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Actualizado el 02/06/2017
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Vivir sin sexo

Autor: Carlos Matías Pérez / Fotos: Marcelo Segura

Sexo compro, sexo vendo, sexo arriendo. Lo que para Los Prisioneros era el mayor objeto de deseo hace dos décadas, hoy no parece serlo tanto. Estudios en Estados Unidos, Japón y otros países desarrollados dan cuenta de que podría ser que nuestros abuelos tuvieran más relaciones que la población actual. Entre las causas no sólo están los sospechosos de siempre como el estrés y el porno.

Vivir sin sexo

La escritora Natalia Berbelagua (32), quien debutó con el libro de relatos eróticos Valporno en 2011, hoy está en otra. “El sexo dejó de ser una preocupación para mí. Se desplazó, de haber sido una necesidad importantísima hace un par de años ya no es relevante”, explica. Cuenta que no es la única, que tiene amigos que hace años no tienen relaciones. Ella reconoce que pasó de ser muy activa a estar en una posición diametralmente opuesta. “El concepto del sexo me tiene aburrida, me aburre que se haya masificado tanto y que esté tan desprovisto de todo”, reflexiona.

Berbelagua dice que su área, la creativa -escribe libros y guiones- exige también desligarse un poco de la actividad sexual. “En gente que tiene pegas de ocho horas debe haber un tema de cansancio y aburrimiento. Para mí el sexo pasó a ser parte de la maquinaria, de la rutina, se sumó al tedio”, explica la escritora.

Natalia Berbelagua: “El sexo dejó de ser una preocupación para mí”.

Natalia Berbelagua: “El sexo dejó de ser una preocupación para mí”.

Los comentarios de ese tipo no son pocos. Se trata de una realidad con la que se han encontrado los investigadores en países que miden la sexualidad y en los que no, es un motivo más frecuente de consulta para los terapeutas: parejas que declaran haber dejado de tener relaciones sin ninguna razón aparente. Dicen que no tienen tiempo, que es muy complicado.

Con esto se han encontrado los sicólogos estadounidenses Jean M. Twenge (de la U. Estatal de San Diego), Ryan A. Sherman (de la U. Atlántica de Florida) y Brooke Wells (de la U. de Widener), quienes llevan años analizando datos de la General Social Survey, una encuesta estadounidense a 46 mil personas y más de cuatro décadas de datos comparados, para llegar a una conclusión: la gente está teniendo menos sexo.

El dato más sorprendente es que el 15 por ciento de los millennials -los nacidos entre principios de los 80 y finales de los 90- no reporta tener relaciones, una cifra que es más del doble de lo que reportaban hace una década las personas de esa edad. “Los jóvenes estadounidenses de hoy dicen tener menos sexo de lo que esperábamos dada su edad y la época en que vivimos”, dice Ryne A. Sherman a Tendencias sobre su estudio publicado en el revista Archives of Sexual Behavior.

Aunque esto es extensivo a toda la población. “Nuestros datos indican que la frecuencia sexual está disminuyendo en promedio en adultos de todas las edades”, explica Sherman. El mismo equipo de investigadores divulgó en marzo de este año que en promedio sus compatriotas de tienen un 15 por ciento menos de actividad sexual que la que tenían los estadounidenses en los noventa.

En Japón el fenómeno es más evidente. Una encuesta hecha el año pasado por el Instituto Nacional de Investigación sobre Población y Seguridad Social, algo así como la Casen nipona, mostró que el 42 por ciento de los hombres y el 44 de las mujeres solteros son vírgenes. En 2010 mostraba que el 36 por ciento de ellos y el 38 de ellas decía lo mismo. En un sondeo de la Asociación Japonesa de Planificación Familiar de este año el 47 por ciento de las parejas dijo que vive en un matrimonio sin sexo. Casi la mitad de los casados aseguró que no había tenido relaciones por más de un mes y no esperaba que eso cambiara en un futuro cercano. El 22 por ciento de las mujeres encuestadas contestó que el sexo le parece “problemático” y el 35 por ciento de ellos, que el trabajo los deja “demasiado cansados” para la actividad sexual.

