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Actualizado el 16/05/2013
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Una cantera inagotable

Autor: Alvaro Matus

Las obras de grandes escritores británicos de posguerra, como Alexander Baron, han comenzado a ser recuperadas por varios sellos editoriales.

VARIAS editoriales han comenzado a recuperar la obra de magníficos escritores británicos de posguerra que habían caído en el pozo del olvido, eclipsados de alguna manera por Graham Greene y George Orwell. Una reducida lista contemplaría a Julian Maclaren-Ross, Alfred Hayes, Muriel Spark y Patrick Hamilton. Ninguno de ellos poseía el fuego para conectar con los grandes conflictos políticos del siglo XX, pero el encanto de su prosa diáfana y penetrante los sitúa por encima de escritores actualmente muy publicitados.

El cine clásico de Hollywood, con su enorme eficacia narrativa, ejerció una influencia decisiva sobre ellos. En sus libros predominan la acción, el desarrollo de los personajes y todo el engranaje avanza a punta de diálogos afilados y veloces.

También gozaron de un extraordinario éxito comercial. Por ejemplo, la novela de Tom Braine Un lugar en la cumbre vendió 35 mil ejemplares en 1957 y, dos años después, hubo que sacar ocho reimpresiones en bolsillo. Es la historia de un hombre que recuerda su juventud, cuando abandonó el pueblo industrial de Yorkshire y se instaló en Warley, más distinguido, más verde, más prometedor, pero al fin y al cabo pueblerino: Joe Lampton arribará a la cima social, pero caerá porque no es un genuino miembro de la elite y porque en los pueblos todo termina por saberse. El relato es mordaz y sombrío, propio de un hombre que descubre que esos rostros familiares de Yorkshire podrían ser aburridos, aunque nunca lo traicionarían.

¿La segunda división de las letras inglesas? Es posible, pero ¡qué segunda división! Ya se quisiera cualquiera un equipo con John Braine en la defensa y Alexander Baron en la delantera.

Este último escribió Jugador, obra maestra protagonizada por Harryboy Boas, un apostador entrañable, que vive en una pensión a la que llega un matrimonio con su hijo. La precariedad económica es el motivo de mayor fricción entre los esposos; ella encuentra humillante no tener una casa propia y vivir rodeada de inmigrantes. Harryboy se hace amigo del niño y del padre. Salen juntos los domingos por la mañana. A veces en la noche. Y así, de manera natural, se va enterando del infierno familiar y percibe cómo la violencia soterrada le va afectando al pequeño, que es un demonio a ratos, pero también una esponja que absorbe todo lo que pasa a su alrededor.

La novela, al mismo tiempo, es una indagación en la sicología de un jugador. Cada apuesta es una reafirmación de su libertad, orgullo y desprendimiento.

El dinero es un tema central del libro, al igual que en Un lugar en la cumbre y muchas otras ficciones de la época. Podríamos decir que es el mayor objeto de deseo, mucho más que el sexo. Recordemos que son novelas escritas antes del levantamiento de la censura de El amante de lady Chaterley -que recién en 1963 pudo leerse completa- y antes del apogeo del Estado de bienestar. Quizá este último sea un insospechado punto de conexión con el presente: la crisis económica ha reflotado viejos fantasmas, cuando el dinero jamás sobraba y el Estado aún era un paraguas enclenque. Los grandes libros siempre arrojan luz sobre la actualidad y estas novelas, sin ir más lejos, hablan de la era de la inseguridad. La de ayer, la de hoy.

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