María de los Ángeles Fernández

María de los Ángeles Fernández

Cientista política

Opinión

La última presidencia

La Presidenta de la República, Michelle Bachelet. Foto: Archivo / Aton

La normalidad con que la Presidenta Michelle Bachelet ha retomado sus actividades oficiales, luego del receso estival, contrasta con algo que resultará extraño. Cuando entregue la banda presidencial por segunda vez a Sebastián Piñera se constituirá, al mismo tiempo, en la última presidenta de América Latina clausurando, con ello, una era en la región. El ciclo electoral que se avecina, con 14 países con elecciones en un plazo de tan solo dos años y que anticipa un vuelco a la derecha, no contempla candidatas competitivas en sus comicios presidenciales.

En los últimos 40 años, el continente logró tener 10 presidentas, coincidiendo cuatro de ellas tan solo en la última década. Junto a la Presidenta chilena, Dilma Rousseff en Brasil, Cristina Fernández de Kichner en Argentina y Laura Chinchilla en Costa Rica, constituyeron un fenómeno llamativo en un mundo donde las mujeres que dirigen países alcanzan apenas un 10%. Las tres primeras terminaron gobernando sobre una porción significativa de la población y la economía de Sudamérica, alcanzando un segundo mandato solo interrumpido en el caso de Rousseff.

Tal situación proporciona un momento idóneo para realizar proyecciones, pero también balances. ¿Cuánto se ha podido avanzar en una mayor igualdad de género? La pregunta es tanto o más pertinente en medio del momento #Metoo. América Latina está considerada como la región más desigual del mundo y con los mayores niveles de violencia de género fuera de los contextos de guerra. Exhibe solamente un país, Nicaragua, dentro de los 10 primeros del reporte de igualdad de género del Foro Económico Mundial que, para 2017, reportó un retroceso en el mundo ya que la brecha entre hombres y mujeres pasó de 31,7% a 32%. Ya ese mismo año, ONU Mujeres alertó en “El progreso de las mujeres en América Latina y el Caribe” que la desaceleración económica, junto con la polarización social, y la desconfianza en los gobiernos -con crisis políticas incluidas- constituían una encrucijada que podía poner en cuestión los avances logrados, sobre todo en materia de un empoderamiento económico desafiado por persistentes obstáculos y brechas.

Las experiencias de las presidentas han permitido entender que el género es una variable políticamente relevante. Sin embargo, la expectativa de su impacto simbólico se encuentra con un paisaje político sin futuros relevos femeninos a nivel del poder ejecutivo, incluso en casos como el de Bachelet, la más asociada a la defensa de los derechos de las mujeres. Por el contrario, en Europa, una Angela Merkel, que nunca ha reivindicado para sí el feminismo, opera tal como lo hacen los hombres: prepara su sucesión, sí, pero en hombros femeninos. Nada menos que en Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK), su favorita para sucederla a la cabeza de la CDU y a quien muchos ya denominan “mini Merkel”.

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