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Actualizado el 12/01/2018
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“Una vez zorrón, por siempre zorrón… perro”

Autor: Tamy Palma y Carlos Matías Pérez

Inaugurando el año del perro nos detenemos a pensar en los perros, perritos, perrines, pitbull, sabuesos, zorros o en su consolidado: los inefables zorrones. Ese pequeño apartado del bestiario adolescente nacional averiguando dónde veranean, carretean, con qué se visten o qué música escuchan. Surgieron hace más de 10 años como los “chocolais” y hoy, ya con muchos de ellos superando las tres décadas, se dividen en varios submundos zorrones evidenciando una de las declaraciones de principios de quienes viven, vivieron o vivirán en esta tribu urbana de nuestro ABC1.

“Una vez zorrón, por siempre zorrón… perro”

“Un zorrón es alguien de entre 15 y 35 años que tiene poder adquisitivo para hacer lo que quiera, cuando quiera y básicamente sabe cómo y cuándo quiere pasarlo bien. No le importan las reglas ni lo que le digan los demás, él tiene el poder y nada le es imposible porque tiene un respaldo económico que le permite hacer cualquier cosa”, dice Jorge -de 26 años, con dos carreras universitarias y que como tiene un buen trabajo en una repartición pública, prefiere aparecer sin nombre completo- cuando le preguntan qué es ser zorrón, la tribu urbana a la que él dice pertenecer hace años.

Jorge no es el único que piensa así. Los zorrones, ya populares y completamente incorporados en la tipología juvenil del ABC1 en las universidades, disfrutan por estos días de su temporada por excelencia: el verano, la playa, la disco, las piscolas y el carrete, un verdadero estilo de vida que en este 2018 -el año del perro- promete seguir ampliando las fronteras del zorronaje.
Partamos por lo básico: ¿qué es ser un zorrón?

Josefina Duce, la autora detrás del fanpage #esdecuica y de #esdecuica, un libro el descueve (Catalonia 2017), explica: “Para mí es alguien que va a Valle Nevado a hacer snowboard, que estudia en la UDD, UAI, Universidad de Los Andes o UC, que su papá tiene una empresa tan top que le da todo al hijo, tiene camioneta 4×4 y una polola mega-bonita”.

¿Ser zorrón #esdecuico?

Totalmente. Un zorrón viene de la alta alcurnia. Puede ser super simpático y hasta mino, pero se le nota a la legua que es hijito de papá y que le gusta ser zorrón. Lo llevan en la sangre.

Y si no es cuico, ¿es mal visto en ese mundo?

Creo que no es mal visto, pero se nota que es un “wanna be zorrón” y al no ser de genética zorrón, no cuenta como uno más.

Para el sociólogo Ismael Puga, investigador del COES y profesor asociado de la Universidad Central, los zorrones se diferencian de la clase alta tradicional en un valor esencial: no tienen problema con la ostentación. “El zorrón es el cuico que no siente la culpa tradicional cristiana del joven que va a Techo. Podemos asociarlos al mismo sector socioeconómico y probablemente van a los mismos colegios, pero no es la misma actitud frente a la situación”, dice el investigador.

Según Puga, estos ejemplares tienen lo que en sociología llaman una expresión cultural “omnívora”, ellos toman prácticas de otras clases sociales y las transforman, algo parecido a lo que se ha visto en Estados Unidos con la adopción de costumbres negras por la juventud blanca. “Se apropian de códigos culturales de las clases populares, pero los transforman de una forma específica: usan el spanglish, toman piscolas y juegan pichanga, que son cosas que tradicionalmente las clases altas asociaban a los sectores populares”, analiza el experto en temas de desigualdad del COES.

Según Jorge, los zorrones, su grupo, sólo vive en el sector oriente. “En La Dehesa, Vitacura, San Carlos, Las Condes, y vienen de una familia más de élite”, detalla.

Por su parte, Domingo López (23, estudiante de diseño y zorrón asumido) reconoce que su círculo vive, estudia y carretea al oriente de la capital, el que sólo dejan a veces para ir a Bellavista. “Es raro ver a uno de mis amigos ‘the real zorrones’ yendo al Bella. Para ellos es medio cuma y encuentran que queda lejos. Sí van es a cosas muy específicas o a la ex Fábrica. Es como carrete zorrón donde se agarran hartas minas”, explica.

