José Miguel Serrano

José Miguel Serrano

Opinión

La fragilidad de la vida moderna (o la tiranía de los grandes números)

Jornada de rendición de la prueba de Lenguaje, el pasado 26 de noviembre.

La vida moderna se ha transformado en una frenética carrera en la que se trabaja o estudia, se entablan relaciones personales y sentimentales, se abordan múltiples proyectos, pero rara vez hay tiempo para dedicarse a uno mismo, para tratar de ser mejores personas. Y quienes se ven mayormente afectados por este vacío interno son los más frágiles, es decir, los jóvenes; esa juventud que a menudo se encuentra a la deriva.

Es cierto que necesitamos de algunas cosas y bienes para poder vivir con dignidad. Es  la aspiración de prácticamente todos los humanos. Pero los objetos solo nos acompañan por un tiempo, luego envejecen y se desvanecen. En cambio, nuestro ser interior estará con nosotros durante toda la existencia. De su desarrollo depende la verdadera felicidad, no de la mera acumulación de riqueza material. Dedicando más tiempo a conocernos y cultivar nuestra personalidad, seremos capaces de mejorar muchos aspectos de la vida exterior.

El filósofo griego Sócrates decía “conócete a ti mismo”, para así poder llegar a tener una mejor relación con el mundo que nos rodea. Y partía por el inicio de todo, por nuestro propio ser. Las cosas, los objetos, quedaban relegados a un segundo plano. Es que la filosofía, esa actividad natural en el individuo de preguntarse y buscar la sabiduría que le falta, es la clave que nos ayuda a identificar nuestras capacidades, debilidades y acervo humano. Es esencial para elegir nuestro destino y no dejarnos arrastrar por las circunstancias, aún en aquellos casos en que los hechos aparentan ser muy positivos y alentadores, pero que ante un mayor escrutinio puede que no sean ni lo uno ni lo otro. Es también lo que está ausente en la educación de adultos y gente joven de Chile, y que se ve reflejado en las altísimas tasas de suicidio y depresión existentes en el país. Hay un vacío que no se logra llenar con la sola acumulación de posesiones y patrimonio.

El esfuerzo interior es lo que nos enriquece y nos hace ser mejores. No se necesita tener ingentes cantidades de dinero para lograr esto, y a menudo el exceso de bienes nos transforma en seres fríos y poco solidarios. En cambio, es forzoso estudiar y estudiarse, estar siempre alerta y concentrado, despreciar lo material y menospreciar las tentaciones.

Pareciera que en la vida moderna ya no importaran los contenidos, sino la relación de éstos con el mundo externo, su interpretación material y el aprendizaje mecánico de cómo tomar decisiones. Igualmente, en la educación formal se siguen introduciendo asignaturas a mansalva en el cerebro de niñas, niños y adolescentes, mientras que los exámenes son meros concursos de preguntas y respuestas, donde no se entregan  explicaciones del por qué de las cosas. Estamos produciendo verdaderas máquinas vacías, impasibles, que llegan al mundo real solo a producir y consumir, en lo que he denominado como “la tiranía de los grandes números”. ¿Es este el legado que pretendemos dejarle a la juventud de nuestro país?

 

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