Jorge Navarrete

Jorge Navarrete

Abogado

Opinión

30 días no es nada


Resulta algo inoficioso hacer una evaluación del gobierno a solo un mes de haber asumido. Sin embargo, hay rasgos o señales que podrían prolongarse y que vale la pena comentar.

La primera de ellas atañe al propio gobierno y se refleja en el enorme esfuerzo por ajustarse a un libreto que varios celebran y reconocen por estos días. Pero sin ningún ánimo de ningunear lo que para muchos es el resultado de un sesudo y cuidado diseño, ¿en qué consiste éste, más allá de esconder al Presidente de la República? En efecto, y pese a que estas primeras semanas han sido muy pobres en materia legislativa, sumado al que a varios ministros los ha traicionado su frivolidad, locuacidad o sinceridad, pareciera que el gran triunfo del Ejecutivo es solo haber evitado los innumerables errores no forzados en los que habitualmente incurre Piñera. No es que quiera menospreciar dicho logro –agradezco el que no escuchemos más citas de libros que el Presidente no ha leído, malos chistes que denigran a las mujeres o se mofan de las personas diferentes, y para qué decir de sus reinterpretaciones históricas, tanto políticas como culturales- pero habiendo estado tan seguros de su triunfo en las pasadas elecciones, confieso esperaba algo un poco más contundente para dar inicio a su segundo mandato.

Otro rasgo de estos días es la perplejidad y confusión, por no decir el deterioro y descomposición, en la cual está sumidad la ex Nueva Mayoría. Como si nada hubiera ocurrido, sin ánimo de siquiera revisar con algo de sentido crítico la estrepitosa derrota electoral, y conformándose con repetir los mismos eslóganes y frases hechas que tan aburridos dejaron a los ciudadanos, la “centroizquierda” hoy no es más que una montonera de partidos y caudillos que vanamente intentan apropiarse de lo poco y nada que va quedando. Siempre es más fácil estar en la oposición que en el gobierno, pero hasta ahora parecieran esmerarse para hacerlo mal, al punto que pese a lo temprano de los acontecimientos, ya muchos piensan en la posibilidad real de que la derecha esté más de un período en La Moneda, y no precisamente por sus virtudes sino por los deméritos de quienes deben enfrentarlos.

Por último y con todas las cautelas del caso, una tercera e interesante señal es la que están dando algunos miembros del Frente Amplio. Tratándose de una fuerza política extremadamente heterogénea, la que probablemente se reducirá en el futuro a no más de tres partidos o movimientos, parecen empeñados en dar con esa ecuación que no los despoje de sus banderas, pero que éstas no sean un impedimento para transformarse en una opción real de poder en el futuro. De esa forma, su desempeño parece más pensado, maduro e inteligente, del que hasta ahora observamos en sus menoscabados padres políticos.

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