Esta clase de opiniones tiene que ver con otra característica de los zorrones de ayer y hoy. “Su cultura es, por una parte, más desinhibida y liberal. Hay un tema con la promiscuidad, pero igual es muy machista y masculina. La mujer no es realmente parte del grupo”, opina Puga.

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El actor y guionista Francisco Germain (29) es otro tocado por este mundo. Protagonizó el ya clásico video de YouTube “Escuela de Zorrones”, uno de los virales chilenos más vistos del año pasado y el que hizo populares a las cuatro “P” de la vida zorrona: perro, papá, pichanga, piscola. “Esto salió el 28 de diciembre del 2016 y para el Año Nuevo ya estaba totalmente hecho viral. Me acuerdo que me mandaron al menos cinco videos de locos en discotheques de Maitencillo o Zapallar cantando en masa ‘perro, papá, pichanga, piscola’. Yo no lo podía creer porque el video era una crítica y fue una sorpresa total que le fuera tan bien”, explica Germain.

El actor dice que para confeccionar su personaje -un profesor que le explicaba a los aspirantes cómo ser un verdadero zorrón-, se inspiró en sus experiencias personales estudiando en el colegio Verbo Divino y la Universidad del Desarrollo, y que con el tiempo se ha dado cuenta de que mucho de este éxito tiene que ver con que a los mismos zorrones les gustó el video. “Gran parte de ese público entendió la crítica, pero a la vez se sintió halagado. Lo extraño es que igual a los zorrones les encanta serlo a pesar de las características más peyorativas que tiene. Es como un placer culpable. Me decían: ‘Sí, perro, es tal cual, tal cual’”, recuerda Germain impostando la voz.

Al escarbar en la historia zorrona, Germain dice que el primer referente es Alex Mercader, el personaje de Jorge Zabaleta en la teleserie Machos (2003). “Él es una especie de insignia que decía ‘perro’ todo el rato. Tenía que ver con esa cosa bien playera, pichanguera, surf. Una vida más ligera, de más disfrutar que trabajar”, opina el actor.

Jorge recuerda ese período a mediados de la década pasada y agrega un dato: “A los zorrones nos decían “chocolais” (N. de la R. por el corte de pelo con ‘pichanguera’ que la mayoría de ellos usaba). Esa era la época de los pokemones, quienes eran lo opuesto”, dice en modo historiador.

Según Josefina Reutter, autora de Cuicoterapia (Planteta, 2014), el zorrón viene a ocupar un papel que siempre ha existido. “Es la versión siglo XXI del ‘quarterback’ de las películas adolescentes gringas o el ‘taquilla’ de los 80 en Chile. En el fondo es el macho alpha de la adolescencia y posadolescencia. Siempre ha existido, siempre existirá, independientemente de si usa pantalones amasados, camisa abierta arremangada con polera debajo o pelo con flaps”, dice.

“Me dedico a surfear y andar en skate. Eso es lo que hago”, se presenta Max, 20 años, estudiante de fotografía y ex miembro de esta tribu. “No me considero zorrón, tuve una etapa cuando chico en que fui como de ese estilo, pero después como que crecí y me di cuenta que eso no pica tanto”, opina el universitario.

Max no es el único que reniega.

Felipe Zúñiga (27) recuerda que cuando entró a estudiar ingeniería comercial en la Universidad Andrés Bello simplemente se volvió zorrón. Se embarcó en una vida de excesos que al final lo cansó. “Me han dicho que hablo como zorrón porque me crié con ellos, pero no me gusta el estilo que manejan. Siento que se puede salir de eso, se puede rehabilitar de ser zorrón. Yo hoy estoy rehabilitado”, dice el ingeniero comercial con el mismo tono de un alcohólico que abrazó la religión y vio la luz.

Otro caso es el de Domingo López, el ex alumno del Grange School, que cuando entró a diseño en la UDP se dio cuenta de que sus compañeras lo discriminaban precisamente por zorrón. “Lo que me pasó es que entré siendo demasiado zorrón y la gente no se quería acercar a mí. El zorrón no se considera como tal por lo general. Para mí yo era el tipo más normal del mundo, un tipo muy simpático”, dice.

¿Qué era lo que te hacía ser tan zorrón?

Las jergas. Decir: ‘mató, perro’. Decía mucho ‘mató’. Era de carretear siempre. No podía pasar el fin de semana sin minas. Era de esa volada, aunque ese año estaba medio gordito porque conocí los completos con bebida de calle República. En el colegio picaba más, los fines de semana hacía ‘cuarto medio’, que era ir a ver a las niñas más chicas.
Según Max, simplemente los tiempos han cambiado y hoy este estilo ya no tiene tanto arrastre. “Va quedando poco zorrón clásico. Ya no queda ese tipo con el cuello de la polera cortado, hoy se fragmentó a muchos submundos”, analiza el ex zorrón.

