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Actualizado el 17/07/2017
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Un surfista de población

Autor: Matías Alarcón

Danilo Cerda (18) es la gran promesa del surf chileno. A diferencia de los prejuicios que acompañan a los riders, proviene de una población suburbial. Un joven que se sintió en menos ante quienes le cerraron la puerta, que hoy, en su tierra natal, arranca el Circuito Mundial y piensa en grande: “Más de una vez me he imaginado ganando el título”.

Un surfista de población
Foto: Oscar Jorquera

Danilo Cerda (18) es sinónimo de esfuerzo, perseverancia y talento. Con poco, ha logrado mucho y eso lo atesora bajo el brazo. O mejor dicho, en su tabla de surf, deporte que lo conquistó de una manera fortuita. E inesperada. Los surfistas no suelen proceder de sitios así. El chico se crió en la población Radio el Morro, al interior de Arica, sector modesto y, que en puntos específicos, es de alta peligrosidad (la organización dice que es de la población Juan Noé, aún más conflictiva, pero él dice que ahí sólo estaba su colegio).

Su infancia en aquellos pasajes estrechos y con mucha vida social, según relata Cerda, fue normal. A pesar de que el entorno no acompañaba, porque existía delincuencia y drogas, siempre tuvo pensado luchar. Y su mejor compañero fue su padre. En su niñez, jamás se le cruzó la idea de pararse en una tabla de surf. Los recursos escaseaban y a fin de mes, sus padres llegaban con lo justo. Dinero no había y, además, el fútbol lo tenía embobado. “Mi infancia fue tranquila. El ambiente en las calles también lo era. Tuve muchos amigos desde chico. Recuerdo que éramos como 20 niños que siempre salíamos en las tardes a jugar lo que fuera. Pero me gustaba mucho el fútbol. Como todo sueño de niño, quería ser profesional”, arranca el ariqueño.

La pasión por la pelota llegó a tal, que con el entusiasmo de un niño, comenzó a defender los colores el equipo Esmeralda de la zona. Esos recuerdos, aún están difusos: “Era muy chico, la verdad es que no recuerdo mucho. Pero sí que me encantaba el fútbol y, mientras jugaba de niño, obviamente quería ser profesional. Pero eso hasta que entré al surf. Ahí todo cambió”.

Era enero de 2008 y para Danilo arrancaba una aventura de la que, quizás, nunca podrá salir. Apareció el surf de forma inesperada, por un guiño caprichoso del destino: “Mi papá estaba vendiendo su furgón y ahí fue que apareció Yoyo Alfred Sepúlveda, quien se lo compró. No eran amigos ni nada, incluso no se conocían. Pero él en ese tiempo tenía una escuela de surf llamada Magic Chile. Entonces me dio clases de surf a cambio de quedarle debiendo unas lucas a mi viejo”. Aquella primera clase dada por Yoyo la atesora nueve años más tarde: “Hubo una charla al comienzo y después nos pusieron los trajes. Luego, una sesión de 30 minutos de calentamiento (siempre las hacen antes de entrar al agua) y nos metimos al mar. Pero no fue llegar y pararse en la tabla. Ese día nos enseñaron primero a agarrar las olas e ir acostado. Con el paso de los días nos enseñaron a pararnos”.

Fue en 2011 cuando entró de lleno a competir en los nacionales. Cerda pasaba de un deporte popular a uno de élite. De golpe, se percató que estaba en desventaja de recursos y de accesorios para practicarlo. “Al principio fue difícil, porque es un deporte muy caro y mi familia no tenía los recursos que se necesitaba. No podía tener siempre buenos accesorios o trajes y mucho menos tablas. Mi familia se ha tenido que mantener con lo justo. Pero a medida que fui creciendo, me metí a competir y me di cuenta que me podía ir bien. Fue cuando decidí entrar a los campeonatos nacionales. Empecé a hacerme un poco más conocido y llegaron auspicios y gente que me quería apoyar”, recuerda.

Sin embargo, antes de comenzar a recibir auspicios, le cerraron muchas veces la puerta. La sensación de vergüenza se apoderaba del surfista. “Nunca me sentí mirado en menos en el mundo del surf por venir de una población. Pero sí ante la gente que no me quería apoyar cuando comencé. No creyeron en mí”, cuenta sobre la compleja situación que vivió.

Cuando las cosas parecían tener un triste porvenir, su padre se las ingenió para reunir fondos. La colecta, la perfecta solución. “Mi viejo pasaba por escuelas y tiendas de surf reuniendo recursos para que yo pudiese viajar. Siempre estaré agradecido de lo que ha hecho por mí”, dice.

Peso a peso, su padre fue juntando los recursos necesarios para que su hijo pudiera viajar. Y así fue como definitivamente el fútbol pasó a segundo plano: “Hacía ambos deportes paralelamente, pero llegó un momento en que el surf me comenzó a gustar mucho más y ya cuando entré a competir y a tomármelo en serio, dejé el fútbol”.

Hoy, Danilo Cerda tiene congelado los estudios de enseñanza media. Sólo llegó a primero medio para poder dedicarle tiempo completo al surf. ¿Quiere terminar el colegio? “Por ahora no, prefiero darle más enfoque a mi carrera”, dice. Y los estudios deberán seguir esperando, porque hoy comienza el Circuito Mundial de surf Maui and Sons Arica Pro Tour, en la temida ola El Gringo. En casa, Cerda quiere dejar bien puesto su nombre: “Me he imaginado siendo campeón en este torneo. Es más presión porque soy local. Pero tampoco lo tomo como algo histórico o crea que seré el mejor del mundo. Pero sí, sería un gran triunfo que impulsaría mi carrera y mi currículum”.

Es Danilo Cerda, surfista de origen impensado, rider desde la casualidad, superador de obstáculos. Un fenómeno de 18 años.

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