Gonzalo Cordero

Gonzalo Cordero

Abogado

Opinión

Imperialismo

Ricardo Palma Salamanca.

Ricardo Palma Salamanca no es un imputado, ni el presunto autor del homicidio del senador Jaime Guzmán, además de otros gravísimos delitos. Es autor material, condenado judicialmente y prófugo de la justicia chilena, por cuanto se fugó de la cárcel de alta seguridad. Por esto, la actitud que asuma el Estado francés respecto de él no es un tema particular que afecte a las víctimas de sus delitos y sus familias, pues ellos recibieron la reparación moral que importa la condena -aunque no esté cumplida- sino que está en juego el respeto que Francia debe a un Estado soberano, con un sistema democrático que poco tiene que envidiar a los países del primer mundo.

El crimen del senador Guzmán se cometió en democracia, la investigación, el proceso y la condena se produjeron en estas circunstancias; más aún, bajo gobiernos de signo político contrario al de la víctima. El condenado tuvo las garantías de un debido proceso y su fuga es la mejor demostración de su desprecio por el estado de derecho, así como de su pertenencia a una organización criminal.

Estamos frente a una causa nacional: la defensa de nuestra soberanía. Por cierto, no invoco el concepto de soberanía en un sentido patriotrero, ni tampoco pretendo sugerir que por la identidad de la víctima esta sería una causa de mayor envergadura. Por el contrario, está en juego nuestra soberanía, porque con total independencia de las víctimas de los distintos delitos cometidos por el prófugo, de lo que se trata aquí es del reconocimiento que un país desarrollado, poderoso, de larga y sólida historia institucional, dará a las resoluciones de nuestras instituciones republicanas, respecto de delitos cometidos en nuestro territorio, entre nacionales de nuestro país.

Así, amparar al prófugo sería un acto de desprecio total a nuestras instituciones y a nuestro ordenamiento jurídico, desprecio para el que no podría invocarse ninguna circunstancia excepcional. Eso en palabras simples y concretas sería un acto brutal de imperialismo en pleno siglo XXI, incomprensible proviniendo de Francia, un país que ha sido cuna del liberalismo y, por ende, del sistema de libertades políticas que puso fin al antiguo régimen en que no había igualdad ante la ley, ni menos un orden internacional en que se presume la igual soberanía de los estados democráticos.

En este sentido la reacción del gobierno de Chile, y particularmente de nuestro canciller, me ha parecido impecable, reivindicando nuestra autonomía y la respetabilidad que merecemos en al ámbito internacional. Los latinoamericanos estamos acostumbrados a tener cierta sensibilidad respecto del trato que nos prodiga Estados Unidos, este episodio nos recuerda que para ser imperialista no se requieren unas botas vaqueras y un sombrero texano, también es posible serlo desde los cafés de París.

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