Hace un año el estudiante de derecho Diego Araya (20) escribió en el blog de los alumnos de la Universidad de los Andes un post sobre los distintos tipos de zorrones: el verdadero zorrón, el zorrón aparentado, el zorrón escolar o el zorrón adulto-creo-que-tengo-responsabilidades. “Hubo gente que puso que no estaba de acuerdo con mi columna y que era un resentido, igual me reí. Lo hice porque es un tema del que todos sabemos, pero no hablamos mucho. Nunca nos hemos parado a darnos cuenta que en realidad hay muchas variaciones de las que no se hablan normalmente porque siempre los encasillamos en una gran clasificación de zorrón”, disecciona Araya.

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Más allá de las distintas clasificaciones, el espíritu sigue siendo el de siempre: carrete, carrete, carrete. “El zorrón en bruto agarra su Rubicon 4×4 y se va al norte a una cabaña y se toma fotos en Instagram con los amigos y después en el invierno va a La Parva. Se revienta tomando y le da lo mismo”, aclara Jorge.

Excesos que hoy van de la mano de fiestas electrónicas y drogas sintéticas. “Otro carrete zorrón es ir a raves y tirarte ‘pastis’: X y M”, detalla Max sobre el éxtasis y la droga del amor.

Un contexto que no da para entrar a temas más contingentes, como podría ser la política. “Los zorrones no nos metemos mucho en el tema político, ahí depende de cada uno. La política no te define en esta tribu porque es más de una ideología de ‘el mundo está a mis pies y yo puedo hacer lo que quiera con él’”, cuenta Jorge sobre un estilo de vida difícil de sostener en el tiempo. “Después de una edad ya no puedes agarrar la Rubicon todos los días e irte a ‘jeepear’ porque es absurdo”, admite el joven ya más serio.

Pero algunos se quedan zorrones y los hay bien pasados los 30 que Francisco Germain describe como el personaje de Bradley Cooper en la película Hang Over. “Ese es un zorrón de 35 años, que va a trabajar, fuma pitos igual, trata de sacar un poco la vuelta pero igual puede ser bastante competente y bueno para las lucas. Un zorrón muy distinto al de 18 años que no tiene ningún contenido”.

¿Entonces, se puede ser por siempre zorrón?

No, llega un momento en que empieza a caer mal. El de 40 años es medio looser, pero de 35 hay hartos. Aunque ese zorrón tiene que trabajar porque su propio grupo no acepta que sea un mantenido.

¿Es importante ganar plata a esa edad?

Claro. Por supuesto que habrá algunos que digan “qué cool, se las arregla para no trabajar”, pero es más bien motivo de burla que alguien no haga nada. Si el zorrón de 18 años es winner por estar con la mujer más rica, a los 35 es winner por tener una oficina en Carey Abogados o por trabajar de gerente de marketing.

En resumen, todo sea por sustentar una vida sin límites, como reafirma Jorge, el trabajador de una repartición pública bueno para las definiciones con el que partió este artículo: “Sí, mi estilo de vida es zorrón. Me gustan los lujos y viajar, no soy un tipo que ahorre. Yo, simplemente, vivo el presente”.

TIPS ZORRONES

A dónde salen: Club Militar, Teatro Alicia, Las Terrazas del Arrayán, la Eve en la semana, Centroparque, Microclub y Club Ambar.

Dónde ya NO salen: Discotheque Kamikaze, centro de eventos CasaPiedra y el balneario de Algarrobo.

Dónde veranean: Puerto Velero, Morrillos, Las Tacas, Pucón, Villarrica,Tunquén, Cachagua, Vichuquén, Caburgua o Panguipulli. En el extranjero, Australia, Nueva Zelanda y el sudeste asiático. Para el 18, Los Molles, Pichidangui y Maitencillo.

Dónde van a comer: La Burguesía, Frank Urban Kitchen o La Maestranza.

Dónde compran ropa: Zapatos en Bestias o Cole Haan, polerones en DC, Volcom o Oakley. También Oukelele y Haka Honu.

Un auto: Cualquier camioneta o el jeep Wrangler Rubicon.

Qué escuchan: Electrónica (mucho house y house tropical), trap y -obvio- reguetón.

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