La Tercera

La mujer del campo

Si bien en Chile la historia es larga con respecto al reconocimiento de la igualdad civil, comercial y política femenina, esas conquistas no se condicen con la igualdad de su trabajo.


8 de marzo y en Chile, como en varios otros países, se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Esta fecha fue institucionalizada en 1975 por la ONU para visibilizar la lucha femenina por participar en sociedades democráticas en igualdad de condiciones con los hombres. La pregunta que surge es por qué es necesario contar con un día especial para las mujeres. Para algunos puede parecer contradictorio con el actual discurso reivindicativo sobre la igualdad de géneros. Se podría pensar que si hombres y mujeres deben ser iguales en derechos y deberes, oportunidades y salarios, tal como lo estamos discutiendo en la actualidad, por qué no existe un Día Internacional del Hombre. Y, en efecto, lo hay. Sin embargo, fue establecido dos décadas más tarde, aunque relacionado con temáticas de salud y con escaso reconocimiento mundial.

La importancia de este día de la Mujer es relevar el debate sobre un tema pendiente vinculado a las condiciones de las mujeres trabajadoras en sociedades industriales y, agregaría, sociedades contractuales. De hecho, la fecha rememora el fallecimiento de más de un centenar de ellas en una fábrica textil en Nueva York un 8 de marzo de 1911. Ad portas de la Primera Guerra Mundial las demandas fueron por la paz, el derecho a sufragio universal, a lo que luego se agregó el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral. Si bien en Chile la historia es larga con respecto al reconocimiento de la igualdad civil, comercial y política femenina, esas conquistas no se condicen con la igualdad de su trabajo. Este año, en específico, la conmemoración gira en torno a las trabajadoras rurales y sorprende su pertinencia para nuestro país porque tanto las mujeres como el campo han sido preocupaciones tardías en las políticas públicas. De hecho, la historia revela que el campo fue segregado debido al muro infranqueable que representaba el patrón de asentamiento rural de la mayoría de la población hasta muy entrado el siglo XX. En parte, también, porque la estructura de su mano de obra no especializada y estacional, sin acceso a contratos permanentes, dificultó su incorporación a las políticas sociales y el acceso a créditos para apoyar sus emprendimientos.

Hay muchas razones para detenerse este 8 de marzo a pensar en las mujeres, y en particular, en las trabajadoras rurales. A pocos días de la asunción de un nuevo gobierno, urge presionar por su incorporación entre las prioridades reales del Estado.