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Actualizado el 06/01/2018
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Valentina Verbal: “La derecha espanta a los gays y a los trans”

Autor: Ignacio Bazán

Es la autora de La Derecha Perdida, libro en el que critica al sector por influenciarse por pensadores comunitaristas como Pablo Ortúzar y Daniel Mansuy. Ella se autositúa como liberal en lo económico y valórico. Aquí, además, habla sobre cómo es ser una intelectual trans dentro de la derecha.

Valentina Verbal: “La derecha espanta a los gays y a los trans”

Valentina Verbal es historiadora y recientemente ganó una beca Fullbright para hacer un doctorado, también en historia, en Estados Unidos. El año pasado publicó un libro sobre la derecha a través del Instituto Libertad y Desarrollo, La Derecha Perdida, en el que delinea las directrices para que el sector recupere su alma histórica, más vinculada a un Estado liviano que deje operar a sus ciudadanos con libertad casi absoluta. Para Verbal, lo que se denomina como “la derecha social” es un triunfo de las ideas de centroizquierda. Y es ahí, asegura, donde la derecha “se pierde”.

Su libro se llama La Derecha Perdida. La derecha acaba de ganar una elección por nueve puntos. ¿Sigue estando perdida?

Sí, en los términos que yo planteo en el libro, porque la derecha es capaz de ganar una elección como la ganó el 2009 y antes la había ganado, por ejemplo, Jorge Alessandri, pero en términos históricos no es capaz de ganar una próxima generación, no le puede dar continuidad doméstica a un proyecto político desde el punto de vista de un relato, pero no un relato entendido como una frase de marketing, como se suele entender a veces, sino como un gran principio ideológico que se define en un momento histórico determinado a una coyuntura determinada. Y este principio no puede ser otro sino que la libertad, pero una libertad entendida de manera mucho más profunda. La derecha todavía no tiene un relato en ese sentido.

¿Por qué cree que no se hace ese relato más coherente?

La barrera concreta del último tiempo, como digo en el libro, es que ha habido una especie de hegemonía cultural que ha sido bastante negativa, en términos políticos, de algunos intelectuales que han propuesto un relato, pero un relato que yo califico en el libro de comunitarista.

Estos comunitaristas de los que habla, que son Mansuy y Ortúzar, en el libro, básicamente sostiene que han hecho que la derecha se vista con ropas ajenas, incluso con ropas ajenas para poder ganar una elección. ¿Ese es su sentimiento?

Ellos creen que en el proyecto político tiene que establecerse un horizonte en el sentido moral, y bueno, no solo establecerse, sino que cuando se hace desde el Estado se impone… y todos digamos, las personas y la sociedad, para que haya un sentido político, en este caso un relato, etc., tienen todas las personas que someter sus intereses, sus proyectos de vida, a ese horizonte colectivo. Eso creo que fue un error, porque es una visión colectivista, aunque es un colectivo más moderado que el de la izquierda y el socialismo, pero igual ya estás jugando en la cancha de una categoría de análisis que es colectivista, es decir, que rechaza que las personas tienen fines propios y que esos fines propios deberían hacer una sociedad libre suprema, es decir, que debería ser respetada por la autoridad y por el Estado. La derecha se ha comprado que el Estado tiene que establecer una concesión de la vida tanto en el plano económico social como en el plano valórico.

Incluso, en el triunfo la derecha sigue ocupando conceptos ajenos que no han estado relacionados con el pensamiento más histórico del sector. ¿O no?

Claro. Se necesita entender la libertad económica, y defenderla por razones morales, porque las personas tienen un proyecto de vida, están saliendo adelante. La persona que pone una peluquería, que pone un almacén de barrio, esa persona está construyendo un proyecto, está buscando su felicidad. La derecha no entiende eso, y el Estado no tiene por qué aceptar ese proyecto de vida, tiene que permitirlo, posibilitarlo, ayudarlo obviamente, no tiene que restringir ni regular obsesivamente. Mirando hacia adelante, el siguiente paso es entender la libertad no solo económica, sino entender la libertad en otros planos, como en el valórico, pero yo reconozco que no es fácil llegar a eso. Lo que yo le digo en mi libro a la derecha es que demos juntos el paso relacionado a la libertad económica y que la defendamos por razones no económicas. Y a la derecha liberal dentro de Chile Vamos que demos otro paso, que es defender también la libertad en la opción sexual, para que ojalá en una generación siguiente ya la derecha pueda en su conjunto dar ese paso.

