Claudia Sanhueza

Claudia Sanhueza

Economista

Opinión

“La” oposición


En estos momentos no existe un proyecto político que incluya a la ex Nueva Mayoría y el Frente Amplio, y en ese escenario vale la pena preguntarse: ¿Por qué quienes están en la oposición no son “la” oposición? El Frente Amplio no está en el espectro político por arte de magia, sino que es el resultado de determinantes que hicieron esto posible. Como dicen los economistas, es endógeno, o se origina en virtud de causas internas.

Uno de esos determinantes fue la creciente inhabilidad de los partidos tradicionales de centroizquierda de convocar a su electorado. Mientras en 1990 un 44,2% de las personas en edad de votar, votó por la ex Concertación, en 2017 solamente un 22,7% lo hizo. Mientras en 1990 un 19,8% de quienes tenían en edad de votar, no lo hizo, en 2017 un 50,1% no lo hizo. En ese mismo periodo la derecha prácticamente mantuvo su tradicional tercio, es decir, no perdió a sus electores, pero tampoco ganó nuevos. Fue la ex Concertación la que lo hizo. El voto voluntario tiene algo de responsabilidad en este sesgo de participación, pero no la única, y su existencia es parte de esa misma inhabilidad.

Algo similar ha sucedido en otros países. Los partidos que tradicionalmente habían representado los valores de la centroizquierda, renunciaron a éstos, y perdieron. Renunciaron en tres ámbitos que llamaría fundamentales. Primero, renunciaron a la ética en política, eso para la derecha no tiene costo. Quienes votan por ellos no esperan una gran distancia entre la elite económica y la elite política. Pero para quienes pregonan luchar por una sociedad más justa, sí. Para el electorado de centroizquierda es importante que su elite política represente a los menos aventajados, a los menos poderosos.

Segundo, renunciaron a sus convicciones políticas, en un momento en que muchos ya no respaldan demandas fundamentales de las organizaciones sociales como la agenda de derechos sociales o la agenda de una sociedad en donde se distribuyan los beneficios económicos. Se llamaron a sí mismos socialdemócratas aun cuando para llegar a esa socialdemocracia habría que haber empezado por organizar a quienes hicieron posible su existencia en el mundo, esto es, la ciudadanía organizada en sindicatos, juntas vecinales y otras organizaciones sociales.

Tercero, renunciaron a la democracia porque creyeron que acuerdos cerrados entre “expertos”, sin participación ciudadana, era la forma de hacer política y con ello desconocieron, como lo señala Chantal Mouffe, que la confrontación de ideas es la condición misma de la existencia de democracia: una política democrática debe tener espacios para que haya un claro contraste y que la ciudadanía tengan la opción de elegir entre alternativas realmente distintas.

“La” oposición debe hacer ahora ese claro contraste y no puede ir de la mano de quienes renunciaron a él. Tendrá que ser el Frente Amplio quien sí lo haga con claridad.

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