Sherman asegura que es un fenómeno global. “Los datos que tengo sólo hablan de los estadounidenses. Sin embargo, he escuchado planteamientos similares de investigadores del Reino Unido. Esta tendencia está sucediendo en muchas sociedades occidentalizadas o industrializadas”, explica. Investigaciones recientes en Australia también respaldan la tesis: por lo menos en esos países, donde el tema se mide, se está teniendo menos sexo.

¿Qué pasa en Chile?
Para contestar la pregunta hay un problema: salvo una encuesta nacional hecha en 1998 por el Minsal con la ayuda de capitales franceses, no hay muchos datos sobre cómo se vive la sexualidad local. Por eso la respuesta hay que buscarla en la consulta de los especialistas.

Nicole D’Alencon, sicóloga que se dedica a este tema, dice que la falta de deseo sexual hoy es una problemática habitual en sus pacientes. “Lo veo mucho. Diría que el 60 por ciento de las consultas que tengo son mujeres de alrededor de 30 años con trastorno de baja de deseo que vienen y me dicen ‘no tengo ganas’”’, explica.

Ella no es la única. La sicóloga clínica Verónica Bagladi, subdirectora del Instituto Chileno de Sicoterapia Integrativa, dice que le llama la atención la cantidad de hombres y mujeres en el tramo de los 28 a 40 años que llegan a su consulta reconociendo llevar seis u ocho meses sin sexo a pesar de, en la mayoría de los casos, tener parejas estables y muchas veces vivir con ellas. “Se ve más frecuentemente ahora de lo que se veía hace unos 15 años, en ese segmento etario no existía esto de pasar tanto tiempo sin que pase nada. Lo más llamativo es que son parejas que se llevan bien y no están peleadas, sólo dicen que no tienen energía”, comenta Bagladi.

En resumen, hoy el sexo complica.

Algo así le pasa a Antonia (29 años, trabaja en ciencia). Ella cuenta que perdió la virginidad a los 16 y después, entre los 19 y 23 años, tuvo un “pololo sin ventaja”. Su próxima relación, a los 24, fue con un compañero de universidad con quien duró cinco años, pero a partir del tercero dejaron de tener relaciones. “Para los dos el sexo se volvió una lata. Al principio, cuando estábamos embalados y era algo nuevo, era bueno, pero después se volvió medio repetitivo. Para los dos era más cómodo así”, cuenta. Hoy, después de un par de relaciones, dice que está feliz sin tener relaciones, que no espera estar así por siempre, pero que de momento es lo mejor.

“Es muy enredado. Hablas con amigas y el tema es una locura”, parte diciendo casi como si fuera un stand up comedy. “Te dicen: ‘El sexo es súper natural y bacán’, pero después te enteras que tienes que estar full brazilian porque si no, no puedes estar ‘en el mercado’. Hay como mil reglas. ¿Qué tiene eso de natural? Es al revés: super rígido. Están todas super ‘paqueadas’ al tener sexo: ven cada detalle para estar perfectas, hablan de operarse o de trabajar el poto en el gimnasio. Una locura”, repite Antonia.

Por otra parte, uno de los pocos estudios estables en el país que mide temas de sexualidad, la Encuesta Nacional de la Juventud del Injuv, muestra cómo la edad de iniciación sexual ha ido descendiendo. Si hasta 2006 menos del 40 por ciento de los encuestados reportaba no ser virgen entre los 15 y 19 años, en 2015 el 47 por ciento ya había tenido su primera relación a esa edad. Bagladi cree que esto podría explicar la baja en la actividad sexual entre los 20 y 35 años. “Hoy tienen menos relaciones porque a esa edad el sexo ya no es novedad. Están más preocupados de sus carreras y en otro tipo de relación. Hoy esas cosas pasan antes”, teoriza la especialista.

Alejandra, que no se llama así pero prefiere no identificarse más, es profesional, tiene 33 años, una relación hace cinco y una mamá que la reta porque tiene poco sexo. “Le conté que lo hacíamos una vez a la semana o menos y me preguntó cómo tan poco”, explica. Hoy está yendo a terapia porque no le motiva el sexo, aunque admite que lo practica sólo por miedo de perder a su pareja y, claro, para saber qué responderle a su mamá. “Ella tiene otro parámetro porque se casó joven, lo que vivió al principio es lo que vive uno al principio del pololeo. Hoy son otros tiempos y ya no es novedoso. ¡Me decía que tenía que hacerlo todos los días!”, recuerda.

