Carlos Ominami

Carlos Ominami

Economista

Opinión

La juventud no es una virtud


El elogio a la juventud está a la moda. Ella se asocia a libertad, innovación, progreso , nuevas ideas. Lo viejo se asimila a conservador y reaccionario. En tiempos de indignacion, como define a los actuales Daniel Innerarity, es en la política en donde la lucha generacional resulta especialmente intensa. Frente a las díficultades de la política y los políticos para responder a la multiplicación de nuevas demandas, adquiere gran fuerza el llamado a “que se vayan todos” y a “abrir paso a los jóvenes”. A menudo, estos se presentan como los portadores de las nuevas y buenas prácticas frente a los deslices y tropiezos de los mayores. El clientelismo , la corrupción o la pérdida de convicciones aparecen con rostro de viejo.

En los debates que la izquierda tiene por delante el factor generacional ocupa un lugar central. La irrupción del Frente Amplio así lo demuestra. Salvo contadas excepciones, sus principales dirigentes y parlamentarios son todos sub 40. Constituyen sin dudas un gran aporte, especialmente en condiciones en que predominan la apatía y la desconfianza hacia la política en amplios sectores de la juventud.
“Me gustan los estudiantes porque son la levadura del pan que saldrá del horno …”como cantaba Violeta Parra. Admiro la rebeldía y el coraje de muchas y muchos jóvenes. Pero , no hay que idealizarlos. La juventud es una condición; no es una virtud.

El talentoso Ingmar Bergman sostenía que “envejecer es como escalar una gran montaña:mientras se sube las fuerzas disminuyen pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Probablemente exageraba. La gerontocracia no fue ni es una gran forma de gobierno. La antigua URSS lo vivió dramáticamente en carne propia. Pero, los países no pueden ser tampoco gobernados por “estudiantes en práctica” que demuestran a veces una ignorancia solo a la altura de su soberbia.

La juventud no puede ser un argumento. Ni a favor ni en contra. Hay viejos que hace mucho tiempo que debieran haber dado un paso al costado porque llevan años en la curva de rendimientos decrecientes. Pero, hay también jóvenes que tienen todas las mañas de los viejos y pocos o ninguno de los atributos que se supone son propios de los jóvenes. Las juventudes de los partidos políticos han sido prolíficas en la generación de estos viejos chicos.

Lo que verdaderamente importa es la actitud. Hay que apartar a la vejez, esa que no se define por edad sino por la falta de metas y esperanzas. Las arrugas de la piel no son nada frente a las arrugas de los sueños o los ideales.
Soy culpable de tener 67 años y haber sobrevivido al vendaval que azotó Chile a partir del golpe de septiembre del 73. Muchos de los míos no vivieron para contarlo. En la política, he sido ministro y senador. No soy hoy día candidato a nada. Aspiro sí a ser parte del esfuerzo para construir un país mejor. Para ello es imprescindible contar con una fuerza progresista que concrete un gran pendiente de la izquierda democrática: la construcción de su casa común. Tarea difícil que requiere superar décadas de desencuentros, divisiones, sectarismos y malos entendidos. En esto no sobra nadie. Aspiro a participar de este esfuerzo, sin galones ni complejos..

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