La Tercera

Yuval Noah Harari: “Los principales productos del siglo XXI serán cuerpos, cerebros y mentes”

Barack Obama y Bill Gates son sólo algunos de los personajes que en el último tiempo han declarado el entusiasmo con que leyeron De animales a dioses, el exitoso debut literario del historiador israelí Yuval Noah Harari. El año pasado el ex presidente de Estados Unidos puso a esta obra, publicada en 2011 y que desde entonces ha sido traducida a más de 50 idiomas, entre lo mejor que había leído en sus vacaciones, y el fundador de Microsoft la incluyó en una lista de los 10 libros que le gustaría tener si naufragara en una isla desierta: “Esta mirada a toda la historia de la raza humana generó grandiosas conversaciones en nuestra mesa familiar”.

El libro, que ya ha vendido más de cinco millones de copias, narra el complejo camino que ha recorrido el humano moderno (Homo sapiens) durante decenas de miles de años y convirtió a su autor en la última celebridad mundial venida del mundo académico. En casi 500 páginas, Harari explica cómo el Homo sapiens logró imponerse a la otra media docena de especies humanas que poblaban el mundo hace 100 mil años y desde ahí hace un recorrido hasta la era del capitalismo y la ingeniería genética, para mostrar por qué somos como somos. El investigador también narra la aparición del dinero y la religión, el establecimiento de las naciones y el surgimiento de las revoluciones científicas.

El éxito que ha tenido hasta ahora el libro, que ya tiene una secuela en librerías titulada Homo Deus, que versa sobre el futuro, se basa en buena parte en su enfoque interdisciplinario y su lenguaje directo. El conductor radial británico Chris Evans, por ejemplo, dijo en la BBC que la primera página de De animales a dioses es la “más impresionante de cualquier libro que haya leído”. El interés también se ha despertado gracias a que Harari plantea puntos de vista originales y provocadores que desafían las narrativas tradicionales y llevan a hacerse preguntas. Entre otras cosas dice que el Homo sapiens es “un asesino ecológico en serie” y que incluso con las herramientas de la “Edad de Piedra”, nuestros antecesores se las arreglaron para aniquilar a la mitad de los mamíferos terrestres del planeta.

También plantea que la nuestra no es una historia de progreso y que el hombre probablemente era más feliz y estaba mejor alimentado cuando era un cazador nómade que cuando se asentó y se dedicó a cultivar la tierra, por que “la revolución agrícola fue el mayor fraude de la historia”. Agrega que el capitalismo, más que una teoría económica, es una religión, la más popular que se conoce hasta ahora y que el trato a los animales en la agricultura moderna podría ser el peor crimen de la historia.
“Obviamente estoy muy complacido con mi éxito. Es bueno saber que tras trabajar tan duro estos libros realmente llegan a las personas y las ayudan a entender mejor el mundo”, dice Harari desde Israel, donde es profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en la que él mismo estudió historia. Pero luego el académico de 41 años, que se doctoró en Oxford, agrega: “También hay un lado negativo en todo esto. Tengo mucho menos tiempo que antes y más compromisos. Viajo por todo el mundo, doy entrevistas todo el día y también decepciono a muchas más personas que antes. Hace diez años nadie me conocía ni esperaba nada de mí”.

Antes de saltar a la fama, Harari, que es gay asumido desde los 20 años y vegano, llevaba una apacible vida junto a su marido en una granja cooperativa en las afueras de Jerusalén. Su rutina ha cambiado bastante tras la publicación del libro, pero él sigue sin tener smartphone y cuando no está viajando y dictando conferencias, practica dos horas diarias de meditación. “Parto mi día meditando una hora. Desayuno y trabajo siete en mi computador. Luego hago algo de yoga y paseo al perro en un bosque cercano. En realidad, eso es sólo una excusa para ver algunos árboles y animales y no sólo emails. Luego me siento otra hora a meditar. Después con mi marido nos juntamos con amigos o vemos una película”.

El investigador criado en una familia de judíos seculares y que no cree en Dios, cuenta que originalmente su especialidad no era para nada la evolución humana y se dedicaba a un área mucho más específica.

¿Cómo surge entonces esta “breve historia de la humanidad” que hace en su primer libro?

Siempre me han interesado las grandes preguntas en torno a la historia humana, como por qué hay tanto sufrimiento en el mundo, por qué la gente cree en Dios y si la historia se rige por leyes establecidas. Cuando empecé a estudiar en la universidad, pensé que era el sitio ideal para responder esas interrogantes. Pero me decepcioné. El mundo académico me llevó a enfocarme en preguntas más y más estrechas y me dio la impresión de que no podía aproximarme a las grandes preguntas de una manera científica. Así que me volví experto en historia militar medieval y seguí explorando los grandes enigmas sólo como un pasatiempo.

¿Cómo pasó entonces de estudiar castillos y armaduras a la evolución del Homo sapiens?

Cuando terminaba mi doctorado, conseguí un trabajo en la Universidad Hebrea y una de mis responsabilidades era dar un curso introductorio sobre historia mundial a alumnos de primer año. Ninguno de los profesores más antiguos quería dictarlo porque era considerado muy superficial. Enseñar toda la historia humana en un curso sonaba como algo poco científico. Pero mientras hacía las clases, noté el entusiasmo de los estudiantes. Aunque habían completado el colegio, no entendían las ideas y procesos más básicos de la historia, tales como qué es el dinero y la religión o por qué el capitalismo se volvió el sistema económico dominante en el mundo. Nadie se los explicó y querían respuestas.

¿Para quién escribe sus libros?