Antes de entrar en eso, qué pasa cuando la libertad que provee un Estado para obrar termina en abusos? Me refiero a La Polar o a los casos de colusión, donde la libertad es tal que se termina abusando contra los ciudadanos. ¿Cuál es su opinión de eso?

Que eso está mal, y eso es antiliberal, porque el liberalismo se basa en la libertad bajo la ley, bajo un orden legal, nunca hemos creído en una anarquía. Siempre se basa en que tienen que existir normas de buen trato y recta conducta y que ésta sea recíproca. Los abusos que se dan en el mercado, las colusiones, todo eso son normas de mal trato, son fraudes, digamos. En la práctica la pregunta es si el mercado chileno estará tan contaminado por estas prácticas. Yo creo que no, porque los casos que ha habido son, en general, pocos, aunque muy sonados. Si la sociedad fuera tan fraudulenta, con tantos abusos, estaríamos llenos de demandas, de jueces, no reinaría la confianza desde ningún punto de vista y no creo que eso ocurra en la práctica. Creo que la izquierda intelectual ha reforzado mucho esto y también la misma derecha.

Vargas Llosa hace poco hablaba de la derecha cavernaria, justamente refiriéndose a los temas más valóricos, ¿Cómo es para usted, una pensadora trans, convivir con ese tipo de derecha?

No es fácil, porque en realidad yo estoy en la derecha básicamente por el tema económico, porque creo en el libre mercado y creo en un orden libre integral. Creo que la libertad económica es básica para pensar una sociedad libre, porque es la libertad que cotidianamente todas las personas quieren, es la libertad para participar en el mercado.

¿Para usted, las claves económicas son superiores a las claves valóricas?

Es como un rayado de cancha, no es que sea superior, es el piso, ahí empieza la casa, son las decisiones cotidianas, las decisiones generalmente del mercado. Ahora, lo que yo te digo en lo personal, es que a mí me cuesta entrar a la derecha, pero entiendo que este es el piso por el cual hay que entrar, y desde ese piso voy construyendo a favor de los otros pisos. Pero sí, la derecha es cavernaria en temas valóricos, comparto ese punto, lo es en temas de aborto, temas de sexualidad, temas de familia, la derecha tiene cero empatía con las personas de la diversidad sexual y muy poca empatía con las personas transgénero. En cambio, la izquierda curiosamente, yo no compartiendo su proyecto económico-social, tiene una empatía espectacular en estos temas. Eso es desilusionante para mí, que soy una persona de derecha. Incluso, a mí me miran como una persona enferma mental, porque todavía consideran que los transgénero son enfermos mentales, que se pueden corregir.

¿Qué le parece el debate que se dio previo a las elecciones en el que se dijo derechamente que los gays no podían votar por la derecha?

Se dan varios matices, yo creo que es cierto que la derecha es mayoritariamente conservadora en estos temas y es cierto que la derecha a los gays y trans los espanta, es brutalmente poco empática con las personas LGBTI, pero sin embargo, eso no implica que las LGBTI no deban necesariamente votar por la derecha, porque obviamente en política lo que divide no son los temas valóricos, sino que los temas económicos, sociales, eso siempre ha sido así, desde hace mucho tiempo. La persona que cree en un modelo de libre mercado, por ejemplo, debería optar por la derecha más que por la izquierda, asumiendo una visión crítica hacia la derecha, por eso yo me siento de derecha, pero un poco heterodoxa a la derecha. No estoy dentro de la opinión oficial.

Como una suerte de satélite…

Claro, pero eso también ayuda, porque generalmente los grandes cambios surgen de satélites.

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