Dr. Mario Prades

Dr. Mario Prades

Académico Licenciatura en Historia Universidad Andrés Bello

Opinión

La carta de Francisco: ¿Cuestión de comunicación?

Pope Francis gestures during the Wednesday general audience in Saint Peter's square at the Vatican, April 11, 2018. REUTERS/Remo Casilli POPE-GENERALAUDIENCE/

La ya famosa carta del papa Francisco a los obispos chilenos ha desatado una ola de rumores y especulaciones sobre los cambios que el Pontífice realizará en la Iglesia de Chile, una vez que se reúna en Roma con algunas de las víctimas de Fernando Karadima, a finales de mes, y con los obispos chilenos, en mayo.

¿Qué ha cambiado respecto aquellas desafortunadas declaraciones de hace unos meses, en las que el Papa tildaba de “calumnias” las acusaciones contra Barros? El informe elaborado por el obispo de Malta, Charles Scicluna, parece haber sido definitivo y aclaratorio a ojos de Bergoglio.

En su carta Francisco afirma que ha incurrido en “graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”. Con esta frase puso en entredicho a los prelados que serían responsables de desinformar al Pontífice: el obispo José Barros; el nuncio apostólico, Ivo Scapolo; el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati; y el cardenal Francisco Javier Errázuriz.

La cuestión no es menor. La información es uno de los bienes más preciados en esta sociedad global, pues permite acceder al conocimiento y con él, a mayor poder. En este caso, el poder para cambiar la situación actual de la Iglesia chilena.

Por eso, si Francisco busca, como expresa en su carta, “reparar en lo posible el escándalo y restablecer justicia”, no basta con destituir a algunos de los implicados en este asunto, es necesario mejorar el acceso a una compleja red de información, sin trabas ni deformaciones. Limitarse a sustituir algunos de los nodos de esa red podría no ser suficiente, se requiere un cambio sistémico. Un buen inicio sería mejorar la transparencia y el acceso público a la información relativa a este tipo de casos, un bien encaminado a “restablecer la confianza rota por nuestros errores y pecados”, tal como pretende Bergoglio.

El auge de neologismos como “fake news” y “pos verdad” dan cuenta de cómo, en la era de la información, estamos más desinformados que nunca. La opacidad, el secreto y la simulación no pueden formar parte del modo de hacer de la Iglesia. Para restablecer la confianza es necesario garantizar los canales de comunicación con una comunidad católica cada vez más mermada. Es cuestión de supervivencia.

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