Sebastián Soto

Sebastián Soto

Abogado

Opinión

Bachelet y su Constitución

La Presidenta Michelle Bachelet firmando ayer la propuesta de nueva Constitución. Foto: Andrés Pérez

Al menos surgen tres reflexiones a propósito del envío del proyecto de nueva Constitución. Ante todo, es claro que nadie ajeno al gobierno conocía ni siquiera algunas líneas del proyecto. Se hizo en una oficina de La Moneda, a espaldas de los constitucionalistas cercanos a la Nueva Mayoría y de sus políticos. Y para qué decir de algún proceso de consulta del texto mismo. Por eso la rebelión DC, pero también la del PPD, PR y algo del PS. Por eso tanta crítica en las redes sociales. Todo esto muestra que esta es la propuesta de Bachelet; no es una Constitución de su coalición ni de la izquierda. Es, como ya hemos visto antes, solo de su lote.

Una segunda reflexión es preguntarse por qué enviarla ahora. Algo ha pasado entre la Presidenta que dejó el mando el 2010 y ésta que nos abandona ahora. En marzo del 2010, antes del cambio de mando, el gobierno de Bachelet envió al Congreso seis proyectos de ley completamente irrelevantes. Esta vez, sabemos que enviará al menos dos que, no hay duda de ello, han sido parte central de su relato político: la eliminación del CAE y el de nueva Constitución. ¿Qué nos quiere decir la Presidenta?

Una opción es que esté preparando la cancha para su retorno, para dejar botando una pelota que siente propia y que la motivará a regresar. Pero yo prefiero pensar distinto, quizá con algo de candidez: lo que quiere hacer la Presidenta es desacoplar el debate constitucional del ciclo electoral de forma de llevar adelante un proceso de cambio constitucional paulatino, sin prisa pero sin pausa. No será entonces obra de ella, sino que obra de muchos otros presidentes y congresos que seguirán reflexionando sobre el mejor pacto constitucional. Y el valor que en este contexto tiene el texto firmado ayer no es otro que ser uno más de los que estarán en la mesa de esta larga discusión.

Visto así, el gesto tiene algo de esperanzador y da muestras, por fin, de que en este tema ha llegado el momento de conversar dejando atrás las consignas y sueños que el gobierno ha predicado en estos cuatro años cuando se habla de Constitución.

Finalmente, pareciera que la Presidenta quiso fijar ciertos contenidos; mover la frontera cultural, le gusta decir a algunos. Está por verse si es así; el proyecto recién es público y su análisis requiere más tiempo. Pero de los anuncios se aprecia que la novedad (o al menos el énfasis) está en agregar y agregar derechos y debilitar controles institucionales contramayoritarios (como el control preventivo del TC y el quórum especial). Eso puede ser un problema: las constituciones suelen ser tierra fértil para hacer promesas que nunca se cumplen porque son solo declaraciones. La igualdad de remuneraciones entre hombres y mujeres es un buen ejemplo: una noble aspiración que poco tiene que ver con la constitución. En cambio, las reglas e instituciones son las más eficaces para generar efectos concretos en la política y el bienestar. Por eso debilitar estas últimas es una mala noticia. Ya veremos si el detalle de la propuesta confirma las dudas.

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