Opinión

Aeropuerto de Santiago: una mala imagen


SEÑOR DIRECTOR

En el último mes, he tenido dos veces la oportunidad de ser usuario del aeropuerto Arturo Merino Benítez, y lo cierto es que como primera impresión de Chile, resulta extraordinariamente negativa.
En la primera oportunidad, llegando desde Uruguay, estuvimos 45 minutos sentados en el avión desde que aterrizó, porque según se nos comentó, no había personal de tierra disponible para que el avión se estacionara. Finalmente, una vez ingresados al recinto, la entrega del equipaje y la revisión por el SAG, fue caótica. En resumen, logramos salir del aeropuerto, dos horas después de aterrizado el avión y eso que en migraciones, el tiempo de espera fue normal.
La segunda oportunidad fue el sábado recién pasado. Nuestro vuelo, proveniente de Buenos Aires, fue el tercero en aterrizar, detrás de dos que venían de Lima. Pasada policía internacional, las pantallas electrónicas mostraban que nuestro equipaje se entregaría en la cinta N°2, junto con el de dos vuelos más. Después de 45 minutos de espera sin que maleta alguna apareciera, en que no había ningún personal ni del aeropuerto ni de Latam para preguntar que sucedía, extranjeros que tenían conexiones de vuelos comenzaron a reclamar airadamente contra la inoperancia del sistema y la falta de personal a quien preguntar qué sucedía, llegando incluso una joven madre con una guagua de meses a decidir salir sin su maleta, porque no podía perder su vuelo al sur. Fue tal el reclamo que alguien decidió ir a consultar, enterándonos de que nuestro equipaje estaba dando vueltas hacía rato ya, en la cinta N° 6, sin que ni el sistema electrónico lo advirtiera en las pantallas y sin que nadie de Latam advirtiera del cambio.
En resumen, un vuelo de 90 minutos terminó en una demora de dos horas para llegar a nuestra casa.
Sabemos que el aeropuerto está en expansión, pero nada, absolutamente nada justifica la negligencia, la indolencia, la falta de organización y la falta absoluta de información existente, en un lugar estratégico para nuestra imagen, como lo es la puerta de entrada al país.

Jaime Jankelevich

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