Jaime Retamal

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Usach

Opinión

007 Varela, Gerardo Varela: con licencia para… ¿educar?

Ministro de Educación, Gerardo Varela. Foto. Agenciauno

Se nos informó que la primera acción – es decir, la primera señal política a la opinión pública- del ministro de educación Gerardo Varela, al inicio de su gestión, será la apertura del año académico en el DUOC, misma institución en la que años atrás el presidente Piñera afirmara que la educación es una inversión y un bien de consumo. La señal es clara de parte del ministro y está en su derecho: enfatizar la importancia de la educación superior técnico profesional para el crecimiento económico, la salud de las finanzas y del capital humano inmediato que el mundo empresarial anhela. Es un santo y seña de su gestión. Bien por él, bien por el Presidente y bien por los empresarios. No obstante, varios días antes de asumir, el ministro ya se había encontrado con ese grupo de interés; lo hizo en la Sofofa, les llevó “un mensaje de esperanza”, los trató de “imprescindibles”.

“Hay solo una persona hasta el momento que haya esquiado una avalancha. Ése es James Bond. Yo pretendo ser el segundo”, bromeó ante los empresarios.

Yo creo que es una mala señal, en todo caso. Demuestra una estrategia inmediatista, de efecto cortoplacista, pero lo más profundo, demuestra que está desde ya eligiendo mal qué hablar y a quiénes. Debiera plegarse con más énfasis a la retórica –ya delineada por el mismo Presidente- sobre la educación de la infancia.

Políticas de la infancia: ahí parece estar el centro de gravedad sobre el que tendremos que discutir las propuestas de la nueva gestión, también en educación. Por lo tanto, el ministro, antes de ir a la Sofofa a discursear a los empresarios, debió hacer un llamado desde una sala cuna para convocar un nuevo pacto social por la educación de la infancia. Es la educación de la infancia una dimensión mucho más estratégica, de largo plazo y con un sentido educacional profundo, pero mucho más, que el mercado de la educación superior técnico profesional. Ciertamente los bebes, los niños y las niñas no tienen el mismo glamour que los empresarios, pero ahí –marcando las diferencias- podría demostrar que efectivamente él, el ministro Varela, puede llegar a ser un digno heredero de Vicuña Mackenna, Andrés Bello y José Victorino Lastarria, como por lo demás desea el mismo ser, según confesión propia.

Sin embargo, la política de la educación de la infancia, no será algo sencillo. Desde ya se puede caer en un economicismo que poco podría aportar. Las razones neoliberales para mejorar los sistemas educativos no son buenas razones, ni las del neoliberalismo duro de los 80, ni las del neoliberalismo dulce de los 90 y 2000, la “tercera vía” a la chilena.

El programa de Sebastián Piñera afirma: “Los primeros años de vida de los niños son cruciales para su desarrollo integral y futuro bienestar. Sin embargo aún falta mucho por avanzar para igualar oportunidades y para que la cuna no determine el futuro de un niño”. Después de la perogrullada de este enunciado del programa, a mi preocupa que otra vez, y sobre todo en esta materia -la educación de la infancia- estemos hablando de “igualar oportunidades”. Esa retórica de la “igualdad de oportunidades” es la retórica de la competición, de la igualdad de oportunidades para competir. Es la misma retórica que ya encontramos en los programas educativos de Aylwin y Büchi en los 90 (!). ¿No podríamos innovar en esto? Esa filosofía no nos ha ayudado y está en el origen de los problemas. Supone y coloca en juego una concatenación de instrumentos –todos neoliberales- que ya han sido puestos en funcionamiento y que nos tienen donde estamos: mala educación generalizada (lo colegios de elite comparativamente con sus pares OCDE son pésimos). En todo caso, y perdonen que lo ponga así, pero ¿cuándo vamos a poder “igualar las oportunidades” de un niño de Cerro Navia versus uno de Vitacura? Nunca. Nunca, porque lo que se pondrá en juego cuando se trate de competir serán las redes de uno y el azar en el otro.

También, esta nueva administración, promete la “creación de una nueva subvención para jardines infantiles, a partir de los dos años”; “implementar un Sistema de Aseguramiento para la Calidad en la educación parvularia; “convenios con universidades de excelencia para fortalecer la formación inicial de las educadoras de párvulo”; “creación de banco de recursos pedagógicos para apoyar el trabajo en el aula”; y “fortalecer la incorporación de educadoras de párvulo a la Carrera Docente”. Es decir, ninguna innovación realmente importante. Son las mismas estrategias e instrumentos que conocemos desde los 90.

¿Qué hacer? En primer lugar, que el realismo no nos vuelva pesimistas. Si como dicen que lo harán, buscarán el diálogo con los que no piensan igual a ellos, esa será la oportunidad para influir, lo más que se pueda, en la dirección de lo que podría ser una revolución desde las salas cuna. ¿Balas de plata? Claro que las hay, es cuestión de tener coraje político y una visión filosófica y epistemológica nueva.

Así las cosas y fuera de broma, “007 Varela… Gerardo Varela” …tiene serios desafíos con la educación de la infancia y un muy poco creativo programa de política pública. ¿Encontrará el ministro la “licencia” que necesita –como un buen James Bond de la Educación- para educar?, ¿tendrá esa bala de plata escondida en su Walther PPK? Yo espero que sí. Tendrá que partir por el diálogo sereno. Veremos. Ojalá no se embriague con el Vesper Martini neoliberal. O al menos –si lo está- que deje estacionado su Aston Martin, y pregunte. Preguntar es signo de inteligencia.

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