A menudo imagino a mi lector ideal como un adolescente inteligente y cuando escribo sobre un tema complejo como el capitalismo me pregunto a mí mismo: ‘¿Un chico de 17 años entendería esto?’. Si no puedo explicarle el capitalismo a un adolescente, entonces es muy probable que yo tampoco sepa de lo que estoy hablando.

El poder de la ficción

En el núcleo del pensamiento de Harari está la idea de que lo que finalmente convirtió al Homo Sapiens en la especie humana más exitosa fue su habilidad para crear y propagar ficciones colectivas. Según el historiador, las religiones y las naciones son algunas de estas ficciones humanas que han inducido a la colaboración y la organización a una escala masiva. Aunque admite que no todas las ficciones son compartidas por cada persona en el planeta, sí hay una que es universal y se llama dinero: después de todo, dice, un billete no tiene ningún valor en sí, salvo en el imaginario colectivo.

En términos de supervivencia, ¿cómo influyó nuestra capacidad para cooperar?

A menudo consideramos las diferencias entre nosotros y otros animales como los chimpancés en términos individuales. Pero enfrentados uno a uno o hasta en grupos de 10 los humanos somos vergonzosamente similares a los chimpancés. La ventaja real es nuestra capacidad única para cooperar de manera flexible y en grandes números. Las hormigas y las abejas pueden trabajar juntas en grupos enormes, pero lo hacen de manera rígida. Si surge un nuevo peligro u oportunidad, las abejas no pueden reinventar su sistema social de la noche a la mañana. Por ejemplo, no pueden ejecutar a la reina y establecer una república.

¿Qué rol juega la ficción en este proceso?

Los humanos no tienen un instinto de cooperación en masa. Podemos colaborar con extraños porque logramos inventar historias sobre cosas que existen sólo en nuestra imaginación, tales como dioses, naciones, dinero o derechos humanos, para luego esparcirlas entre millones de otras personas. Cuando millones creen en las mismas historias imaginarias, siguen las mismas leyes. Los chimpancés no pueden hacer eso. Nunca puedes convencer a uno para que te dé su plátano prometiéndole que tras morir se irá al cielo de los chimpancés y que recibirá incontables plátanos por sus buenas obras. Sólo los humanos pueden inventar y creer en esas historias. Por eso dominamos el mundo.

Su libro plantea que la religión es la mayor invención de la humanidad. ¿Dónde está hoy el foco de las creencias humanas?

El lugar más interesante desde una perspectiva religiosa no es el Medio Oriente, sino Silicon Valley. Los ingenieros de Google, Facebook, Apple y Microsoft están creando mucho más que dispositivos y algoritmos. Están elaborando la siguiente oleada de religiones universales: tecno-religiones que plantean todas las promesas clásicas, felicidad, justicia, prosperidad, vida eterna, pero aquí en la Tierra en lugar de después de la muerte y con ayuda de seres super naturales.

El futuro que viene

“¿Qué le espera al hombre?” es una pregunta que le rondaba frecuentemente a Harari y la convirtió en el tema central de su segundo libro, Homo Deus, breve historia del mañana, que apareció en castellano a fines del año pasado y está centrado en qué puede ocurrir en el futuro en un mundo como el nuestro en el que el azúcar, vía la diabetes por ejemplo, mata más gente que la pólvora y la guerra. “Quizás seamos una de las últimas generaciones de Homo sapiens. Seguiremos teniendo nietos, pero no estoy seguro que ellos los tengan. Al menos, no humanos”, dice Harari desde Israel y agrega: “En el próximo siglo o dos, los humanos se habrán destruido a sí mismos o se habrán mejorado a tal punto que se convertirán en algo totalmente distinto. Algo que será mucho más diferente de nosotros que los Neanderthal o los chimpancés”, asegura.

¿En qué podríamos convertirnos precisamente?

Adquiriremos habilidades que consideramos como divinas. En particular, la capacidad para crear vida. Tal como el dios bíblico creó animales, plantas y humanos según sus deseos, en el siglo XXI aprenderemos a diseñarlos según los nuestros. Usaremos ingeniería genética para crear nuevos seres orgánicos y ocuparemos interfaces cerebro-computador para elaborar cyborgs. Los principales productos de la economía del siglo XXI no serán textiles, vehículos y armas, sino cuerpos, cerebros y mentes, lo que producirá no sólo la mayor revolución en la historia, sino que el mayor cambio en la biología desde que apareció la vida en la Tierra.

Fuente de inspiración 

En la tapa de la versión en inglés de De animales a dioses, aparece una promisora recomendación escrita por Jared Diamond: “Este libro aborda las más grandes preguntas de la historia y del mundo moderno, y está escrito en un lenguaje inolvidablemente vívido”. Casi al final del libro, el propio Harari le agradece a Diamond por haberle enseñado a ver “la gran imagen del mundo”. ¿Quién es este mentor del historiador? Se trata de un profesor de geografía de la Universidad de California, en Estados Unidos, cuya especialidad original es la fisiología y que se hizo famoso por libros de divulgación como El tercer chimpancé (1991), Armas, gérmenes y acero (1997), Colapso (2005) y El mundo hasta ayer (2012), varios de los cuales están disponibles en librerías chilenas o en Amazon.es.

Su libro más conocido y popular es Armas, gérmenes y acero en el que el autor se pregunta por qué los pueblos de Eurasia lograron conquistar o desplazar a los nativos americanos, australianos y africanos y no a la inversa. El libro tuvo tanto éxito que fue traducido a 33 idiomas, ganó el premio Pulitzer y fue convertido en un documental transmitido por National Geographic en 2005.