Algunos creen que si en Chile hubiera datos probablemente darían cuenta de lo mismo que pasa en Estados Unidos: matrimonios con menos relaciones que en décadas anteriores. “Sé de parejas que con suerte lo hacen una vez al mes, que son muy partner entre ellos, pero se les apagaron las ganas o ya no es prioridad y tienen sexo de manera funcional, por ejemplo, para tener hijos”, comenta Verónica Watt, sicóloga quien en su sitio veronicawatt.com reúne historias sobre la vida sexual de los chilenos.

Verónica Watt, sicóloga.

Verónica Watt, sicóloga.

El nuevo sexo
Jaime Barrientos, investigador de la Escuela de Sicología de la Usach, en cambio no cree que se estén teniendo menos relaciones. Dice que los chilenos no tenemos ni mucho ni poco. Para él lo que sí ha pasado es que se han diversificado las prácticas. “La penetración ya no es lo único”, comenta el sicólogo, quien afirma que estamos viendo el efecto de décadas de campañas de educación sexual. Según él, los jóvenes han cambiado algunas prácticas para evitar embarazo o el contagio de enfermedades de transmisión o VIH.

Algo así se vio años atrás en el reportaje “Vírgenes en llamas”, publicado por Marcela Recabarren en octubre de 2004 en revista Paula, que mostró que muchas adolescentes de colegios ABC1 para no quedarse embarazadas recurrían cada vez a prácticas como el sexo oral.

D’Alencon concuerda con esta tesis y agrega que “a eso se suma al despertar de la diversidad sexual. Todas las relaciones LGTB también tienen otras prácticas”, complementa la sicóloga.

Para Barrientos esto explica la baja en los índices: ahora mucho sexo no es “registrable” en las encuestas. “La definición de inicio sexual desde el punto de vista de salud es cuando existen relaciones penetrativas, por lo tanto todas las otras prácticas no son consideradas”, detalla el investigador, quien agrega que de todos modos es imposible ser concluyente: “La única forma de poder constatar eso es realizando estudios y lamentablemente no hay”, dice.

Cóctel de razones
Quienes plantean que sí se podría estar dando una baja en la actividad sexual explican que este es un fenómeno en el que influyen varios factores.

Susana Ifland, terapeuta de parejas y presidenta de la Sociedad Chilena de Sicología Clínica, apunta a los cambios en el estilo de vida, como la inserción de la mujer en el mundo laboral o el encarecimiento del trabajo doméstico, que dejan con menos tiempo y energía para esta clase de menesteres. “Ahora la mujer tiene que hacer mil cosas y además trabaja. Cuando le preguntas a las parejas por el tema te dicen: ‘Ya no me acuerdo ni cómo se hace’, ‘he perdido el interés’ o ‘¿quién va a tener ganas con tanta pega?’”, detalla la sicóloga.

Acá las especialistas mencionan a la omnipresente industria del porno. “Ese factor se repite bastante. Generalmente ella lo pilla a él cuando se va al escritorio diciendo que tiene trabajo, pero después lo encuentra viendo videos”, dice Ifland sobre una casuística recurrente en su consulta. D’Alencon concuerda y agrega que muchas de las prácticas que aparecen en los videos XXX hacen que las parejas se confundan. “Ven esas imágenes y en la realidad hay mujeres que me preguntan: ¿Tengo que hacer eso? Hay una expectativa que genera angustia”, comenta la especialista.

Para ella el porno, junto a la industria de la belleza, son las principales causas que llevan a sus pacientes a la consulta: mujeres que producto del estereotipo social tienen baja autoestima y están disconconformes con su cuerpo. “Me dicen: ‘No me gusto, me veo en pelotas y me molestan muchas cosas de mi cuerpo’. Piensan que si no encajan en los estereotipos probablemente no son tan deseables para sus parejas.”, dice D’ Alencon.

