso –como el turismo o el riego- y también por su mera existencia. Yo nunca he estado en el Parque Nacional Lauca, pero sí me importa que exista”.

Según Wagner, lo primero para manejar las tensiones entre crecimiento económico y medioambiente es reconocerlas. “Estas cosas ya no se pueden meter bajo la alfombra como se hacía en los 80 y antes”, dice y pone como un ejemplo lo que hacen los Informes de Productividad de los Proyectos de Ley. “Éstos han permitido poner sobre la mesa costos y beneficios probables. Así como incluyen temas de desigualdad, podrían a futuro tener un cálculo rápido sobre efectos probables en medioambiente. En lo ambiental, uno podría tolerar algunas hectáreas menos de un ecosistema a cambio de empleos y de un punto del PIB en inversión. Quizás si eso implica la destrucción total e irreversible de todo el ecosistema, entonces la situación es distinta. Para eso hay procesos técnicos”.

Agrega que, en la práctica, es básico tener claro si las normas afectan la inversión y el empleo. “No todas las normas ambientales espantan inversión. Las de lenta aplicación, impredecibles, engorrosas y renegociables son las que más complican. Otras, no”.

Dijiste en una entrevista que “frente a la oficina de la Presidenta debería haber un asesor top que trabaje temas de productividad a largo plazo”. Si fueras tú, ¿qué harías?
La clave es que para hacer coordinación público-pública uno necesita maneras en que se pueda negociar eficazmente entre ministerios. Esto va más allá de lo ambiental. Históricamente Chile tenía una Oficina de Planificación que estaba muy coordinada con Presidencia y además indirectamente coordinaba acceso a recursos externos. Por eso era fácil sentar a negociar a ministros y reparticiones de distintas carteras, porque la negociación estaba “lubricada” de alguna manera.

¿Es este el único modelo de desarrollo posible para Chile?
Desde que vivíamos en cavernas hasta los humanos modernos, la única solución es ponerse de acuerdo. Lo que ha ido cambiando son los métodos que usamos para eso…

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