Nicole D'Alencon, sicóloga especialista en sexualidad.

Nicole D’Alencon, sicóloga especialista en sexualidad.

Por eso, junto a la también sicóloga Nerea de Ugarte están formando una organización llamada La Rebelión del Cuerpo para abordar esta sintomatología clínica: la baja autoestima en las mujeres producto de la industria de la belleza o el sexo. “Hoy muestran mujeres muy flacas, pechugonas y potonas, ¿el promedio de la población chilena es así? ¿Las demás son todas feas?”, reflexiona D’Alencon.

En Estados Unidos, con estudios en la mano, Sherman propone algo distinto y sorpresivo: “Creíamos que el porno, porque proporciona gratificación sin sexo, y las largas jornadas de trabajo, porque significan menos tiempo para el sexo, estaban relacionadas con el fenómeno. Sin embargo, nuestro estudio más reciente las descartó. En más, ver pornografía y trabajar más se asocian con una mayor frecuencia sexual”, dice

Con su equipo entonces están mirando otros factores. Sherman enumera tres: el aumento de internet -como Netflix y las redes sociales- que generan entretención “no hormonal” a las personas. Incluso los sitios de citas o Tinder podrían tener un efecto contraproducente. “Las aplicaciones de citas deberían, en teoría, ayudar a los millennials que buscan parejas sexuales”, explicó a los medios Jean M. Twenge, la investigadora en el equipo de Sherman, “pero pueden tener el efecto contrario si los jóvenes están gastando tanto tiempo en línea que interactúan menos en persona y, por eso, no tienen relaciones sexuales”. Otro motivo, que es similar a lo que plantea Barrientos, es el efecto de las campañas de educación sexual y la amenaza del VIH y, por último, en Estados Unidos, la recesión económica que obligó a muchos jóvenes a seguir viviendo con sus padres sin tener un lugar propio para concretar sus citas.

Sherman y su equipo en todo caso no ven esta baja de la actividad sexual como algo alarmante. Explica que los estudios han mostrado que los jóvenes nacidos en los años 30 tenían relaciones 62 veces al año, mientras que los millennials actuales las tienen en 56 oportunidades, una diferencia de sólo seis relaciones sexuales por año. “¿Un cambio significativo? Sí. Pero no es que las personas ya no tengan relaciones sexuales, sólo tienen menos que antes. ¿Podría ser esto problemático? Es demasiado pronto para saberlo”, dice.

Hazlo por Dinamarca

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Un sugerente spot danés lanzado en 2014 mostraba a atractivos escandinavos relajados en playas paradisíacas o en la piscina de un hotel preparándose para tener sexo. Las imágenes se intercalaban con gráficos que daban cuenta de la fuerte baja de la natalidad en la población danesa y la necesidad de tener hijos para sostener la tasa de recambio y el modelo de pensiones bajo la consigna “Hazlo por Dinamarca”. Muchos creían que el anuncio era de un ministerio, pero no, era de una agencia de viajes recordando que las vacaciones son el mejor momento para tener relaciones. Un año después un artículo de Politiken, el principal diario de Copenhague, vinculaba el comercial con un pequeño baby boom de 1.200 niños que hubo tras la emisión del aviso.

Aunque el ejemplo habla más del alto alcance de las técnicas de autoconcepción que de la cantidad de relaciones propiamente tales, sí da cuenta de un tema cada vez más recurrente: la disminución en el número de hijos y el postergar la paternidad es una realidad en casi todo Occidente. “Si antiguamente nuestros padres tenían sus hijos a los 18, 20 o 22 años, hoy muchas parejas postergan eso hasta los treintitantos porque prefieren desarrollar primero su vida académica y laboral”, explica Jaime Barrientos, investigador de la Escuela de Sicología de la Usach.

Imagen vinculada al spot danés.

Imagen vinculada al spot danés.

¿Llegará el día en que los gobiernos nos inviten a tener sexo? Barrientos cree que será un tema importante, sobre todo en sociedades donde la población laboralmente activa mantiene a los mayores. “La pregunta por la reposición es importante porque en muchos países ha disminuido tanto la cantidad de niños que puede llegar a ser un tema importante desde lo social”, opina.

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